Leonardo Favio vuelve al cine

Evita en su discurso de despedida ante la Plaza de Mayo, posterior al renunciamiento. Cuando está por morir. Cuando dice “si yo no llego a estar, si Dios no me devuelve la salud, cuídenlo”. Eso me parece el discurso más militante. Porque Perón era un filósofo, un grande, un inalcanzable. Tenía veinte cerebros. A uno se le hacía imposible llegar a esas esferas. Pero vos escuchabas a Eva y era tu parte.

| 10 setiembre 2011 12:09 AM | Cine | 4.2k Lecturas
Leonardo Favio vuelve al cine

Más datos

Filmografía

-Aniceto (2008)
-Gatica, “el Mono” (1993)
-Soñar, soñar (1976)
-Nazareno Cruz y el Lobo (1975)
-Juan Moreira (1973)
-El dependiente (1969)
-Éste es el romance del Aniceto y la Francisca, de cómo quedó trunco, comenzó la tristeza y unas pocas cosas más... (1966)
-Crónica de un niño solo (1964)
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En el Festival de Cine Independiente de Villa de Leyva, en Colombia, se rinde homenaje a uno de los cineastas argentinos más importantes de los años 70: Leonardo Favio. Su popularidad como cantante lo sigue hasta la fecha y más aún por sus canciones de amor.

Por considerarlo de interés, reproduzco una entrevista reciente realizada por Martín Piqué al siempre esquivo Favio, quien desde hace muchos años no concede una entrevista.

–En sus películas siempre aparece el tema de lo popular. Su próxima película, la historia de Margarita, como en su momento Soñar, soñar, volverá sobre el tema de los gitanos, las colectividades, el Parque Japonés…

L.F. –Margarita es una realidad en mi vida. Un día yo estaba corriendo en la plaza Las Heras, porque tenía la oficina enfrente. Tenía 40 años. Había retomado el canto después de mucho tiempo, porque tenía contratos en el exterior, y estaba gordo, como estoy ahora. Entonces empecé a correr. Y un día, a la tarde, un grupo de gitanos y gitanas que estaban sentados en el pasto de la plaza, como se sientan ellos, me llaman a los gritos. “¡Che, Favio, vení!” Y cuando me acerco me dicen: “¿Te acordás de Margarita?” Yo casi me muero. A Margarita la había conocido cuando era una criatura. El metejón que me agarré me mataba. Y me contaron: “Ella siempre le decía al marido que el novio eras vos.” Entonces me entero que ella guardaba todos los recortes de las revistas en las que yo aparecía y comencé a trabajar. “Siempre hablaba de vos.” “Se murió el año pasado en el hospital Fernández”, me contaron. Desde ese momento anduvimos llamando a todos lados, buscando datos, recabando información. El apellido era Traiko. Ella era de una familia muy tradicional de gitanos.

–Le pregunté sobre lo popular. ¿Qué es lo popular para usted?

– La gente que yo conozco. Los intelectuales que caminan por la misma vereda de la gente. Los obreros, los trabajadores, los panaderos. La gente. Y después está lo otro, que es el mundo que yo no conozco y que nunca me animaré a contar. Porque no sabría cómo hacerles colocar los cubiertos sobre la mesa. Las familias muy poderosas. Lo popular, en cambio, es la gente, la que transita.

–En el cine, sin embargo, hay un misterio, una exigencia de la escena, de la imagen, de la poesía, que no se reduzca el mensaje a una posición ideológica previa.

–Claro. Yo no hago cine peronista. Yo soy un director de cine que además es peronista. Haga la película que haga, en algo tiene que demostrarse que hay amor. En algo. Porque yo no me puedo alejar de mi naturaleza. Luchar contra la naturaleza es imposible.

–¿Cómo definiría la historia de Aniceto, sus dos mujeres y el gallo negro de riña? ¿Es una “fábula moral”, por el tema de la lealtad y la traición, por la pasión sexual por Lucía y el amor casi de niña de Francisca?

–La pasión te desborda. No tenés control. Creo se lo escuché decir ayer a Chávez. Y la pasión es dolor. Es un camino de dolor. En la historia, Aniceto tiene una obsesión tal con la Lucía, una ceguera tan grande, que no alcanza ver, o ya perdió el interés, por la inocencia de la chiquilina (por Francisca). Entonces se le cae el mundo. Y no hay nada que se compare al dolor de lo de Lucía. Nada.

–Otro de los grandes temas de su obra es el peronismo. Viendo las últimas escenas de Sinfonía del Sentimiento, esa despedida de Perón, quería preguntarle qué escenas, qué imágenes de su cine, resumen lo que significa el peronismo.

–Evita en su discurso de despedida ante la Plaza de Mayo, posterior al renunciamiento. Cuando está por morir. Cuando dice “si yo no llego a estar, si Dios no me devuelve la salud, cuídenlo”. Eso me parece el discurso más militante. Porque Perón era un filósofo, un grande, un inalcanzable. Tenía veinte cerebros. A uno se le hacía imposible llegar a esas esferas. Pero vos escuchabas a Eva y era tu parte.

–¿Qué escena elegiría de sus películas para retratar al peronismo?

–La reunión de Gatica con Perón y Evita en la cama. Porque Gatica es la síntesis del pueblo. Y está al lado de los dos. Entonces se turba y no sabe como reaccionar frente a esa imagen de Perón y Evita en la cama. Y Perón se lleva un dedo a la boca y le dice “shhhh”. Le pide silencio. Está más allá. Yo diría que ésa es una escena peronista.

Si usted tuviera que mencionar directores que han sido puntales en su filmografía ¿Quiénes son?

-Obviamente, Orson Welles. Es único e irrepetible. Ni siquiera él se pudo repetir. Y acá hubo gente muy talentosa. David Kohon, que está olvidado. Y ahora hay cineastas maravillosos, como Jorge Gaggero, el de Cama Adentro o Vida en Falcon, que es un monstruo. Después, los de El Hombre de al Lado de Mariano Cohn y Gastón Duprat.


Ronald Portocarrero
Redacción


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