Elia Kazan en la zona oscura

El espectáculo de Roberto Begnini parado sobre las butacas en la noche del Oscar 1999, sus saltitos de conejo, la frondosidad de su verbo que arrancó lágrimas a Sophia Loren y mantuvo en un plano de alta emotividad a los asistentes a la ceremonia, opacó otro aspecto de la fiesta, el premio honorario a Elia Kazan.

| 20 setiembre 2009 12:09 AM | Cine | 1.1k Lecturas
Elia Kazan en la zona oscura

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Kazan filmó en 1954 “Nido de ratas” una extraordinaria película protagonizada por Marlon Brando, Eva Marie Saint y Karl Malden, que le permitió obtener un Oscar.
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Dos años antes del 21 de marzo de 1999, un áspero debate entre la Asociación de Críticos de Cine de Los Ángeles y los directivos del Instituto Americano de Cine, postergó la propuesta de un premio honorario a Kazan. Las cámaras de la televisión que daban cuenta de los vestidos de las estrellas, no enfocaron nunca la manifestación de más de 300 personas que en las afueras del teatro protestaba contra Kazan. “Muy bien. Kazan es un buen director, pero es necesario poner en la balanza el enorme daño que hizo a la industria, al país, a sus amigos, destruyendo sus carreras y sus vidas por su colaboración con el Comité de Actividades Antiamericanas”, dice Bernard Gordon, uno de los guionistas que fue víctima de la caza de brujas en los años 50.

La delación que hizo Kazan el 10 de abril de 1952, señalando los nombres de Phoebe Brand, Morris Carnovsky, Tony Kraber, Paula Strasberg, Clifford Odets, Ted Wellman, Art Smith, John Garfield y otros, le permitió seguir trabajando en la industria cinematográfica norteamericana. El 18 de agosto de 1958, Tony Kraber compareció ante el Comité y le fue citada la declaración de Elia Kazan. Kraber preguntó: “¿Es éste el Kazan que firmó un contrato por medio millón de dólares al día siguiente de haber dicho nombres ante este comité? ¿Vendería Ud. a sus hermanos por medio millón de dólares?”. La respuesta fue afirmativa. Sí, Kazan firmó el contrato. Kazan vendió a sus amigos por un suculento plato de lentejas verdes.

Siguió haciendo películas, mientras quienes aparecían en las “listas negras”, eran encarcelados, tuvieron que ocultar sus nombres bajo seudónimos, trabajar clandestinamente o huir de su propio país ante el paro laboral y el chantaje político.

Kazan filmó luego “Nido de ratas” (1954), una extraordinaria película protagonizada por Marlon Brando, Eva Marie Saint y Karl Malden, que le permitió obtener un Oscar. Pero era evidente que se trataba de una inteligente y cruenta apología de la delación. Con “Viva Zapata”, continuó la exculpación pública de su pasado vinculado al Partido Comunista norteamericano. La película exponía elocuentemente la ineficacia de los ideales revolucionarios. Tenía que probar, ante sus patrones, que había abandonado definitivamente sus antiguos ideales progresistas. Pero la culpa andaba por dentro.

El enorme peso de la traición lo alcanza 40 años más tarde, en la noche del Oscar. Un Elia Kazan de 89 años, escoltado por el enorme prestigio de Martin Scorsese y Robert de Niro, tembloroso y pusilánime agradeció el homenaje. Aplaudían, emocionados, Karl Malden y Warren Beauty. Impasibles, con los brazos cruzados y la mirada dura, aparecían ante millones de espectadores, Nick Nolte y Ed Harris. El presidente de la Academia, Robert Rehme, dijo que los 39 integrantes de la Junta de Gobernadores, decidieron el controversial premio de manera unánime.

En la historia del cine, el período conocido como la “caza de brujas” del senador Mac Carthy, aparece como la zona más oscura para los intelectuales y creadores cinematográficos norteamericanos, cuando el miedo, la persecución, el fariseísmo y la doble moral del poder político, construyen las mismas plataformas autoritarias del stalinismo que declaraban combatir. Cuando ello ocurre, afloran las partes más repulsivas del ser humano, la inteligencia cede, la ética termina en el barro de la inquisición.

Kazan recibió la noticia del premio en su departamento de Manhattan. “Estoy feliz por ello. Es un honor al final de mi vida. ¿Qué más puedo decir?”. No hay nada que decir. O habría que decirlo todo. La noche del 21 de marzo, el gran Elia Kazan, recibió su premio, más no el perdón.

Ronald Portocarrero
Redacción


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