La risa y la comedia americana

Dos comediantes en la vasta constelación de la comedia americana son notoriamente ejemplos de un arte ejemplar en la historia del cine. Se trata de Buster Keaton y Jerry Lewis. En la comedia americana los extremos coinciden. Siempre y cuando el estilo, la precisión del efecto, las razones para la provocación, se articulen en un universo unitario.

| 30 junio 2012 12:06 AM | Cine | 1.7k Lecturas
La risa y la comedia americana
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A diferencia del “rostro impenetrable”, de Buster Keaton, Jerry Lewis opone la gestualidad paroxística. En ambos casos la risa es la misma. La tradición del “Slapstick”, iniciada por Sennett en los inicios del cine, se cierra a finales de los años 70 con Jerry Lewis. En 1971, Lewis declaraba: “resulta extraño que la industria cinematográfica norteamericana ya no produzca más lo que dio origen a la comedia, es decir, el “Slapstick”. Los estudios fruncen el ceño: eso no es de buen gusto. Sea cual sea la dirección que tome la industria en esta época de cambios yo no abandonaré la comedia”.

Buster Keaton muere en 1966 y su última aparición en la pantalla fue en “Algo sucedió camino al foro” (1966), la película de Richard Lester. El largo silencio al que lo condenó la Metro a partir de 1926, impidió el desarrollo de su genio. Keaton siguió apareciendo en varias películas, incluso en el período sonoro, pero nunca tuvo el control sobre su trabajo después de “La General” (1926), la parodia sobre la guerra de secesión norteamericana y, de paso, un “remake” en clave de comedia, de “El Nacimiento de una nación” (1914) de D.W. Griffith.

Los inicios de Keaton en el cine hay que buscarlos en los cortos cómicos de Sennett y Roscoe Arbuckle, en la mejor tradición del “slapstick”. De la enorme cantidad de películas que forman parte de la comedia americana en el período mudo, sólo hay dos cómicos que destacan por su brillo y genialidad: Charles Chaplin y Buster Keaton.

Buster Keaton supera, al igual que Chaplin, los límites del slapstick, creando un personaje de profundas dimensiones humanas y sociales. El universo de las películas de Keaton registra el caos que el maquinismo, el progreso tecnológico y la modernidad añaden a la vida del hombre. Son fuerzas extrañas, desatadas por el azar o un poder sobrenatural desquiciado que convierte al hombre en un objeto. El hombrecito delgado y asombrado confronta desde su indefensa condición y gracias a su inteligencia e inventiva tales fuerzas. Y sobrevive al caos. Tiene, a veces, y como recompensa, el amor de una muchacha dulce e ingenua.

Para hacer más evidente el contrasentido de las situaciones en las que se ve involucrado, construye su personaje otorgándole el rasgo que lo caracteriza, el de la inexpresividad de su rostro, más no el de sus ojos ni el de su cuerpo rápido y ágil, mecanismos puramente visuales – la esencia del cine - que le permiten componer multiplicidad de sentidos en el conflicto entre lo humano y la naturaleza del caos. El humor surge entonces desde la sutileza de las situaciones y se hacen carcajadas por el ingenio con que vence las más inverosímiles dificultades. A veces la observación de los hechos le permite ampliar el efecto del humor. Como cuando incorpora una nueva escena en Las siete ocasiones (Seven Chances, 1925). La escena mostraba a Keaton perseguido, ladera abajo, por numerosas mujeres vestidas de novia. Cuando proyectó la escena consiguió el efecto deseado, pero de pronto el público estalla en carcajadas. Buster no sabe qué provocó la risa descomunal. Revisa la toma en la mesa de montaje y observa que detrás de las mujeres, también ruedan tres pequeñas piedrecillas por la ladera, en forma involuntaria. Keaton vuelve a filmar la escena pero esta vez es perseguido por mil quinientas piedras de diverso tamaño en un descenso vertiginoso de más de 45 grados.

Keaton nace el mismo año del nacimiento del cinematógrafo (1895) y es bautizado como Joseph Francis. El nombre de Buster es un apodo creado para él por el gran ilusionista Houdini. En la historia de la risa cinematográfica es justo recordar su nombre, su aporte y su genio, junto con Chaplin, a la vasta tradición de la comedia americana. Veamos el casp de Jerry Lewis. El eclipse de la carrera de Jerry Lewis se debió en parte a la política de producciones de los estudios pero también a los cambios producidos en los gustos del público. La comedia física, cuyo soporte era la pantomima, desapareció prácticamente de las pantallas norteamericanas. En su lugar brilla, con otra luz, un nuevo estilo, donde el soporte en lo verbal prima antes que la acción. Este nuevo estilo se inicia con los hermanos Marx y continúa con Woody Allen, cuyo rasgo que lo identifica y lo define es la angustia existencial y las manías freudianas de la modernidad, en el marco de la urbe.

La comedia gestual ha quedado al margen de las preferencias. Es como si el público prefiriera reírse de sí mismo, encerrado en su individualismo radical. La risa surgiendo desde los miedos profundos. En cambio el universo de Lewis se aproxima al caos de Keaton. La realidad explotando en la pantalla y no en los meandros del subconsciente. Es la comedia visual –el gag-, célula del cuerpo total que es la comedia física. Lewis cuenta un ejemplo: “en la película “El terror de las chicas”, el muchacho tonto aparece desempolvando y limpiando cerca de un estuche de mariposas. Las descubre. Le parecen hermosas. Les hecha otra mirada y abre el estuche. El muchacho las ve que se alejan, en un estado de completa perplejidad. Finalmente el muchacho silva y las mariposas regresan a sus huellas. Luego cierra la tapa del estuche y se marcha”. Imaginación poética, vibración en tono mayor, exigencia puntual en la preparación de cada escena.

Joseph Levith, de religión judía, nació en Newark, Nueva York, el 16 de marzo de 1926. Jerry Lewis, su nombre artístico, era hijo de un cantante de cabaret y de una pianista de variedades. Con el arte en las venas, se inició pronto en el mundo del espectáculo. En 1944 actuaba como cantante en las orquestas de Ted Florito y Jimmy Dorsey. Dos años después se junta con un cantante melódico de origen italiano, Dean Martín, iniciando una larga colaboración en cabarets, radio, televisión y finalmente cine. Contratados por la Paramount, la pareja Dean Martín-Jerry Lewis, realiza una serie de películas musicales y cómicas entre 1947 a 1957. Pero el despegue de Lewis se inicia cuando se separa de Dean Martín, trabajando inicialmente y muy próximo a Frank Tashlin.

Si bien la carrera de Jerry Lewis se inicia en 1949, las películas como actor en solitario van desde 1957 hasta 1960. Pero en 1960 pasa a la realización, logrando sus mejores filmes como actor y director. La lista es larga.


Escribe
Ronald Portocarrero

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