Enemigo Interno

El retorno de Werner Herzog a la cartelera peruana merece ser celebrado por los amantes del buen cine como un acontecimiento importante, no solo por los más de 20 años que separan a “Enemigo Interno” de “Cobra Verde” (1987) -el último Herzog que llegó por estos lares-, sino porque el legendario autor de “Aguirre: la Ira de Dios” (1972) y “Fitzcarraldo” (1982) –por solo mencionar aquel par de obras maestras que rodó en nuestra Amazonía- ha vuelto en la mejor de sus formas; el alemán Herzog –quien cumplió el pasado domingo 68 años- hace gala en la muy norteamericana “Enemigo Interno” de una vitalidad que ya quisieran igualar varios cineastas debutantes.

Por Diario La Primera | 10 set 2010 |    
Enemigo Interno
Nicolas Cage se supera a sí mismo bajo las órdenes de Werner Herzog. Klaus Kinski lo hubiese aplaudido.

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CALIFICACIÓN: ★★★

Cuando se anunció el rodaje de esta película, Abel Ferrara –director de “Bad Lieutenant” (1992)- expresó sus deseos de que todos los involucrados “mueran en el infierno”. Herzog parece haberlo perdonado y ha declarado que le gustaría conocerlo.

Para hablar de “Enemigo Interno” es necesario señalar que su título original, “Teniente Corrupto” o “Bad Lieutenant”, hace referencia al filme homónimo de Abel Ferrara, producción independiente de 1992 que presentaba al extraordinario Harvey Keitel como un policía apostador, delincuente, drogadicto y homicida, una escoria de Nueva York que también debía capturar a los violadores de una monja. Las similitudes entre la película de Herzog y la de Ferrara son anecdóticas, de ninguna manera se trata de un remake o de una secuela. En “Enemigo Interno”, Nicolas Cage interpreta al Teniente McDonagh, residente de Nueva Orleans, el único hombre que puede poner tras las rejas a los asesinos de una familia de inmigrantes. Cuando no está resolviendo este caso, McDonagh se mete sustancias tóxicas en el cuerpo (cocaína, heroína, crack), apuesta más dinero del que gana mensualmente, chantajea a los parroquianos que encuentra in fraganti, o simplemente pasa el rato con Frankie, su novia prostituta (Eva Mendes).

“Enemigo Interno”, como la obra de arte que es, supera con creces cualquier argumento policial o cualquier denuncia social sobre la marginalidad. Como no podía ser de otra manera, hay mucha miseria en la vida de sus personajes, pero la parte más cruda, la más degradante, queda reservada para ellos mismos. El director es prudente en no enfatizar la condición humillante de Frankie o las adicciones de la familia McDonagh. Ese no es el lugar al que desea llegar Herzog. Lo que realmente inspira su imaginación es la ambigüedad de McDonagh, su naturaleza salvaje y tragicómica, pero también irresponsable y autodestructiva. Digamos de una vez que Val Kilmer es el “Teniente Corrupto” y que Nicolas Cage es apenas un caso perdido de la sociedad, un bufón híper frenético que no necesita de nuestra compasión: una placa y una pistola deben ser suficientes para que el hombre que ve lagartijas sobreviva una jornada más de trabajo.

Claudio Cordero
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