Luis Puenzo: 28 años después

El tiempo corre como el viento. Cada día que pasa es nuevo pero ya pasó y el hoy mismo se transforma en ayer. Hace la friolera de 28 años que Luis Puenzo ganó el Oscar a la mejor película extranjera por “La Historia oficial”, una de la películas que nadie debería dejar de ver. Es quizá una de las 10 mejores películas latinoamericanas. Luego de ganar el famoso premio Puenzo filma en Estados Unidos “Gringo viejo” con dos megaestrellas: Gregory Peck y Jane Fonda. En esta entrevista, Puenzo rememora su experiencia.

| 22 octubre 2011 12:10 AM | Cine | 1.9k Lecturas
Luis Puenzo: 28 años después 1975

--- Ha vuelto a ver “La historia oficial?
---Ver La historia oficial de nuevo, con gente que ya la vio, con chicos que la ven por primera vez, es muy fuerte. Me pasaron muchas cosas con esta película, que ya es indisoluble de mi historia, de mi vida.

-- ¿Cómo ve los abordajes posteriores que sobre el tema ha realizado el cine argentino?
--- Una vez me dijo “Coco” Blaustein, quien ha realizado Botín de guerra, además de producir otros documentales, que según su estadística se hicieron más de 160 películas, durante estos años, sobre el tema. Me parece que mientras el cine se dedicó a reflexionar, otros sectores de la Argentina intentaron no hacerlo. Y toda reflexión viene bien, desde todo punto de vista, desde el lugar que a cada uno le tocó vivir. En el caso de La historia oficial, con Aída Bortnik (guionista) lo teníamos muy claro. Cuando escribimos el guion, fue en tiempo real. La acción transcurre en el ‘83 y nosotros estábamos escribiendo en el mismo año. Nos decíamos que teníamos que hacer de cuenta que habían pasado quince años. Ingenuamente, pensábamos que con quince años bastaba para que la Argentina hubiera cambiado, pero ya pasaron veinticinco y, obviamente, nos quedamos muy cortos. La Argentina cambió muchísimo menos de lo que creíamos. También se reflexionó muchísimo menos. Cuando para La historia oficial se nos ocurrió incluir “En el país de nomeacuerdo”, de María Elena Walsh, el tema musical adquirió una connotación política a partir de lo de “un pasito para adelante, un pasito para atrás”. Nosotros, como sociedad, dimos montones de pasitos para adelante y para atrás. La Leyes de Obediencia Debida y Punto Final, los indultos, fueron los pasos para atrás. Pero en el balance, sin embargo, somos el país que más profundamente revisó el genocidio que tuvo y el que probablemente más castigó a sus genocidas.

-- Ya no es el único ganador del premio Oscar, aunque sí el primero. El Oscar debe haberle supuesto un panorama novedoso. ¿Cómo se sintió en aquél momento?
-- El Oscar lo que permite es que tengas una chapita, un sello, que posibilita grandes presupuestos. Ésa es la única diferencia que hace. Yo venía de hacer La historia oficial con 460 mil dólares, una película cara para Argentina, y Gringo viejo costó 25 millones de dólares. En Gringo entré primero como guionista, porque el director iba a ser Sidney Pollack. Era raro que yo pudiera llegar a dirigirla, pero llegué porque a Jane Fonda le gustó la historia. Pero esto fue antes del Oscar, antes de ganar. En realidad, desayuné con Jane Fonda y esa noche ganamos el Golden Globe, y le ganamos a Ran, de Kurosawa, que por suerte no estaba nominada para los Oscar porque, la que tenía que ganar, era Ran. La posibilidad de dirigir Gringo viejo surgió no por el premio, sino por la carrera de La historia oficial. Sí después de haber ganado el Oscar fue posible que Jane Fonda me propusiera como director de una película de esa envergadura y que la Columbia aceptara. Esa es la diferencia central: a qué nivel de presupuesto puedes acceder, algo que no siempre es una ventaja.

-- Imagino la cantidad de responsabilidades ante tales presupuestos. ¿Cómo sobrevivió al trabajo en Hollywood?
-- Yo la pasé bien. Me sirvió, me interesó, aprendí. Tuvimos un momento idílico con David Puttnam, de la Columbia, pero lo rajaron antes de que entráramos al rodaje. La Coca Cola, que era la dueña de la Columbia, lo echó. Yo estaba ahí como parte de las películas que Puttnam quería hacer. Él quería llevar a Szabó, a Kurosawa, a una cantidad de directores europeos de la época, y yo entré a ese grupo. No llegaron a filmar Kusturica ni Szabó, sí Terry Gilliam, pero después cambió la administración. Cuando yo termino el primer corte, me dicen que las películas con protagonistas viejos ya no iban más, y yo tenía una película que se llamaba Gringo viejo y protagonizada por Gregory Peck. Y me explicaron que la película tenía que ser sobre la relación de amor entre el general Arroyo (Jimmy Smits) y la maestra (Jane Fonda), que estaban juntos en dos escenas de la película. Yo dije “vamos a filmar de nuevo”, “no, no, con lo que hay”, me dijeron. Pero como yo había hecho muchos años de publicidad, estaba acostumbrado a esto. Me dieron a elegir, muy cortésmente, si irme o quedarme, y que el trabajo lo hiciera otro; entonces me quedé, lo hice, y cambié toda la película con el montaje. A Gringo yo la quiero mucho igual, pero era mucho mejor película tal como estaba escrita. Sin embargo, no reniego de esa experiencia, ellos nunca me habían prometido otra cosa. Cuando uno firma para una película de esa envergadura sabe que le está vendiendo el alma al diablo, eso es así, es parte del juego.


Ronald Portocarrero
Redacción


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