Bafici 2012 Segunda Parte

La edición décimo cuarta del Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires se llevó a cabo del 11 al 22 de abril, ratificando ser una cita obligatoria para los cinéfilos de América Latina. Compartimos algunas impresiones sobre este gran evento.

| 28 abril 2012 12:04 AM | Cine | 980 Lecturas
Bafici 2012 Segunda Parte 980

Los festivales importan
Hay quienes dicen que los festivales ya no son necesarios, que basta darse una vuelta por Polvos Azules para sentirse como en Cannes o Venecia ¡y desde la comodidad de tu casa! Esta opinión es respetable pero demasiado egocentrista. Los festivales no solo son necesarios para el cinéfilo militante, también lo son para la ciudad que los organiza, y sobre todo para los cineastas que hacen películas al margen del circuito comercial. Los festivales como el BAFICI no solo importan porque a lo largo de doce jornadas pueden verse muchas películas extraordinarias. Quizás su principal función sea darles una vitrina a los directores argentinos, convirtiéndolos en protagonistas de su propio festival. Sin el BAFICI, sus obras circularían clandestinamente, tendrían un recorrido discreto por las salas de estreno o por cine clubes para después perderse en el olvido. En ese sentido, el gran logro del BAFICI es haber contribuido en la formación de una cinematografía nacional tan audaz y vital como la de cualquier otra en Europa. Es cantera y punto de encuentro para cineastas, críticos, programadores de festivales.

Cine casero
Se suman dos constantes en la historia del BAFICI: el híbrido entre ficción y documental y el cine como diario personal, como testimonio en primera persona. La tecnología digital le ha calzado como un guante a este tipo de propuestas y todas sus combinaciones posibles. Por un lado están los maestros que descubren en el digital un medio liberador (Jafar Panahi con ‘This Is Not a Film’, Alain Cavalier con ‘Pater’), que hacen películas en el interior de sus propias viviendas, como jugando con los amigos o como una forma de matar el tiempo, mientras que otros dirigen la mirada hacia sus seres queridos, convirtiendo en objetos de estudio a la madre (‘Hija’, de María Paz González), al padre (‘La Parte Automática’, de Ivo Aichenbaum; ‘Il Sorriso del Capo’, de Marco Bechis), a la tía (‘Sibilia’, de Teresa Arredondo), al hermano (‘Caíto’, de Guillermo Pfening), al hijo (‘Photographic Memory’, de Ross Mcelwee) o a toda la familia en conjunto (‘Papirosen’, de Gastón Solnicki). Por supuesto que estas indagaciones acaban siendo una forma de conocerse a uno mismo ya que está detrás el tema de la identidad.

Bazofi
Así como BAFICI apuesta por un cine abiertamente artístico, que de alguna forma no es reconocido en los grandes festivales ni los libros de historia, otro punto en su agenda es la vanguardia, descuidando intencionalmente lo clásico para proyectarse hacia el futuro, función que ha cumplido cabalmente. Alguna vez ofreció retrospectivas de Roberto Rossellini y Michael Powell, incluso tenía una sección llamada “Rescates”, pero eso quedó en el pasado. La excepción este año fue ‘Viaje a la Luna’ de Georges Melies (1901), exhibida en copia restaurada, coloreada y musicalizada por Air. Esos 15 minutos fueron impagables y nos recordaron que a veces lo clásico puede ser lo más adelantado a la época. Está claro que BAFICI tiene una línea que pocos festivales en el mundo se atreverían a seguir, pero creemos que su fobia al cine antiguo puede dar un mensaje equivocado hacia aquellos que no conocen ni quieren saber nada con lo clásico. Lo último que queremos es que BAFICI sea un patio de recreo para el crítico esnob. En este contexto, la aparición de un festival insolente e irónico como BAZOFI (organizado por Fernando Martín Peña) es síntoma saludable de que no existe un discurso discriminatorio para los que amamos el cine por encima de cualquier moda o etiqueta.



El consenso es imposible
O los fallos de los jurados son siempre discutibles, desde Cannes hasta el Festival de Lima. El del BAFICI no podía ser la excepción. El jurado internacional estuvo integrado por Miguel Gomes (director de ‘Tabú), Christoph Huber (crítico de cine), Pilar López de Ayala (actriz de ‘En la Ciudad de Sylvia’), Rodrigo Moreno (director de ‘El Custodio’), Peter Von Bagh (historiador, crítico y director de cine). El palmarés fue repartido de la siguiente manera: Mejor Película para ‘Policeman’ (Israel), Mejor Director para Nadav Lapid (‘Policeman’), Premio Especial del Jurado para ‘Germania’ (Argentina), Mejor Película Argentina para ‘La Araña Vampiro’, Mejor Actor para Martín Piroyansky (‘La Araña Vampiro’), Mejor Actriz para Zoé Heran (‘Tomboy’). No hubo ni un solo reconocimiento para las notables ‘La Casa Emak Bakia’ de Oskar Alegría y ‘Francine’ de Melanie Shatzky y Brian M. Cassidy. Lo que pocos podrán discutir es que el nivel de la Competencia Internacional fue uno de los más bajos en años. En cambio, la Selección Oficial Argentina y Cine del Futuro mostraron gran nivel.



Al sur de Sudamérica
Si la cinefilia fuera una actividad turística, las indicaciones que le daríamos a un extranjero necesitado de buenas películas es que se traslade a Argentina o a Chile o a Brasil. Incluso podría ir a Uruguay por un fin de semana pero de ninguna manera lo mandaríamos al Norte o al Centro de la región. No lo decimos nosotros sino los programadores de BAFICI. Basta señalar que Chile estuvo representado por 9 películas, mientras que Bolivia, Ecuador, Colombia, Venezuela, Paraguay sumaron un total de 8 largometrajes. Perú apenas figuró con el documental ‘Esas Voces Que Curan’, de Delia Ackerman y Heather Greer, presentado en la sección Imágenes Paganas. Esta no es casualidad: es una prueba más de que somos últimos en Sudamérica. Como en el fútbol.


Escribe: Claudio Cordero


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