El Amante

Estrenada sin publicidad, este filme italiano ha recorrido el mundo con singular éxito. Fue nominada al ‘Globo de Oro’ como mejor película extranjera y al Oscar por vestuario.

| 31 marzo 2012 12:03 AM | Cine | 1.5k Lecturas
El Amante

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CALIFICACIÓN ****

Además
de ser protagonista, Tilda Swinton es co-productora del filme. Esta actriz inglesa de 51 años, ganadora del Oscar a la Mejor Actriz de Reparto por ‘Michael Clayton’ (2007), tuvo que aprender italiano y ruso para interpretar a Emma Recchi.
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Antes de probar un solo bocado, Emma (Tilda Swinton) ya ingirió su almuerzo con los ojos; lo saborea, lo mastica lentamente, como si su vida dependiera de ello. Por un instante, lo único que existe en el mundo es ella y su exquisito cóctel de langostinos. Al otro lado de la mesa, dos mujeres conversan, pero no las escuchamos y apenas las divisamos. En cuestión de segundos, todos los elementos del lenguaje cinematográfico son conjurados en un pequeño restaurante donde los comensales permanecen estáticos, y aparentemente no pasa nada, y sin embargo la cámara se mueve, los planos magnifican, el montaje se acelera, la iluminación nos abstrae, la música nos impresiona.

He tratado de ser lo más objetivo posible para describir una escena de ‘El Amante’, la cinta italiana de Luca Guadagnino que sorpresivamente acaba de estrenarse en Lima. Es la historia de Emma, la esposa trofeo de un aristócrata milanés, madre de tres hijos adultos, cuya pasión por la vida ha sido menguada por las responsabilidades domésticas. Que esto no se malentienda: Emma tiene a su disposición una tropa de sirvientes para que su rutina sea agradable, sin embargo pronto iremos descubriendo que su felicidad es una ilusión, que detrás de tanto lujo hay una mujer sencilla que extraña su vida pasada en su Rusia natal, cuando su nombre era Kitiesch y no pertenecía al clan de los Recchi.

La película comienza con unos créditos de presentación estilo vintage, a la manera de los años 50, cuando los nombres de los que participaron en la producción aparecían ordenados como los platos en la carta de un restaurante. Desde el primer segundo, sabes que estás viendo una película europea porque todo es tan refinado, incluso la caligrafía. Pero no solo lo llaman “el viejo continente” por sus obras de arte renacentistas o por sus antiguas mansiones: el duro invierno es un recordatorio de que la muerte está rondando. El patriarca de la familia, Don Edoardo Recchi (honorable Gabriele Ferzetti), sabe que el tiempo se le agota y ha decidido anunciar a sus herederos en su cena de cumpleaños.

Desde las épocas de Luchino Visconti –cuyo ‘El Gatopardo’ (1963) era prácticamente un video casero- raramente habíamos visto en el cine italiano un retrato tan majestuoso de la aristocracia, una reconstrucción tan detallada de la pompa y circunstancia que rodea cada uno de sus rituales. Los primeros minutos de ‘El Amante’ están abocados a hacernos sentir todo el peso del protocolo; no solo los preparativos son rigurosos, hay todo un documental sobre la preparación de la comida, la disposición de los asientos, la decoración de la mesa, la presentación de los platos, sino que la misma reunión familiar está regida por códigos: hay que saber cuando hablar, cuando callar, cuando aplaudir.

Empezar con una secuencia tan apabullante puede ser un problema más adelante. ¿Cómo recuperas esa tensión electrizante? La respuesta es introduciendo a la mezcla un elemento de intriga. Justo terminada la cena, llega a la mansión Antonio (Edoardo Gabbriellini), el joven cocinero que esa misma tarde había sociabilizado con Edoardo (Flavio Parenti), el hijo mayor de los Recchi. Cuando Emma se acerca a saludarlo –es la primera vez que se cruzan- la cámara se coloca encima de ella, por lo que vemos su recorrido desde un inusual ángulo cential. Antonio se retira casi a escondidas, pero su salida es observada por Emma desde la ventana de su cuarto. ¿Ella sabe algo? Misterio.

He seleccionado mis pasajes favoritos de ‘El Amante’, una obra definitivamente inspirada, de esas que no son perfectas pero pueden hacer que cualquiera se enamore del cine. Desde mi punto de vista, fue decepcionante que la relación adúltera entre Emma y Antonio haya surgido del guión y no de los personajes; peor resentí cómo cierra el triángulo amoroso formado por cocinero, madre e hijo, donde la verosimilitud se sacrifica en un plato de sopa y la tragedia griega se confunde con cebolla mexicana. Es decir, me molestó que una propuesta audaz y moderna tenga como sustento un relato de folletín. En ese sentido, la humilde ‘Partir’ (2009), de Catherine Corsini, era más audaz.

Habiendo dicho todo esto, debo recordarles que ‘El Amante’ ha sido concebida como un espectáculo sensorial donde las imágenes y los sonidos son su razón de existir. Lo que más admiro de ella –junto con la actuación de Tilda Swinton, una extraterrestre en el mejor sentido de la palabra, es su sentido musical, esa energía frenética, a veces histérica, que alcanza su clímax en los minutos finales, un triunfo de cine puro donde cada plano compone un poema visual y la música de John Adams abre las puertas de la libertad. Es un final abierto, poderosísimo, digno de una obra maestra. Luego de ‘Melissa P’ (2005), nadie esperaba de Luca Guadagnino algo así: una noche en la ópera.


Por Claudio Cordero


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