Héctor Alterio, El Grande

Fue en paralelo. Tuve conciencia de los autores internacionales que el teatro comercial ignoraba —estamos hablando del nacimiento del peronismo en Argentina-, que gobernaba con una gran adhesión popular.

Por Diario La Primera | 01 setiembre 2012 |  1.3k 
Héctor Alterio, El Grande 1304  

Es admirable en un ser humano llegar a viejo con toda la lucidez y el talento intacto a los 83 años. Es verdad que el cuerpo ya no tira para adelante, pero “hay que seguir pagando”. En el teatro dice Alterio no se rejuvenece, pero si se revitaliza constantemente y de pronto sale de gira para subirse a un escenario “a hacer gimnasia”. Como para grabarlo en la memoria.

Pero además de la pasión por el teatro, el cine le ha proporcionado también gratas satisfacciones. Ha participado en más de 130 películas y es uno de las actores de mayor prestigio del cine argentino.

Reproducimos aquí fragmentos de una entrevista de Isabel Bugallal para el Diario La Opinión de España

–¿Se le pasó la vida volando?
–Yo no siento la edad pero siento que [la vida] pasó muy rápido, especialmente aquellos momentos de adolescencia y juventud donde había tantas esperanzas y tantos descubrimientos que me permitían seguir trabajando en mi profesión, que prácticamente empecé en la edad escolar y nunca hice otra cosa.

–¿El teatro le rejuvenece?
–No rejuvenece, revitaliza, porque me siento auténticamente dueño de mi trabajo, no como en la televisión y en el cine, que tiene otra inmediatez y no puedes bucear en el personaje como el teatro. El teatro es lo más importante para mí y la gira es como una gimnasia. El cine tiene otras ventajas, otro dinero y otra repercusión.

–¿Fue un niño apocado?
–A los seis u ocho años, en carnavales, me disfrazaba e iba solo al Corso, la calle donde actuaban las orquestas y las murgas. Me ponía lo que encontraba por casa, me cubría la cabeza y eso me producía un placer infinito porque dejaba de ser el chico tímido, enfermizo, apocado, temeroso, y me convertía en un avasallador, galante, dicharachero y lleno de humor, todo lo que no era.

Y cuando descubrió la política?
Fue en paralelo. Tuve conciencia de los autores internacionales que el teatro comercial ignoraba —estamos hablando del nacimiento del peronismo en Argentina, que gobernaba con una gran adhesión popular— y nosotros éramos un reducto que despertaba el interés de mucha gente. Había conferencias de políticos, de intelectuales, de disertadores de todo tipo, y yo me fui impregnando de ese ambiente, lo que me permitió enriquecerme y conocer cosas a las que no había tenido acceso por no haber ido a una escuela ni a la universidad.

–En 1974 vino a España por una semana a presentar La tregua en el festival de San Sebastián y se tuvo que quedar.
–Venía por una semana, me había remplazado un compañero en la obra que estaba interpretando en un teatro de Buenos Aires y me quedé. No pude volver a la Argentina porque estaba amenazado de muerte [por la Triple A], hasta que seis o siete años después se acabó la dictadura militar y pude volver.

-Y López Rega?
–Ese fue el responsable de nuestro exilio. López Rega creó la Triple A para torturar y matar con total impunidad a todo aquel que consideran molesto o con ideas contrarias a las suyas. Ocurrió así y así desaparecieron 30.000 personas en Argentina.


Por Ronald Portocarrero

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