Camino a la Libertad

En muchos sentidos, ‘Camino a la Libertad’ es una película fuera de época. Empezando por su argumento, una revisión histórica de los campos de concentración levantados por Stalin en Siberia, los tristemente célebres gulag. Más que un filme político (que no lo es), ‘Camino a la Libertad’ es una reflexión amarga sobre el siglo XX y los horrores ocasionados por las ideologías totalitarias.

| 15 octubre 2011 12:10 AM | Cine | 2.3k Lecturas
Camino a la Libertad
Tras una década apartado de las cámaras, el maestro Peter Weir (Sydney, 1944) retorna al cine por la puerta grande y nos obsequia uno de los mejores estrenos del año.

Más datos

CALIFICACIÓN **

‘Camino a la Libertad’ es el décimo tercer largometraje de Peter Weir, director 4 veces nominado al Oscar: por ‘Testigo en Peligro’ (1985), ‘La Sociedad de los Poetas Muertos’ (1989), ‘The Truman Show’ (1998) y ‘Capitán de Mar y Guerra’ (2004).
2303

Por otro lado, es una película de aventuras a la vieja escuela, filmada en escenarios naturales (prescindiendo casi por completo de efectos digitales) y encuadrada en formato ancho, ideal para ser vista en pantalla grande. Pero la mayor prueba de que nos encontramos ante una obra a contracorriente de los tiempos que corren, reside en su discurso anti-individualista; la misión del protagonista (interpretado por Jim Sturgess) solo será exitosa si logra constituir un grupo solidario.

Es difícil contar una historia parecida que ocurra en el presente, no porque hayan desaparecido las dictaduras sino porque la tecnología ha reducido las distancias, pero su po-der emocional permanecerá intacto mientras asumamos la vida como una lucha constante contra fuerzas superiores, sean naturales o instituidas por el mismo hombre.

Aunque muchos han cuestionado la veracidad de los hechos (supuestamente está basada en una historia real), los protagonistas de esta épico emprenden la hazaña de cruzar Siberia a pie, una región prácticamente inhabitable. El clan está compuesto por sujetos de distintas nacionalidades (rusos, polacos, letones, yugoslavos, incluso un norteamericano), entre criminales y prisioneros políticos, viajan sin guías ni mapas, sin abrigo ni víveres, guiados por el instinto y la ilusión de llegar a la lejana frontera con Mongolia. En algún punto, estos fugitivos del Kremlin se convierten en simples caminantes, en vagabundos que no pueden detenerse porque de lo contrario el desierto acabará con ellos. La ausencia de un antago-nista, de un villano al acecho, no le resta un ápice de dramatismo a esta odisea en la que percibimos la insignificancia del hombre al lado de la naturaleza y su geografía. Para que los aventureros sobrevivan en estas condiciones, deberán apelar a toda su fortaleza física y mental. De lo contrario, morirán.

En esta época de comodidades y lujos, uno de los mayores espectáculos consiste en observar cómo una o varias personas se enfrentan a situaciones extremas y salen airosas. El director Peter Weir tenía todo a su favor para emular al Christof de ‘The Truman Show’ (1998) y manipular las emociones del espectador a la manera de un reality show. Pero Weir –quizás el mejor cineasta australiano de la historia- es demasiado sobrio para ceder al sentimentalismo y demasiado romántico para caer en la vulgaridad. ‘Camino a la Libertad’ es una película llena de matices, con pasajes durísimos, de aquellos en los que cuesta mirar a la pantalla (por ejemplo, la escena en que los prófugos se disputan un animal muerto con los lobos, o los planos detalle que corroboran el declive físico de los involucrados), pero también con momentos jubilosos, ya que al fin y al cabo es un relato inspirador, una crónica límite de aprendizaje. La película no sería lo que es de no ser por su atención a los personajes, no como individuos heroicos sino como integrantes de un grupo humano, de una comunidad que encuentra sus propias formas de interactuar, que desarrolla sus propios códigos de honor, y en la que cada uno cumple una función específica. Es el mismo universo poético de ‘Gallipoli’ (1981), ‘La Sociedad de los Poetas Muertos’ (1989) y ‘Capitán de Mar y Guerra’ (2003) pero llevado al otro lado del mundo. Por último añadir que Ed Harris ofrece una de las mejores actuaciones de su carrera como el hermético Mr. Smith y que Colin Farrell se roba todas sus escenas como el salvaje Valka, un criminal que resulta tan peligroso como fiel a sus ideales.


Claudio Cordero


¿Quieres debatir este artículo? prueba abriendo un tema en nuestros foros.


...
Diario La Primera

Diario La Primera

La Primera Digital

Colaborador 1937 LPD