Contagio

Las películas de desastre apocalíptico están a la orden del día mientras nos acercamos al 2012, pero este filme de Steven Soderbergh le da la espalda al espectáculo morboso.

| 04 noviembre 2011 12:11 AM | Cine | 1.9k Lecturas
Contagio

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CALIFICACIÓN ****

El prolífico Steven Soderbergh –‘Sexo, Mentiras y Videotapes’ (1989), ‘Tráfico’ (2000)- está a punto de estrenar ´Haywire´ (con Michael Douglas) y actualmente se encuentra filmando `Magic Mike´ (con Channing Tatum). Luego vendrá `Liberace`.
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Sabemos por el trailer de ‘Contagio’ que su argumento gira alrededor de un virus que se expande rápidamente alrededor del mundo y que amenaza aniquilar a gran parte de la humanidad, entre ellos Matt Damon, Gwyneth Paltrow, Jude Law, Kate Winslet y Marion Cotillard, quienes además de ser estrellas de cine, son actores que suelen escoger bien sus guiones. Es cierto que Roland Emmerich congrega repartos de lujo para sus delirantes épicos de desastre (el de ‘2012’ era especialmente impresionante), pero ninguno de sus colaboradores está allí por la calidad del guión. En ‘Contagio’ ocurre algo distinto: tener como director a Steven Soderbergh (ganador del Oscar y de la Palma de Oro) es garantía de que la película tendrá un sello elegante y sofisticado, no importa que la protagonista sea una actriz porno –Sasha Grey en ‘The Girlfriend Experience’ (2009)-, que el tema sea la biografía de un personaje controvertido –‘Che’ (2008)- o un producto de puro entretenimiento –la taquillera saga de ‘La Gran Estafa’. Para bien o para mal, Soderbergh era incapaz de hacer una vulgar película de desastre. Lo que ha hecho es tomar un típico argumento de serie B –la publicidad se encargará de venderla como un thriller terrorífico- y llevarla a otro nivel de realismo. El resultado puede fascinar o aburrir pero es innegable que ‘Contagio’ es cine de autor con todas sus letras: la manera como ha sido filmada, editada y musicalizada difiere del lenguaje dominante en Hollywood, siendo el distanciamiento emocional su carta más arriesgada.

En condiciones normales, el hecho de que una película sea alabada o defenestrada por los especialistas de una materia debe ser considerado como una simple anécdota. ‘Una Mente Brillante’ (2001) no es mala porque su descripción de la esquizofrenia sea falaz, así como ‘Lawrence de Arabia’ (1962) no es una obra maestra por su fidelidad histórica. Pero ‘Contagio’ no solo está preocupada en parecer realista sino en atrapar cierta verdad científica, ambición que reduce las posibilidades de introducir escenas de persecución. Según los investigadores, la película de Soderbergh es perfectamente verosímil: su dramatización de una pandemia ficticia es rigurosa, tanto en sus efectos sobre la población como en la respuesta de los hombres de ciencia. Eso la hace más inquietante.

Por supuesto que la “objetividad” es un ideal inalcanzable, eso ni siquiera existe en el cine documental, así que Soderbergh y su guionista, Scott Z. Burns, tienen libertad para estar en todas partes, para empezar la historia en el día 2 y no en el día 1, para articular un discurso crítico sin necesidad de poner frases hechas en boca de sus personajes. Si algo tienen en común un bloguero en Inglaterra y una doctora en Hong Kong –aparte de estar expuestos a la mortal enfermedad-, es que sus acciones tendrán consecuencias de vida o muerte. Algunos intentarán salvar a terceros, otros darán prioridad a sus seres queridos, tampoco faltarán los que velarán por su provecho personal. Soderbergh es demasiado meticuloso para explorar estos dilemas morales desde una perspectiva sentimental. Esto no quiere decir que la emotividad sea nula –allí está el llanto de desahogo de Matt Damon, o el reencuentro de Jennifer Ehle con su padre- pero si estas escenas son logradas es porque son escasas y casi secretas. Incluso cuando tiene todo a su favor para dejar al espectador en un lugar seguro y confortable, Soderbergh rehuye el happy ending para advertirnos que cualquier triunfo será permanente, no para dejar abierta la puerta a una secuela, sino para recordarnos la fragilidad de nuestro sistema.


Claudio Cordero


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