Las sorpresas en el Festival de cine de La Habana

Más de lo humano que de lo divino trata esta nueva propuesta del italiano Nani Moretti donde se siente con mayor intensidad lo que de carne y hueso -léase debilidad, flaqueza y duda- hay tras las pompas y el granate de una curia que, de lejos, pareciera inaccesible y férrea; excelentes chistes (como aquel del “vicario” agitando desde la habitación las cortinas para que todos crean se trata del sumo pontífice).

| 15 diciembre 2012 12:12 AM | Cine | 560 Lecturas
Las sorpresas en el Festival de cine de La Habana 560

Quisiéramos estar ahí, ver todas las películas posibles en el corto tiempo del Festival de cine de La Lahana. Como el tiempo apremia, reproducimos la nota de Frank Padrón publicada en el portal de NOTICINE.

“El molino del tiempo / El molino y la cruz” (2011), film polaco de Lech Majewski, es uno de los grandes títulos que ha pasado por el festival; basado en la obra Cristo cargando la cruz, del pintor flamenco Pieter Brueghel “El viejo”, resulta admirable la manera en que se funden los lenguajes pictórico y fílmico (algo ya intentado, como se sabe, con no menos éxito por el inglés Peter Greenaway) en una recreación donde dirección artística, fotografía y reconstrucción epocal portan responsabilidades mayores.

Un provechoso intercambio, una verdadera ósmosis entre plástica y cine se logró cuando el director mismo pintó los decorados mientras esa nueva técnica (tan maldita como admirada) que implica lo digital, permitió a los actores integrarse al mundo del pintor… El resultado es un texto que nos recuerda cómo el arte es uno solo, que la continuidad y la integración son posibles cuando el talento ejecuta y manda, que los códigos inter-lingüísticos pueden fusionarse a favor de una sumatoria enriquecedora y singular, tal el caso de esta reflexión donde, más allá de las aludidas excelencias visuales, se discursa sobre el cristianismo, su huella en el arte (y viceversa), la vida y el más allá, lo terrenal y lo divino con diversidad de enfoques y miradas; con una preciosa música acorde al ambiente, y un elenco internacional (Rutger Hauer, Michael York, Charlotte Rampling, Joanan Litwin…).

“Elena” (2011, Andrey Zvyagintsev) presenta un matrimonio de adultos mayores que posee caracteres y procedencias muy diferentes, aunque tienen en común hijos de anteriores uniones, ambos poco merecedores del cariño (p)materno. El muy respetado autor de El retorno nos muestra un cuadro desconcertante de la “nueva Rusia”, con sentimientos mediatizados, mal entendidos afectos familiares (con el “vale todo” incluido o el no menos insostenible “fin que justifica los medios”), apego a veces irracional al dinero y las posesiones, dentro de un film que no ahorra un minuto de metraje en pos de ofrecer un relato pormenorizado y rico en detalles, dentro del cual, sin embargo, nada sobra... Caracteres reciamente diseñados, los cuales exigen (algo que afortunadamente se logró) complementarios desempeños (Nadeszhda Markina y Andrey Smirnov en primerísimo lugar, seguidos por la díscola hija de él, proyectada brillantemente por Elena Lyadova) nos regala este desgarrador drama donde el director y coguionista se abstiene de juzgar: nos presenta de manera distanciada las actitudes para que tratemos, cuánto más, de entenderlas: en cuestiones éticas son difíciles los juicios de valor; menos, en asuntos estéticos, y por ello, no cuesta decir que estamos ante un film excelente.

Otra de por allá, “Fausto”, versión rusa del eterno mito goethiano, bien distante de una “lectura” fidedigna y literal ha resultado otra de las gratas sorpresas que depara el Panorama Contemporáneo Internacional. El director Alexander Sokurov mezcla a los conocidos temas del clásico (el anhelo por la juventud y la vida eternas, el amor que deshace maleficios, el alma que se vende al diablo…) otras reflexiones en torno a la codicia, la lujuria y la manipulación en una cinta multitonal que une atisbos trágicos a una corrosiva ironía, propuestas de alta filosofía a comicidad ligera, absurdo y gravedad, mas todo con una admirable cohesión y perfección... Trascendió, amén de las aludidas virtudes, la excelente reconstrucción de época, y notabilísimos efectos especiales que demuestran cómo estos también pueden ponerse en función de relatos serios y elevados. Anton Adasinski, como ese maligno más cercano a los sátiros paganos que a la legendaria figura bíblica, logra una actuación superlativa junto a su “esclavo rebelde” no menos brillantemente asumido por Johannes Zeiler.

Monsieur Lazhar es posiblemente el mejor de los títulos que ofrece la muestra canadiense: un refugiado argelino en ese país se hace pasar por maestro y ocupa así el puesto vacante que en una escuela primaria ha dejado una profesora al suicidarse en el propio plantel; la obra, basada en hechos reales, elude la sensiblería en que frecuentemente aterrizan los films sobre y por niños, para lanzar un sólido estudio sobre traumas y reacciones infantiles ante determinados hechos como el que da médula al texto fílmico…la inteligencia con que se armó el guión y la coherencia de la puesta en pantalla se completan con notables actuaciones (de Mohamed Fallag y todo el elenco menudo) redondeando un convite a la reflexión y al destierro de prejuicios…presente en la sala, el director Philippe Falardeau agradeció los cálidos y cerrados aplausos del público.

“Habemus papam” abrió la muestra italiana con esa, una deliciosa comedia del entrañable Nani Moretti , ya no tan multifacético como en otras ocasiones donde hacía casi todo (aun así se reserva un personaje casi tan importante como el protagónico, que se antoja una autoparodia al tratarse de un médico ególatra y narcisista), pero lo que mejor le va (una dirección eficaz y certera) lo consigue en esta amable sátira a las interioridades de un Vaticano sin posible sucesión de ese pontífice (galardonable Michel Piccoli) que deja esperando a la multitud de fieles pues no siente “el llamado” pese a ser elegido por amplia y democrática votación. Un guión desenvuelto y fluido (al que acaso sobran ciertos gags estirados como el extendido juego de boleiball inter-cardinales) y una invitación al análisis tras la aparente ligereza nos trae un film que también propone lo mucho que de representación y performance hay en estas sagradas profesiones –de ahí los efectivos paralelos con las escenas teatrales-…nada, que ojalá las jornadas más allá de los recintos cristianos dentro (y fuera) de Roma continúen así. Y a decir verdad, el festival todo.


Por Ronald Portocarrero


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