Carlos Sorín vuelve al Sur

Por lo general, una película es mala porque el guión es malo. Los problemas hay que buscarlos ahí. Cuando un guión es muy bueno, admite hasta una mala realización. Y la película sigue funcionando. Pero, en general, cuando una película no funciona, es por el guión.

| 17 noviembre 2012 12:11 AM | Cine | 1k Lecturas
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Carlos Sorín vuelve a un territorio que conoce muy bien: la Patagonia. Días de pesca (2012) narra el encuentro entre un padre exalcohólico (Alejandro Awada) y su hija (Victoria Almeida), a quien no ve hace años. Reproducimos aquí la entrevista realizada por Ezequiel Obregón de Escribiendo cine

–Con esta película vuelves nuevamente al Sur. ¿Fue algo muy premeditado?
–La gran ventaja que tengo allá, primero, es el apoyo local. Desde la gente, las autoridades, las instituciones. Un apoyo absoluto e inimaginable acá en Buenos Aires. No económico, pero te dicen a todo que sí. Y eso es una gran ventaja cuando haces películas con presupuestos limitados. Y el segundo hecho es que como te vas a 2.500 kilómetros de Buenos Aires filmas muchas semanas sin internet. Tampoco hay cobertura para el celular. Estás en una especie de aislamiento, de retiro espiritual, que hace que la película sea el único elemento en el cual te concentras. Están los actores y los técnicos: no hay otra cosa.

–Y a nivel técnico, ¿cuáles son las particularidades de filmar en el Sur?
–Es muy difícil fotografiar la Patagonia. En general, me pasa que cuando veo allí, con los dos ojos, todo me resulta mucho más impactante de lo que filmas. No es lo mismo. De todas maneras, hay algunas constantes que a mí me gustan más allá del cine: la distancia, la lejanía, las rutas vacías. Esa soledad me gusta mucho. No sé por qué, pero me gusta.

–El título de la película no apunta al objetivo principal del protagonista: encontrarse con su hija. Él aprende a pescar, una actividad que es lateral al conflicto.
–Yo creo que un personaje como el de Marcos niega cosas, y por lo tanto altera la escala de valores. Para él, ir a pescar es muy importante, según dice. Y, además, dice que va a ver a su hija. Cuando vemos la película nos damos cuenta de que en realidad es al revés. Va a ver a su hija y además se pone a pescar. De cualquier manera, en un caso como el de él, que es un exalcohólico, una actividad física de ese tipo le viene bien. Eso forma parte de su terapia. Y en la película funciona, de alguna forma, como un falso objetivo.



–¿Y cómo es el trabajo previo al set, ensayas?
–No, no. A los actores les di el guión, hablamos un poco del personaje. Yo en general no ensayo. Ensayo lo menos posible. Hay un trabajo propio de los actores, en el que no me meto. Sí lo hago cuando empiezo a filmar, e intento guiarlos si hace falta.

–En el vínculo entre un padre y una hija, ¿sentís que ésta es una película generacional?
–No sabría decirte, no lo sé. Me parece que los conflictos entre padres e hijos son a-históricos. Suceden en todas las épocas. Es probable que mi relación con mis hijos sea distinta a la mía con mi padre, en ese sentido puede ser. Pero no hago ese tipo de reflexiones, aunque es válido hacerlas después.

–En “Eterna sonrisa de New Jersey” (1989) filmaste con Daniel Day-Lewis, ¿volverías a trabajar de esa forma, con una coproducción entre Argentina y un país anglosajón?
–Esa película es una mala película. La invitaron a San Sebastián y yo no fui. El director del festival de esa época me lo recordó, me daba vergüenza presentarla. También la película es mala porque el guión es malo. Siempre, los problemas hay que buscarlos ahí. Cuando un guión es muy bueno, admite hasta una mala realización. Y la película sigue funcionando. Pero, en general, cuando una película no funciona, es por el guión.

¿Vas a volver a firmar en el Sur?
Yo ahora estoy trabajando tres historias, no sé con cuál de las tres voy a arrancar. O capaz que aparece otra cuarta. De esas tres historias, dos están en el Sur. Y la otra está en Buenos Aires.

–Durante muchos años te dedicaste a la publicidad. ¿Cómo recuerdas aquel tiempo?
–Ya no me dedico más a la publicidad, lo hice muchos años y tengo la sensación de que pude haberla dejado antes. La publicidad me dio un training técnico que lo uso, que forma parte de mi bagaje como director. Y me dio plata. A mis dos primeras películas las hice con la publicidad.

–¿Qué directores más jóvenes, o películas recientes, admiras?
–Santiago Mitre me parece bárbaro. Y Las Acacias (Pablo Giorgelli, 2011) me parece una película soberbia. Me encantó La chica del Sur (2012), de José Luis García, que es un documental excepcional. Viene una generación de directores con mucha potencia.


Por Ronald Portocarrero


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