Cine en Mar del Plata

Inaugurado cincuenta y siete años atrás por el general Juan D. Perón, el Festival de Mar del Plata ha sobrevevido más de una crisis para convertirse en el único de clase A de la región. Desde su relanzamiento en 1996, este Festival ha tenido un perfil menos glamoroso que antaño.

| 11 noviembre 2011 12:11 AM | Cine | 1.1k Lecturas
Cine en Mar del Plata
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Mar del Plata 2011 arrancó con la proyección de Vivan las Antípodas!, documental del ruso Victor Kassakovsky que tiene la particularidad de haber sido filmada en algunos de los lugares más agrestes del planeta, algunos de ellos apenas habitados por seres humanos. El cielo, la tierra y los animales son los protagonistas de este viaje que trasciende la belleza de sus imágenes para reflexionar sin palabras sobre la sabiduría que reside en la naturaleza. Luego de este promisorio arranque, empezamos a explorar las secciones principales. Los primeros títulos de la Competencia Internacional fueron This Is Not a Film , de Jafar Panahi y Mojtaba Mirtahmasb, y Tyrannosaur, de Paddy Considine. La primera es una pequeña clase magistral dictada por Panahi desde su departamente en Teherán, lugar donde el autor de El Globo Blanco (1995) y El Círculo (2000) vive recluido, esperando su sentencia, revisando sus propias películas en video y hablando por teléfono con sus familiares. Hoy sabemos que Panahi tendrá que purgar 6 años en cárcel, además de haber sido inhabilitado por 20 años de dirigir, todo esto por sus creencias políticas. Las películas tendrán que esperar hasta que Panahi recupere su libertad, pero a veces el cine solo necesita un lugar y un momento -como este- para convertirse en un vehículo de resistencia. De la dignidad de This Is Not a Film pasamos al efectismo burdo de Tyrannosaur, ópera prima del actor inglés Paddy Considine, ganadora en Sundance y alabada por la crítica de festivales. Tyrannosaur pertenece a la tradición de Nil By Mouth (1997), de Gary Oldman, y de The War Zone (1999), de Tim Roth, caracterizados por exponer con crudeza temas como el alcoholismo, la violencia doméstica, el abuso a las mujeres, entre otras desgracias ajenas. Pero Tyrannousaur es peor que cualquiera de las anteriores: abundan los golpes bajos (no se salva nadie, ni los niños, ni las mujeres, ni los perros) y el miserabilismo se redondea con un final complaciente y sentimental. Al cierre de este artículo pudimos ver Fausto, flamante ganadora del León de Oro en el Festival de Venecia. Se trata de una obra barroca y delirante, un tour de force técnico que supera incluso El Arca Rusa (2002). Basándose en el clásico de Goethe, Alexander Sokurov ha acometido su película más extravagante -parece un cruce imposible entre Madre e Hijo y El Imaginario Mundo del Doctor Parnassus-, pero sus imágenes alucinadas ejercen una fascinación permanente, aún cuando muchas de ellas sean repulsivas.

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Atrás quedó la alfombra roja, los flashes de los paparazzis, el tren que trasladaba a las estrellas desde Buenos Aires a Mar del Plata. Este año, el invitado de mayor exposición mediática es el norteamericano Willem Dafoe (Pelotón, La Ùltima Tentación de Cristo), un actor notable pero no precisamente una estrella. Dafoe se encuentra promocionando A Woman (2011), el tecer largometraje de su esposa Giada Colagrande. Ni Pier Paolo Passolini, Jacques Tati o Francois Truffaut; el director más famoso que recibe estos días Mar del Plata es Joe Dante, creador de las entrañables Gremlins (1984) y Small Soldiers (1998). Dante ha venido acompañando una versión reeditada de The Movie Orgy (1968), un collage de 4 horas con imágenes bizarras procedentes de distintas fuentes del cine y la TV. Luego está Alex Cox, autor de Repo Man (1984) y Sid & Nancy (1985), entre otros clásicos ochenteros, aunque hoy esté medio olvidado. Cox también ha desempolvado sus archivos personales para ofrecer un nuevo montaje del western punk Straight to Hell (1987). Pero los cinéfilos militantes, aquellos que abatorran las cinco sedes del Festival desde las 9 a.m. hasta altas horas de la madrugada, no necesitan ser convencidos de que Dafoe, Dante y Cox son invitados de lujo, que una retrospectiva dedicada a Luis García Berlanga -con copias restauradas- es una cita imprescindible, que las muestras de nuevo cine polaco y griego son oportunidades magníficas para conocer a fondo las problemáticas de estos países y descubrir sus progresos cinematográficos. En suma, un banquete de películas nuevas y antiguas, algunas de ellas consagradas por el público y la crítica, otras esperando ser halladas, comprendidas y atesoradas aunque sea por una persona. Al fin de cuentas, los mejores festivales no solo se deben a sus programadores, sino al público y su disposición para celebrar la creatividad que encierra una película. Y Mar del Plata es acogedor con todos los que hacen cine.

En otras secciones, es posible encontrarse con lo último de Bruno Dumont (Hors Satan), Phillipe Garrel (Un Ete Brulant)e incluso Lars Von Trier (Melancolía), autores europeos que cuentan con tantos admiradores como detractores. Luego de Hadewijch (2009) esperaba un poco más de Dumont, pero salí de Hors Satan con una sensación inevitable de deja vu. El universo místico rural de La Vida de Jesús (1997) y L’Humanité (1999) sigue siendo fuente de misterio, pero los personajes -entre ellos, un ángel exterminador con rostro de hombre prehistórico- se sienten cada vez más impersonales. Sobre Melancolía -el nombre proviene de un planeta ficticio que está a punto de estrellarse contra la Tierra- hay que decir que presenta un Lars Von Trier más reposado y meditativo que el de Dogville (2003) y Anticristo (2009), menos político y provocador, pero tan agudo como siempre para desnudar el alma de sus criaturas femeninas, aquí encarnadas por las estupendas Kirsten Dunst y Charlotte Gainsbourg como dos hermanas que contemplan el fin de los tiempos desde sus propias experiencias. La mayor sorpresa de la sección dedicadas a los autores consagrados resultó ser Un Ete Brulant, un Phillipe Garrel que se desenvuelve prodigiosamente entre la comedia y el drama para contar sin sobresaltos la historia de un matrimonio de artistas que se derrumba, mientras que otra pareja amiga de ellos consolida su relación. Bajo la sombra de El Desprecio (1963), Garrel filma la crónica de un fracaso sentimental que termina en tragedia.


Claudio Cordero
Desde Mar del Plata

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