Luis Figueroa en la memoria

Luis Figueroa Yabar es el último cineasta cusqueño del histórico grupo que marcó una esperanza sobre un cine de raíces andinas y mostraría a través de documentales y largometrajes una presencia gravitante en la cultura peruana.

| 24 marzo 2012 12:03 AM | Cine | 2.5k Lecturas
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La mañana del 18 de junio falleció en Lima, Luis Figueroa Yabar, el último cineasta cusqueño del histórico grupo que marcó una esperanza sobre un cine de raíces andinas y mostraría a través de documentales y largometrajes, una presencia gravitante en la cultura peruana. Conocí a Lucho en 1970, antes de realizar su segundo largometraje “Los Perros Hambrientos” y desde entonces, compartimos amistad y admiración por el cine. Hagamos memoria de su trayectoria.

En 1955 se inaugura el Foto Cine Club del Cusco, animado por un grupo de intelectuales y artistas que provenían de la fotografía, como los hermanos Chambi, hijos del mítico Martín Chambi o de la pintura, como Luis Figueroa, hijo de un notable fotógrafo cusqueño, Luis Figueria Aznar y contemporáneo de los Chambi y de Eulogio Nishiyama, también fotógrafo.

Con un proyector 16 mm. iniciaron sus actividades viendo películas francesas y rusas. Creo que la primera vez que se vio “El Acorazado Potemkine” de Einsenstein en el Perú, fue justamente en las sesiones de la agrupación cusqueña. En la ilusión y la efervescencia de cada jornada estaba presente la idea de hacer cine. Y lo hicieron. Con una Bolex de 16mm. rodaron fiestas populares, espacios llenos de nieve, documentales antropológicos que por primera vez aparecieron en reluciente tecnicolor. Víctor y Manuel Chambi, con Eulogio y luego con Figueroa y el recién llegado huancaíno César “Huanca” Villanueva, se enfrascaron en dinamizar su producción y sobre todo de exhibirla. Llegaron hasta Italia con “Lucero de Nieve” y “Carnaval de Kanas”, en 1960, donde ganaron un notable premio. Revuelo mediático y reconocimiento en la urbe limeña. Ya en 1957, José María Arguedas promovió la exhibición de los documentales de los hermanos Chambi en Lima. Pero había que pasar la valla de los cortos telúricos y contar una historia de ficción. Así surge el proyecto de “Kukuli” (1961) con la dirección de Luis Figueroa, César Villanueva y la fotografía de Eulogio Nishiyamma.



“Kukuli” produjo una enorme sorpresa en Lima. La discusión acerca de los fueros del indigenismo, surgida en la narrativa peruana, con Clorinda Matto de Turner y luego con Ciro Alegría y José María Arguedas en los años 40 y antes, con la pintura de Sérvulo Gutiérrez, se abrió con nuevos bríos, cuando la modernidad cinematográfica, de la mano de Jean Luc Godard, se empeñaba en destruir las bases del leguaje cinematográfico.

Ahora, a la distancia, luego de las elogiosas apreciaciones de Geoges Sadoul, el gran historiador del cine mundial, que creyó ver “una escuela” de cine cusqueña; “Kukuli” es una película notable en la medida que inauguró un camino hacia adelante. Pero lo que vino después se perdió en medio de celos de autoría y disidencias más personales que artísticas. “Jarawi” de César Villanueva y Eulogio Nishiyama, fue un fracaso en toda la línea. Luego fue el desbande. Sólo Luis Figueroa continuó su trabajo con dos largos más: “Los Perros Hambrientos” (1975) sobre la novela de Ciro Alegría y luego “Yawar Fiesta” (1989), sobre la novela de J.M. Arguedas, además de varios documentales, de los cuales el más notable fue “Chieraje, batalla ritual” que sufrió el veto de la iglesia católica y que fue transformada en un corto por su productor, Juan Barandiarán, para recuperar de alguna manera su inversión. Este documental era notable y descubría la vertiente “verista” de los cineastas cusqueños. Es el caso de la primera película peruana que sufrió la vergüenza de la censura y la vergüenza de su productor.

Víctor y Manuel, murieron tempranamente. Manuel con un largo inconcluso “Los Abigeos”.

Ricardo Bedoya dice en su libro “100 años de cine: una historia crítica” lo siguiente: “Se ha querido presentar a “Kukuli” – y a algunas otras películas de ambientación o referencia campesina – como un discurso autoreferencial y por ende refractario al análisis que no provenga de la previa admisión, comprensión e incluso pertenencia al mundo en que se desarrollan las ficciones”. Esta percepción es elocuente. La estética de Dovjenko y Einsestein están presentes en cada plano de “Kukuli” y de casi todos los documentales de los cineastas cusqueños. El ombligo del mundo, en el caso del cine, es una especie de endocentrismo constante e irrebatible.

Pero el sueño se fue quedando en lo realizado y entre los proyectos inconclusos de Lucho se queda el remontaje de “Chieraje, batalla ritual”. Pero imagino que es muy difícil recuperar secuencias enteras después de la destrucción de los originales. Pero Lucho murió en su ley, en su pasión por el cine y con los sueños renovados por su Cusco de siempre.


Ronald Portocarrero


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