Las Malas Intenciones

En primer lugar hay que saludar la incorporación de Rosario García-Montero a la cada vez más larga y estimulante lista de cineastas peruanos que debutan en el campo del largometraje. Con sus aciertos y defectos –que pasaremos a analizar a continuación- Las Malas Intenciones es, incuestionablemente, una obra personal y coherente, de esas que hacen falta en nuestra cinematografía, más allá del éxito o fracaso de público que puedan tener.

| 14 octubre 2011 12:10 AM | Cine | 3.2k Lecturas
Las Malas Intenciones
Luego de debutar en el Festival de Berlín y concursar en el XV Festival de Lima, la ópera prima de Rosario García-Montero llega finalmente a los cines comerciales.

Más datos

CALIFICACIÓN ***

La directora y guionista Rosario García-Montero se formó en el New School University de Nueva York, donde hizo tres cortometrajes. Además acaba de ser reconocida como uno de los 25 nuevos rostros del cine independiente por la revista Filmmaker.
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La perfección nunca es el fin del arte, menos aún en un país sin industria, pero ya contamos con algunos títulos –La Teta Asustada, Octubre, Paraíso, entre otros- que dan cuenta de una generación talentosa y que no busca tomar caminos fáciles.

Hablemos de las virtudes de Las Malas Intenciones, sobre todo aquello que la convierte en un aporte a nuestro patrimonio cultural. No sabemos cuánto habrá costado la película pero es obvio que no se trata de ninguna superproducción, sin embargo la evocación de una época lejana (Perú de 1982) le debe más al ojo de la directora que a los valores de producción. Los colores desteñidos y el sonido susurrado, ayudan a crear una atmósfera evocativa y sin pretensiones de realismo. Nos adentramos sin mayor esfuerzo en el mundo de Cayetana De Los Heros (Fátima Buntinx), una niña rica, introvertida y de imaginación fértil. Cayetana es un personaje original y sin precedentes en nuestro cine, tan poco dispuesto a trabajar con actores que carezcan de formación teatral. Felizmente este papel fue confiado a Fátima Buntinx, quien a sus 8 años ofrece una de las actuaciones más fascinantes en la historia del cine peruano. Cayetana casi nunca sonríe, pese a que sus ocurrencias dejan mal parados a los adultos, es inocente pero desea con todas sus fuerzas que su hermanito nazca muerto. Cuando se trata de explorar la sensibilidad a flor de piel que tienen los niños, Las Malas Intenciones nos regala momentos tan íntimos y verdaderos que verlos en una pantalla es una revelación.

Pero en el largometraje, la suma de las partes es fundamental, y es una lástima que Cayetana no esté acompañada de un solo personaje que responda a su mismo nivel intelectual. Ella es, de lejos, la única persona reflexiva que aparece en el filme, y cuando no hay relaciones (la madre es un fantasma), la narración se ve limitada a un monólogo. La consecuencia de esta desatención a los personajes secundarios es que desaparezca la intriga, porque vaya a donde vaya Fátima, sabemos que nadie puede influenciar en ella. Una cosa es ver el mundo desde la mirada infantil, otra cosa es sobredimensionarla como una excusa para meter casi todo, desde terroristas hasta héroes nacionales, escenas que debieron quedar fuera del montaje final. Una de las críticas más duras que se están haciendo a Las Malas Intenciones es tildarla de racista, esto debido a que las personas de los sectores populares aparecen únicamente como empleados domésticos. No me suscribo a esas acusaciones, pero sí reconozco como un problema grave –de hecho me distancia de la película- la falta de empatía hacia el Perú indígena y segregado. En fin, hasta el Perú que soñó presidente a PPK merece ser representado y que le hagan justicia.


Claudio Cordero

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