El Cine según Geraldine Chaplin

Es un privilegio que haya venido a Lima. No por ser la hija del genio sino por su talento y enorme sencillez y buen humor que irradia. Todos los que hemos podido conocerla, gracias al XV Festiva de Cine de Lima, hemos sido testigos de su talento y de su enorme cariño a su trabajo como actriz. “Realmente actuar es difícil. Pero he aprendido de la mano de los directores con los que he trabajado”.

 

| 13 agosto 2011 12:08 AM | Cine | 1.2k Lecturas
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- ¿Se ha sentido cómoda trabajando tanto en Hollywood como en el cine europeo?.
- G:CH. Disfruto mucho actuando. Soy una actriz disciplinada y obediente con los directores. Quisiera ser de arcilla para que ellos moldeen en mí a sus personajes.

- ¿Siempre fue así?
- No. Pero he recibido el cariño y la ayuda de todos. Es tal vez el enorme amor a la figura de mi padre. Yo pensaba que al entrar a escena en alguna película, los técnicos me iban a decir: ah, esa se cree lo máximo por hija de quien es… ¡que se joda!. Pero no fue así. Todos me cuidaban. Hasta los electricistas me hacían sentir que yo era su propia hija. Eso fue muy generoso y me desvió seguridad y mayor voluntad de seguir actuando.

- ¿Cómo fue la experiencia de trabajar con David Lean en el “Dr. Zhivago”
- David era un perfeccionista. Repetía mucho las escenas hasta lograr lo que quería. Su relación con los actores era estrictamente profesional. Nunca se tomaba un café con nadie. Solo se relacionaba con ellos en tanto eran sus personajes. No quería que la personalidad de un actor o actriz influyera para nada en la exactitud de los personajes. Cada director es distinto.

- ¿Y con Robert Altman?
- Era un genio pero divertido. Lo contrario a David. Cuando uno llegaba a rodar, Altman preguntaba si todos tenían en la mano su guión, o las hojas de la escena que debíamos rodar. Si, claro, todos tenían el guión. Entonces Robert decía Bueno, ahora tirenlo a la basura, no sirve. Y entonces trabajaba con la improvisación, poniendo a los actores en aprietos, incluso nos hacía reescribir el guión de su escena y a partir de ahí surgía el juego. Filmar para Robert era un juego, el mismo juego que hacemos los actores. Pero lo más divertido era asistir a los “rushes”. Nadie debía faltar. Nos matábamos de risa del resultado. Todos los días era como una gran fiesta privada, en donde se bebía, se fumaba hasta marihuana, y en medio de todo ello, uno entendía cada uno de los personajes que iban apareciendo.

- Se sabe que Ud. es una persona progresista de ideas incluso de izquierda, ¿como fue su llegada a la España del franquismo?
- Aunque resulte paradójico, España fue para mi la libertad plena. Yo venía de un hogar con un padre muy estricto, estudiante en un colegio de monjas y de haber hecho ballet, que tiene una disciplina muy estricta y un enorme rigor, así que para mi llegar a España sola, joven y libre, fue un disfrute. Pero poco a poco, a medida que comencé a trabajar con Carlos Saura, fui entendiendo esa España oscura y amedrentada. A Carlos le era muy difícil hacer cine con la censura franquista mirando detrás de las puertas. Recuerdo que cuando preparaba “La Prima Angélica” había una escena en clave de broma en donde un personaje franquista se rompió un bazo y le escayolaron con el brazo en alto a la manera del saludo fascista. Eso no te lo van dejar pasar le decía y Saua planteo una solución: “vamos a poner una escena con tetas. Eso puede distraer a la censura”. Y tuvo razón dejaron pasar las tetas y el saludo. Cortaron otras escenas sin importancia y nosotros nos reíamos mucho de los censores.

Podríamos quedarnos horas hablando con ella. El sólo hecho de haberla conocido nos ayudan a entender lo divertido y también la lucha cotidiana de los actores y las actrices. La propia Geraldine exclamo sorprendida: “soy una actriz que todavía trabaja”. Que siga trabajando mucho tiempo más para seguir admirándola siempre.


Ronald Portocarrero
Redacción


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