Ana Guevara y Leticia Jorge, presentan su ópera prima

El cine uruguayo es poco conocido y una nueva película siempre es bien recibida. Las cineastas uruguayas Ana Guevara y Leticia Jorge continúan su periplo festivalero con “Tanta agua”, ópera prima estrenada hace varias semanas en la Berlinale, recién presentada en el Festival de Cartagena y desde la próxima semana en la competencia de Guadalajara. Coproducida entre Uruguay, México, Holanda y Alemania, tiene como intérpretes a Malú Chouza, Néstor Guzzini y Joaquín Castiglioni. Ganó el premio Norteado en la última edición del Cine en Construcción del Festival de San Sebastián, el año pasado, lo que facilitó su terminación. Este mismo mes de febrero tuvo su premiere mundial en el certamen berlinés, donde sus jóvenes directoras hablaron en exclusiva con NOTICINE.com., que reproducimos aquí.

| 02 marzo 2013 12:03 AM | Cine | 1.8k Lecturas
Ana Guevara y Leticia Jorge, presentan su ópera prima 1893

- ¿Qué cuenta “Tanta agua”?
Ana Guevara: Hicimos esta película sobre un padre divorciado y sus hijos, que van de vacaciones a una terma, pero como está lloviendo sin parar su intención de disfrutar de esos días se desmorona. La esencia de la historia es la relación entre el padre y la hija, de 14 años, en la que ninguno conoce suficientemente bien al otro. Las vacaciones servirán para que se descubran.

- ¿Cuál fue la inspiración para el guion que escribieron entre ustedes dos?
Leticia Jorge: Está inspirada en algo que me pasó a mí cuando tenía 8 ó 9 años, en unas vacaciones con mis padres en un lugar similar al de la película, y nos llovió todo el día y mi papá se puso muy de mal humor. Fue todo como una especie de gran vacación frustrada y fallida. La idea era retomar eso con una hija adolescente que ya tuviera sus propios problemas en una adolescencia incipiente, y que le apetecía estar en cualquier otro lado que no fuera con su papá. Lo que hicimos fue tratar de retomar todo eso, y hacerlo con humor y liviandad. La idea es que la película sea graciosa. El énfasis estuvo allí.



- ¿Por qué la codirección?
L.J.: La hicimos juntas porque somos amigas desde la facultad y ya habíamos hecho dos cortos juntas. Escribir las dos es además de divertido enriquecedor. Charlamos mucho sobre todo, y compartimos muchos puntos de vista sobre las cosas, que es lo más importante. Tuvimos a lo largo de la vida experiencias parecidas con nuestros padres, vacaciones que salieron mal... Teníamos además una misma manera de verlo.

- A la hora de filmar, ¿se repartieron las funciones o las compartieron?
A.G.: Nosotras no hicimos un reparto de funciones en el rodaje, ni tampoco antes. Trabajar juntas es algo que hemos desarrollado durante todo este tiempo y encontramos un método. Cada vez que hacemos algo juntas la dupla se enriquece. No es necesario dividir ningún rol. También en los previos cortos, lo que hicimos mucho fue ensayar con los actores y nos lo tomamos como si fuera un ensayo para nosotras mismas a la hora de rodar luego con el equipo. Trabajar con gente requiere eso. Hay veces que es hasta mucho más lindo ser dos, porque no todos los requerimientos caen sobre una sola persona, y somos dos para lidiar con determinadas cosas. Es más divertido así.

- ¿Les resultó complicado poder producir la película?
L.J.: Fue largo, pesado, difícil... Complicado, sí. Estuvimos bastante tiempo para conseguir la plata para poder filmar. Al ser una ópera prima resultaba más difícil de financiar. No teníamos respaldo previo que nos habilitara, y necesitábamos una infraestructura mínima que no se podía hacer con 0 pesos. Había que filmar fuera de Montevideo, del lugar donde vivimos, trasladar a todo el equipo, había niños, lluvia artificial y natural... Si bien no era un rodaje caro, requeríamos de ciertos medios. El World Cinema Fund de la Berlinale nos apoyó, también ganamos un fondo en Uruguay, y con eso pudimos pagar lo que fue la filmación. Era digital y por tanto pudimos editarla nosotras mismas. El equipo también aceptó ciertas condiciones. Hicimos una “ruta de work in progress”. Fuimos a San Sebastián, Toulouse... y eso nos ayudó a terminar la película en tiempo y forma. Fue como sacarse la lotería, porque no sabíamos mucho lo que iba a pasar. Estábamos muy conscientes de lo que teníamos y de lo que queríamos hacer. Antepusimos las ganas de hacerla, porque financieramente no parecía muy evidente que hubiera una luz al final del camino. Tratamos de ser muy responsables y no dejar de hacer nada que la película necesitara pero tampoco hacer cosas que no pudiéramos pagar.


Por Ronald Portocarrero


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