La Reencarnación de los Muertos

Nadie hace películas de zombis como George A. Romero; en realidad nadie las hacía antes que él, no desde una concepción anclada en la modernidad.

| 21 octubre 2011 12:10 AM | Cine | 1.7k Lecturas
La Reencarnación de los Muertos
Por sexta y quizás última vez en su carrera, el maestro George A. Romero (71 años) resucita a sus queridos zombis para darle forma a este thriller con sabor a western.

Más datos

CALIFICACIÓN ****

‘La Reencarnación de los Muertos’ es la tercera película de zombis que hace Romero en los últimos cinco años. Tras un paréntesis de dos décadas, la franquicia retornó a la vida con ‘La Tierra de los Muertos’ (2005) y continuó con ‘El Diario de los Muertos’ (2008).
1782

‘La Noche de los Muertos Vivientes’ (1968) es un hito del género de terror porque convirtió una criatura mitológica del folclore en una figura emblemática de los nuevos tiempos: el zombi como metáfora de la sociedad de consumo. Podía ser tu vecino o cualquiera de nosotros. El zombi como una plaga, una epidemia global que arrasa con la civilización y pone en jaque al orden establecido. Romero no solo tiene películas de zombis -‘Martin’ (1976) es de vampiros y ‘Knightriders’ (1981) ni siquiera es de terror, ambos con clásicos de culto- pero ningún otro director ha encauzado tanta energía y talento en “documentar” la evolución de estos monstruos de expresión inerte y caminar lento. Por mucho que Romero ame a los zombis –son sus criaturas, eso nadie lo discute- su verdadero interés al hacer una película no está en los autómatas sino en los humanos que tienen voluntad propia y pueden reaccionar ante el peligro. Si Romero ha logrado sacar adelante seis largometrajes sobre el mismo tema –el capítulo inmediatamente anterior fue ‘El Diario de los Muertos’ (2007)- es porque han ido apareciendo nuevos escenarios físicos y virtuales para imaginar el fin de los tiempos. Lo que no cambia es la necedad humana.

‘La Reencarnación de los Muertos’ se despunta de sus antecesoras por ser la menos atenta al mundo contemporáneo y sus singularidades. Atrás quedó el centro comercial de ‘El Amanecer de los Muertos’ (1978) o el ciberespacio de ‘El Diario de los Muertos’. Más allá de una broma al tamaño de las computadoras personales, la historia y la forma como está contada remite al cine clásico, específicamente al western, el género crepuscular por excelencia, lo que no deja de ser irónico si consideramos que ‘La Noche de los Muertos Vivientes’ ayudó a sepultar un poco más ese Hollywood anacrónico, de héroes edificantes y epopeyas fundacionales. Quizás Romero no haya hecho el primer western zombi –aún sueña con llegar primero al filme noir- pero su reinterpretación de ‘Horizontes de Grandeza’ (1958) –obra maestra de William Wyler- es tan personal y subversiva como en la mejor tradición del cine independiente. Sin maniqueísmos ni afanes aleccionadores, el autor de ‘The Crazies’ (1973) ofrece una aventura apocalíptica que resalta por su economía narrativa y expresiva –los zombis son animados por obra y gracia del corte directo-, una serie B que revela una visión madura del cine y del mundo.

Los militares comandados por el Sargento Crockett (Alan van Sprang) son los falsos protagonistas; en realidad son testigos impotentes de una tragedia absurda que va más allá de la amenaza zombi. En la isla de Plum –“hermoso lugar para vivir y para morir”- hay una disputa a muerte entre dos viejos patriarcas: Patrick O’Flynn (Kenneth Welsh) y Seamus Muldoon (Richard Fitzpatrick), enemigos eternos en tiempos de paz y en tiempos de zombis. El primero pregona la eliminación sistemática de todos los muertos vivientes que hay en la isla, mientras que el segundo –aparentemente más conservador y belicoso- aboga por dejar las cosas tal como están, amparándose en la voluntad divina. Ambos están convencidos de que su posición es la correcta, la más favorable para la comunidad, pero no ocultan su deseo de eliminarse uno al otro. Ambos personajes son por lo demás fascinantes y representan dos formas distintas de ejercer el liderazgo: O’Flynn es un bribón carismático e irresponsable, mientras que Muldoon representa la América republicana y autoritaria, un halcón que rige su vida según el rifle y la Biblia. Pero la sencillez de O’Flynn es tan engañosa como la severidad de Muldoon. El fundamentalismo tiene varios rostros pero sus consecuencias siempre son funestas para los que se ven atrapados en medio, como los soldados que llegan hasta Plum ilusionados con reinstaurar la normalidad o la propia hija de O’Flynn (Kathleen Munroe). La imagen final no podía ser más elocuente y patética, pero bien podría ser premonitoria de un mundo infestado de largos conflictos sin solución a la vista. El balance no es del todo pesimista: los vencedores morales son los zombis que devoran un caballo en nombre de la supervivencia. ¿Será demasiado tarde para que los humanos también evolucionen?


Claudio Cordero


¿Quieres debatir este artículo? prueba abriendo un tema en nuestros foros.

En este artículo: | |


...
Diario La Primera

Diario La Primera

La Primera Digital

Colaborador 1937 LPD

0.295887947083