Michael Haneke y el amor

El cineasta austriaco afincado en Francia Michael Haneke ha logrado un nuevo triunfo internacional con su último lanzamiento, “Amor” (“Amour”), que tras obtener la Palma de Oro -segunda en su carrera- en el Festival de Cannes ahora es la favorita para el Oscar extranjero. Tambien obtuvo el Globo de oro. El veterano autor habla de amor, ancianidad y muerte en este drama protagonizado por dos espléndidos actores, Jean-Louis Trintignant y Emmanuelle Riva. En esta entrevista de Le Film Français difundida por la distribuidora Golem, Haneke habla de su película y el compromiso de los protagonistas.

| 19 enero 2013 12:01 AM | Cine | 1.3k Lecturas
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–¿Por qué le apetecía hablar de amor?
–Quise hablar del fin del amor, del modo en que se reacciona ante el sufrimiento unido a la pérdida de una persona amada. Es una situación a la que todos acabaremos enfrentándonos en un momento de nuestra vida. He pasado y sigo pasando por situaciones comparables, aunque no sean idénticas a la que se describe en la película. Además, tengo 70 años, por lo que me veo obligado a mirar la posibilidad de frente. Se habla de lo que se conoce y me inspiré en lo que sabía. Las personas de 30 años hablan del amor que nace, y yo, del amor que se acaba.

–Después de “La cinta blanca”, rodada en alemán y en Alemania, regresa a Francia. ¿Por qué rodar en este país y no en otro?
–Hace tiempo que quería hacer una película con Jean-Louis Trintignant. Por eso escribí el guion de “Amor” y lo rodé en Francia. Fue el mismo proceso que en “Caché-Escondido / El observador oculto”, quise escribir un papel para Daniel Auteuil y acabé escribiendo una historia que solo podía transcurrir en Francia porque estaba arraigada en la historia del país. Además, necesitaba dos actores fuera de serie. Un intimismo semejante entre dos personas no puede funcionar con cualquiera. Son cosas muy difíciles de interpretar.

–¿Escribe a menudo pensando en actores?
–Digamos que a veces ocurre, y en ese caso me facilita la tarea porque sé hasta dónde puedo llegar, qué límites no debo superar. Por ejemplo, no habría podido hacer “Funny Games” sin la actriz Suzanne Lothar. Un papel que exigía semejante compromiso solo era posible si conocía muy bien a la actriz, por si se complicaba la situación durante el rodaje.

–¿Cuándo pensó en Emmanuelle Riva para hacer de esposa de Jean-Louis Trintignant?
–Una vez acabado el guion. La conocía por su papel en “Hiroshima mon amour”, que me conmovió cuando se estrenó, pero no había seguido su carrera al no vivir en Francia. Recuperé su imagen cuando empecé a buscar una intérprete capaz de dar la réplica a Jean-Louis Trintignant. Le hice una prueba. Es un papel que habría podido hacer Annie Girardot en otra época.

–Escogió a Isabelle Huppert para hacer de hija de la pareja de ancianos…
–Isabelle es una amiga; estamos acostumbrados a trabajar juntos. Habría sido tonto por mi parte contratar a otra actriz, sobre todo porque es perfecta para el papel, aunque no sea el más importante de la película. Sospecho que aceptó para complacerme, y se lo agradezco.

–¿Tiene la sensación de que hubo un antes y un después de su primera “Palma de Oro”?
–No creo que la Palma de Oro cambiara mi imagen, pero puede que ahora sea más fácil encontrar financiación. Los inversores tienen la impresión de arriesgarse menos. De hecho, los premios sirven sobre todo para mejorar las condiciones de trabajo de los autores. Mejor eso que ver los guiones cubriéndose de polvo en una estantería.

–¿Cree que se espera más de usted ahora que antes?
–Siempre ocurre después de un éxito, pero también pasa en cualquier otro momento. Al principio hay que demostrar quiénes somos; luego, confirmarlo y, finalmente, no decepcionar nunca. Un realizador siempre tiene ganas de dar lo mejor de sí mismo. En otras palabras, el estrés nunca disminuye después de la primera película.

–Ha sido usted fiel a Cannes durante años, ¿no le apetece ir a otros festivales?
–Siempre me apetece presentar una película en Cannes simplemente porque es el mejor festival del mundo. Ser seleccionado es un honor. Vine por primera vez a la Sección Oficial con “Funny Games”, en 1997, y he vuelto con todas mis películas, a excepción de “Temps du loup”, que presentamos fuera de concurso porque Patrice Chéreau no podía ser a la vez el presidente del jurado y haber trabajado en la película.


Por Ronald Portocarrero


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