Amores que matan

En los años 50 era la estrella más rutilante en el firmamento de Hollywood. Era alto, guapo, masculino, deseado por millones de mujeres en el mundo entero. Pero fuera de la pantalla Rock Hudson ocultaba su verdadera identidad.

Por Diario La Primera | 22 ago 2010 |    
Amores que matan
ROCK HUDSON

Se llamaba Roy Harold Scherer Jr. Y había nacido en Winnetka, Illinois, en 1925. Su madre era su referente afectivo toda vez que el padre los abandonó durante los años de la gran depresión. Pero el muchacho crecía y pronto fue reclutado durante la II Guerra Mundial y destinado a Filipinas. Al concluir la guerra, se trasladó a Los Ángeles para tratar de convertirse en actor, a pesar de su timidez, pero la Universidad del Sur de California no lo admitió en la escuela de arte dramático por su escaso talento.

Mientras esperaba ver cumplido su sueño, trabajaba como chofer de furgonetas para pagar sus necesidades básicas. Pero el destino ya estaba escrito y un buen día, un agente lo descubre y le hacen las pruebas necesarias. Sin embargo, no podía llamarse Roy. Entonces el estudio que lo contrató le puso un nombre más duro, Rock Hudson.

La maquinaria publicitaria de la industria le hizo aparecer en las portadas de casi todas las revistas. Fue en 1948 cuando hizo su primera aparición en la pantalla y al tiempo que recibía un sólido entrenamiento como actor.

Poco a poco iba haciendo su carrera y tras títulos como “Escrito en el viento”, “Sólo el cielo lo sabe” o “Gigante” su prestigio crecía rápidamente. Fue con “Gigante”, la película de George Stevens, que conoció a su amiga de toda la vida, Elizabeth Taylor, y obtuvo la única nominación a los premios de la Academia.

Pero la fama también es una cárcel, peor aún cuando se es homosexual y en ese tiempo era imposible confesarlo. Entonces el estudio, para acallar los crecientes rumores sobre las preferencias sexuales de su masculino astro, lo obliga a casarse para seguir haciendo dinero con su imagen de poderoso y atractivo macho. En 1955 se casa con Phyllis Gates, la secretaria de su agente. Se publicaron montañas de fotos de la boda, en un vasto operativo mediático para desvirtuar lo que ya todo el mundo del cine sabía. El matrimonio duró apenas tres años, pero el secreto se mantuvo por 40 años para el público, hasta que en julio de 1985 confesó que se estaba muriendo de Sida, causando una verdadera conmoción porque en ese entonces la “peste rosa” era tan temida como desconocida. Y más aún tratándose del bello y apolíneo Rock Hudson que ahora aparecía demacrado e irreconocible. Tres meses después de su confesión, el famoso actor fallecía por complicaciones en su salud derivadas del Sida. Era el 2 de octubre de 1985.

A partir de entonces y gracias al caso de Rock, la pandemia del Sida se vio como una enfermedad que había que vencerla. Antes de morir donó parte de su fortuna para crear una entidad que investigue las causas de la enfermedad y procure un remedio que detenga tanto dolor y tanta muerte inútil.

Ronald Portocarrero
Redacción

    Diario La Primera

    Diario La Primera

    La Primera Digital
    Diario La Primera comparte 119376 artículos. Únete a nosotros y comparte el tuyo.