Contrabando

La versión americana de ‘Reykjavik-Rotterdam’ –cinta islandesa del 2008, una de las más taquilleras en la historia de ese país- es un ejercicio de género sumamente efectivo.

| 26 mayo 2012 12:05 AM | Cine | 1.4k Lecturas
Contrabando
CALIFICACIÓN: ***

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‘Contrabando’ es el primer filme del islandés Baltasar Kormákur que se estrena en Perú. Entre sus trabajos más aplaudidos se encuentran ‘101 Reikiavik’ (2000), ‘The Sea’ (2002), ‘A Little Trip to Heaven’ (2005), ‘Jar City’ (2006) y ‘Inhale’ (2010).
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Estrenada en Lima el mismo fin de semana de ‘Drive’ (un reciclaje posmoderno del género criminal), ‘Contrabando’ es la clásica película de acción que no aspira innovar nada, que jamás irá a competencia del Festival de Cannes y que los críticos desecharán sin darle una oportunidad. Lo cierto es que ‘Contrabando’ logra suplir todo lo que no tiene de originalidad con intensidad narrativa, con caracterizaciones superlativas, con una ética similar a la de su protagonista: no importa si el trabajo es un encargo, igual tiene que hacerse con estilo, con la asistencia de varios colaboradores y sin fanfarronear. Sus texturas ásperas, su inmersión en el bajo mundo la hacían candidata perfecta para ser un neo- film noir, pero tiene una energía festiva que se impone a la dureza del entorno. Está claro que ‘Contrabando’ no busca ser densa, está hecha para llegar a un público masivo, pero primero se esfuerza en crear un contexto realista que sea verosímil para cualquier adulto que conozca las calles y los códigos que allí manejan los hombres. Es como si Mark Wahlberg –hijo pródigo de la clase obrera, estrella y productor del filme- hubiera querido hacer una versión mainstream de sus colaboraciones con James Gray (‘Contrabando’ pudo haberse llamado ‘La Traición’ o ‘Los Dueños de la Noche’). El resultado es uno de sus mejores vehículos comerciales, una matinée para los adultos.

Wahlber interpreta a Chris Farraday, un esforzado padre de familia que intenta sacar adelante su negocio de alarmas de seguridad. Los conflictos estallan cuando su cuñado (Caleb Landry Jones) es atacado por un mafioso local (notable Giovanni Ribisi) y amenazado de muerte si no cumple con devolverle una cuantiosa suma de dinero. Es imposible no simpatizar con Farraday desde que constatamos su pragmatismo: el hombre sale en búsqueda del problema y busca resolverlo por las buenas. La escena en la que se reúne por primera vez con Giovanni Ribisi –mirándolo a los ojos, estudiando de qué está hecho este pequeño matón- solo puede ser superada por el segundo encuentro, ahora sí violento y confrontacional, dejando de lado las cortesías. Es una buena escena porque se manifiesta el carácter de los personajes, sobre todo cuando la hija del hampón ve a su padre revolcándose en el suelo, recibiendo una paliza en manos de un extraño que supuestamente es el héroe de la película. Allí comprendes porqué Farraday no utiliza la violencia hasta que sea completamente necesaria, y porqué dejó su anterior vida criminal para convertirse en un ciudadano decente. Lo penoso es que ahora, por culpa de terceros, Farraday está a punto de perderlo todo, de exponerse nuevamente los peligros de ser un contrabandista. Es el costo de proteger a una familia.

Desde que Farraday aborda el buque de carga nos adentramos en otra película: la del grupo de amigos que se ponen de acuerdo para ejecutar un plan y hacerse de un botín. El navío parte de Nueva Orleans a Panamá, es un viaje ida y vuelta llevando mercancías pesadas, pero Farraday y sus socios harán lo imposible por burlas la vigilancia del Capitán del buque (un J.K. Simmons perfectamente detestable) e infiltrar una cantidad enorme de billetes falsos (transportar drogas era más sencillo pero Farraday tiene clase). Las complicaciones que se presentan a los aventureros ofrecen una generosa cuota de tensión y suspenso contra el reloj, mientras que los incidentes que ocurren en casa (con Kate Beckinsale como la esposa de Wahlberg y Ben Forster como el amigo fiel) entrañan una angustia más seria porque Farraday no puede hacer nada al respecto. Es una estructura sugerente que el director islandés Baltasar Kormákur aplica con sapiencia, agregando vueltas de tuercas que restan previsibilidad al desenlace. En realidad ‘Contrabando’ es el remake de una cinta islandesa llamada ‘Reykjavik-Rotterdam’ (2008), protagonizada justamente por Baltasar Kormákur, pero este es uno de los raros casos en los que Hollywood supera largamente al original, no porque haya un mayor derroche de medios, sino porque su atención a los detalles es la base de todo.


Escribe: Claudio Cordero


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