Centenario de Richard Brooks

A pesar de ser director contratado del estudio Metro Goldwyn Meyer por más de una década -su contrato lo obligaba a aceptar películas de encargo-, Richard Brooks apenas filmó tres guiones que no llevaban su firma.

| 19 mayo 2012 12:05 AM | Cine | 1.1k Lecturas
Centenario de Richard Brooks
Banquete de Bodas (The Catered Affair, 1956)

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Richard Brooks

(1912-1992) dirigió clásicos como ‘La Gata Sobre el Tejado Caliente’ (1958) y ‘El Fuego y la Palabra’ (1960). Recordamos dos de sus filmes menos famosos.
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El más memorable de ellos es ‘Banquete de Bodas’, basado en un guión televisivo de Paddy Chayefsky y reescrito por Gore Vidal. Chayefsky había causado sensación en Hollywood con el éxito inesperado de ‘Marty’ (1955), ganadora del Oscar a la Mejor Película. ‘Banquete de Bodas’ es fiel a los postulados de Chayefsky: un drama doméstico sobre gente sencilla, sin ninguna vocación de espectáculo, alejada del glamour y de las fantasías escapistas que suelen brindar los grandes estudios. La historia es tan pequeña que podría ser confundida con una anécdota, al punto que transcurre en un espacio de tiempo no mayor al de 5 días. Todo empieza una buena mañana en casa de los Hurlet, cuando Jane (Debbie Reynolds) anuncia a sus padres que se casará ese mismo fin de semana en una ceremonia sencilla. Esta noticia afectará profundamente a la madre (Bette Davis), un ama de casa aparentemente satisfecha con lo poco que tiene, pero que no puede aceptar despedir a su única hija sin hacer algo especial por ella, persuadiéndola a organizar un banquete. El problema para los Hurlet es que carecen de recursos económicos, son gente humilde que apenas pueden ahorrar unos cuantos dólares, los mismos que el padre de la familia (Ernest Borgnine) piensa invertir en comprar un taxi para sí mismo. ‘El Banquete de Bodas’ encaja perfectamente en la tradición de películas relacionadas con los preparativos de casamiento y como estos rituales tan elaborados terminan siendo una caja de Pandora, afectando a todos los que rodean a los novios, desde el familiar que se resiente por no ser invitado (maravilloso Barry Fitzgerald como el tío Jack) hasta la amiga que recibe la invitación para ser dama de honor como si fuera una humillación porque carece de dinero para comprarse un vestido. Hay un peligro latente de caer en lo sentimental pero Brooks lo evita admirablemente, sobreponiendo la dureza del entorno, sacando a flote la frustración de ser pobre, el hecho de que sea mejor o peor persona por tu capacidad de consumo. Esas observaciones sociales le dan a ‘El Banquete de Bodas’ un matiz crítico, pero también puede valorarse como el estudio de una psiquis femenina. La atribulada madre interpretada por Bette Davis ingresa a la galería de heroínas de Brooks, junto a las de ‘The Happy Ending’ (1969) y ‘Looking for Mr. Goodbar’ (1977).

Dólares ($,1971)
La década de los 60 -periodo comprendido entre ‘El Fuego y la Palabra’ (1960) y ‘The Happy Ending’ (1969)- había consolidado a Richard Brooks entre los mejores directores norteamericanos, pero la década siguiente iba ser mucho más accidentada para cualquier veterano de la industria. Brooks era casi un sexagenario cuando filmó ‘Dólares’, estrenada el mismo año de ‘Contacto en Francia’ y ‘The Last Picture Show’, es decir cuando empezaban a soplar vientos de cambios en los gustos del público y estaba a punto de producirse un recambio generacional dentro de la industria del cine. Una de esas películas que anunció el arribo del “Nuevo Hollywood” fue ‘Bonnie & Clyde’ (1967), protagonizada por Warren Beatty quien justamente es la estrella masculina de ‘Dólares’. Eran buenos tiempos para los antihéroes, para los personajes rebeldes y antisistema, no muy diferentes a los desarrollados por Brooks en ‘Los Profesionales’ (1966) y ‘A Sangre Fría’ (1967). En teoría, así también son Warren Beatty y Goldie Hawn en ‘Dólares’: él es un experto en seguridad de bancos, ella es una risueña prostituta, quizás los más improbables artífices de un millonario atraco. El problema es que, más allá del carisma de los actores, el director no simpatiza con ninguno de ellos: es imposible involucrarse con dos oportunistas con encanto pero sin motivaciones reales. ‘Dólares’ se asemeja a ‘The Italian Job’ (1969), de Peter Collinson, pieza de relojería en la que confluyen compinches de distintas habilidades para acometer un golpe perfecto. Es un ejercicio de género sin mayores ambiciones, un pequeño relajo para Brooks luego de una seguidilla de títulos personales. Quizás por eso no molesten tanto sus excesos de estilo, esos “experimentos” pretendidamente modernos pero que hoy lucen envejecidos. Se nota que a Brooks le estaba costando ponerse en sintonía con los tiempos, al menos para tomárselos a la ligera. No es casualidad que sus mejores trabajos posteriores sean un western crepuscular (‘Muerde la Bala’, 1975) y un tétrico psicodrama sobre la liberación sexual (‘Buscando al Sr. Goodbar’, 1977). Si algo distingue a ‘Dólares’ del encargo rutinario es su sabor europeo, no solo por tratarse de las aventuras de dos jóvenes yanquis en Europa (gran parte del rodaje tuvo lugar en Hamburgo) sino también por guiños cinéfilos, como ese signo de dólar que surca los cielos en la secuencia de créditos iniciales, tal como lo hacía la estatua de Cristo en ‘La Dolce Vita’ (1960), imagen que resume todo lo que Brooks quiso decir en esta comedia.


Escribe: Claudio Cordero


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