La perfección de la angustia

Crecer bajo los pies descalzos, el alma desnuda, no el cuerpo. Fulgurar en la noche, que los ojos viajen libres como caballos desbocados y salvajes, devorando todo, las hojas amarillas o la nostalgia de no haber vivido como se quería.

Por Diario La Primera | 26 julio 2009 |  1k 
La perfección de la angustia
Montgomery Clift

Más datos

DETALLES

De tiempo en tiempo, Monty desaparecía del mundo, buscando bajo los puentes, el desenfreno de los sentidos y de las emociones...
1055  

Frente al mar o en el ardiente asfalto, la humanidad en el bolsillo, el beso oculto que no puede ser entregado a la mujer que no se ama. ¿A quién debe desearse en el vacío? ¿Con quién hablar de los abrazos perdidos, de la humedad y su silencio? Sólo una mujer tan bella como un lago azul, los ojos color violeta escucha la voz de la angustia. Ella, Elizabeth Taylor, él, Montgomery Clift. Ella lo ama con ardiente intensidad. Él no puede entregar sino la zona oscura, apenas la amistad y el afecto de un hijo desvalido, nunca el amor.

Clift nace en 1920, en Omaha, donde su padre dirige la construcción de obras públicas. Pero niño aún, la madre considera que Monty y sus dos hermanos, deben recibir una prolija educación. Los lleva a Europa para que aprendan francés y alemán. Cuando Monty regresa de Europa es matriculado en una escuela. Sus ropas europeas y su francés fluido, lo convierten en blanco de las burlas virulentas de sus compañeros, el asedio a su sensibilidad. Allí, probablemente, Monty encontraría las maneras de replegarse en sí mismo, protegiendo su ambigüedad en el silencio. Debuta en el teatro a los doce años.

A los catorce, con la autorización de Sunny, su madre, sostiene temporadas en Broadway. Ocultarse bajo la apariencia de otro, pudiera ser la mejor forma de no ser descubierto a flor de piel. Años de aprendizaje, en los que trabajaría muy temprano con Elia Kazan en una obra de Thorton Wilder en 1942.

Tenía 22 años y su carrera de actor iba en ascenso. Kazan le dijo: “Si rehúsas los papeles que sabes que no puedes interpretar y aceptas solamente aquellos que puedas interpretar con integridad, el éxito llegará espontáneamente”. El consejo fue seguido fielmente y Monty rechazó constantemente el llamado para hacer cine, habida cuenta que ya tenía un prestigio muy serio en el teatro.

Su primera película es un clásico del western, “Río Rojo” (1948) de Howard Hawks, con John Wayne. Luego seguiría “Los ángeles perdidos” de Fred Zinnemann. Antes de su llegada al cine, Monty había formado parte de la primera generación de actores egresados del Actor’s Studio, junto con Marlon Brando y James Dean, entre otros. Su solvencia actoral estaba garantizada y su compromiso profesional era genuino: “No soy ni un joven rebelde ni un viejo rebelde, ni siquiera un rebelde cansado, sino simplemente un actor que trata de hacer su trabajo con el máximo de sinceridad y convicción”, dijo Monty. Y esta premisa la conservó a lo largo de toda su carrera.

La película que le deparó el mayor éxito de su carrera fue “Un lugar en el sol” (1951), dirigida por George Stevens, y en la que compartiría los roles protagónicos con Elizabeth Taylor, una estrellita de 17 años. Allí surge el amor imposible de Liz y la amistad perdurable de Monty hacia ella, a pesar de los esfuerzos del estudio para inventarles un romance. De tiempo en tiempo, Monty desaparecía del mundo, buscando bajo los puentes, el desenfreno de los sentidos y de las emociones, quizá para saber que era él y no sus personajes, para descubrir que vivía todavía. Pero la culpa construye la marca de la autodestrucción, alcohol y barbitúricos de por medio, en un viaje a las profundidades del vacío. Pero luego volvía a la serenidad de su pasión por la actuación.

Películas memorables como “De aquí a la eternidad” (1953) de Fred Zinnemann, “El árbol de la vida” (1957) de Edward Dimitrik, “De repente en el verano” (1959) de Joseph Mankiewicz, “Río Salvaje” (1960) de Elia Kazan o “Los Inadaptados” (1961) de John Huston, mostrarían su evolución y su intenso registro actoral.

Sin embargo, un hecho fortuito lo colocó al borde de la muerte y produjo en su vida transformaciones indelebles. Una noche, a la salida de una fiesta, en casa de su amiga Liz Taylor, casada por ese entonces con Michael Wilding, Monty estrelló su automóvil contra un árbol. Salvó la vida, pero su bello y perfecto rostro quedó desfigurado, perdiendo para siempre el movimiento de sus músculos faciales. A los 37 años y con el éxito de “El árbol de la vida”, estaba en la cumbre de su carrera, pero física y psicológicamente estaba destrozado. Todavía pudo interpretar, junto con Marilyn Monroe y Clark Gable, “Los Inadaptados”, una historia sobre tres individuos en trance de su desaparición. Película premonitoria, fue la última que Gable y Marilyn filmarían antes de morir. Monty esperaría algunos pocos años. La mañana del 24 de julio de 1966, el corazón, debilitado por la vida y la angustia de los amores ocultos se detendría de pronto y para siempre.

Ronald Portocarrero
Redacción

Referencia
Propia



    Diario La Primera

    Diario La Primera

    La Primera Digital
    Diario La Primera comparte 119378 artículos. Únete a nosotros y comparte el tuyo.
    Loading...

    Deje un comentario