Lo mejor de los estrenos

Baaría **
Hubo una época en la que nombres como Fellini, Visconti, Antonioni y Bertolucci garantizaban la presencia del cine italiano en casi todas las salas del mundo.

| 16 setiembre 2011 12:09 AM | Cine | 1k Lecturas
Lo mejor de los estrenos 1021

Hoy siguen habiendo buenos directores –Bellocchio, Olmi, Moretti- pero el único que es capaz de colocar sus películas en el mercado internacional es Giuseppe Tornatore, el hijo predilecto de la industria –o lo que queda de ella- desde su arrollador éxito con ‘Cinema Paradiso’ (1988). Lo irónico es que la credibilidad artística de Tornatore está seriamente mellada -‘Malena’ (2000) y ‘La Desconocida’ (2006) así lo confirman-, pero el hombre sigue gozando de carta blanca para emprender superproducciones como ‘Baaría’, un fresco histórico que ha costado la friolera de 25 millones de euros. Un presupuesto tan abultado tiene que lucirse en la dirección artística –calles, plazas y ciudades antiguas han sido meticulosamente reconstruidas en estudio-, en el vestuario, en el maquillaje, en las tomas con grúa y en la música de Ennio Morricone. Pero de creatividad artística no queda nada. ‘Baaría’ es un pobre pretexto para lucir las maravillas turísticas de Italia, para convencernos de que sus niños pobres son los más tiernos, de que su pueblo es sentimental y cinéfilo sin remedio, y que la política es lo único para lo que son negados.

Nunca Pudo Decir Adiós *
Incompetente melodrama familiar que resulta un fracaso en todos los departamentos: dirección, guion, música, fotografía, actuaciones. La misma noche que falleció en un choque -en el preciso momento que le declaraba su amor a una chica-, el adolescente Bennett Brewer tuvo sexo por primera y única vez en su vida. En efecto, fue una noche en la que pasaron demasiadas cosas, pero quizás la más importante haya sido la concepción de un bebé. Cuando la novia embarazada (Carey Mulligan) se presenta en la casa de los padres de Bennett y les anuncia que serán abuelos, la reacción de los Brewer dista mucho de ser eufórica. El padre (Pierce Brosnan) está determinado a convertirse en amnésico, mientras que la madre es víctima de una crisis nerviosa que merece ser vista por un especialista. Se supone que sintamos lástima por ambos, pero lo único que queremos es alejarnos de su incómoda presencia. Increíble de que la chica no tema por su integridad física o la de su bebé. Los flashbacks “románticos” son otro golpe bajo.

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