80 Años de ‘Caracortada’

La consolidación del sonido como estándar para las producciones de Hollywood –hasta 1929 aún se producían películas mudas, cada vez en menor cantidad- conquistó para el cine un mayor grado de realismo. Las condiciones sociales que atravesaba EE.UU. –que empezaba a sumergirse en la Gran Depresión- también estaban dadas para la aparición de un cine menos artificial, cada vez más atento a lo que sucedía en las calles, a lo que publicaban los diarios en sus portadas.

| 07 abril 2012 12:04 AM | Cine | 2.8k Lecturas
El 9 de abril de 1932 fue el estreno oficial de este clásico del cine de gángsteres, el mismo que fue rehecho en 1983 por Brian De Palma y con Al Pacino como estrella.
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Eran los años de la Prohibición, vender alcohol era un delito federal, y Chicago era la capital del crimen organizado. De pronto los hampones se convirtieron en celebridades: vivían al filo del peligro, gozaban de lujos inaccesibles para cualquier norteamericano promedio, pero sus cabezas tenían precio. Hollywood tardó algunos años en darle forma al subgénero, existían antecedentes como ‘Regeneration’ (1915), de Raoul Walsh, y ‘Underworld’ (1927), de Josef von Sternberg, pero el cine de gángster en su forma más pura no va nacer hasta 1931, año en el que se estrenan ‘Little Caesar’ (1931), de Mervyn LeRoy, y ‘El Enemigo Público’ (1931), de William A. Wellman, sonados éxitos comerciales de Warner Brothers, el estudio más audaz de los primeros años del sonoro, los mismos que introdujeron la tecnología en 1927 con ‘El Cantante de Jazz’. ¿Qué habría sido del cine de gángsters sin el ruido de las balaceras, de las explosiones? Posiblemente jamás habría sido un fenómeno popular. Y las carreras de Edward G. Robinson (Rico Bandello en ‘Little Ceasar’) y de James Cagney (Tom Powers en ‘El Enemigo Público’) difícilmente habrían despegado. Ser un gángster en la vida real y hacer de gángster en la ficción eran igual de sensacionales.

Hollywood tomó nota de que el público estaba ansioso por ver más historias de rufianes que transgredían las leyes con tal de salirse con la suya, no importaba que después pagaran con sus vidas porque todo era parte de una fantasía romántica: salir de las cloacas, ser temido por los hombres, ser deseado por las mujeres, tener el mundo en tus manos. El estudio Universal acogió la iniciativa de Howard Hughes –el excéntrico millonario acababa de estrenar ‘Los Ángeles del Infierno’ (1931)- quien estaba decidido a producir una película de gángsteres. Hugues contrató a Howard Hawks, en aquel entonces uno de los directores jóvenes más talentosos en la industria. Hawks estaba por su cuarta cinta sonora, se había iniciado en el cine mudo, pero todavía estaban lejanos los días de ‘Bringing Up Bay’ (1938), ‘His Girl Friday’ (1940), ‘El Sueño Eterno’ (1946), ‘Río Rojo’ (1948), ‘Río Bravo’ (1959), las obras maestras por las que todos los recuerdan. El guión de ‘Caracortada’ fue escrito por Ben Hecht, alias el “Shakespeare de Hollywood”, tomando como punto de partida la novela homónima de Armitage Trail, supuestamente basada en la vida de Al Capone. La visión de Howard Hawks era trasladar la historia de la familia Borgia al Chicago del presente, lo que era posible en el Hollywood anterior a la censura, cuando las películas tenían permiso para ser violentas y abiertamente sexuales. El mismo Hawks se encargó de encontrar a los actores principales, incluyendo a Paul Muni, quien se había mudado a Nueva York para hacer teatro. Su regreso a la pantalla grande no pudo ser más triunfante porque ese mismo año trabajó en ‘I Am a Fugitive From a Chain Gang’, de Mervyn LeRoy, otro éxito de 1932.

Han pasado 80 años desde que ‘Caracortada’ estremeció al mundo con su crudeza, siendo considerada en su época como la película más violenta producida en Hollywood. Por supuesto que los espectadores modernos estamos acostumbrados a ver imágenes de gran realismo, que no escatiman detalles morbosos, no obstante el carácter subversivo del filme de Howard Hawks sigue estando allí para el que quiera y pueda verlo. Es increíble lo bien que ‘Caracortada’ ha resistido el paso del tiempo, sus audacias técnicas (los movimientos de cámara, la fotografía expresionista, las elaboradas escenas de acción) siguen siendo admirables, sobre todo por lo bien que se integran a la narración. El uso simbólico de la letra X -aparece cada vez que se comente un asesinato- es un guiño al público que rompe con las reglas del estilo clásico. Por encima de todo está el personaje de Tony Camonte (extraordinario Paul Muni), un psicópata de antología, un inmoral por naturaleza que también puede ser encantador e incluso más humano que los policías que lo acechan. Hawks creó un universo sórdido donde un sujeto como Camonte podía ser rey, lo hizo con humor negro y sin sentimentalismos, lo que provocó más de una pelea con los censores, quienes se habían reforzado para frenar la ola de filmes de gángsteres, considerados “una mala influencia para la juventud”. De hecho se podría decir que ‘Caracortada’ trajo como consecuencia la implementación del Código de Producción, una forma de autocensura que rigió en Hollywood por varias décadas. Fue así como se le impuso el subtítulo “La Vergüenza de una Nación” y se agregaron un par de escenas para suavizar el tono, incluyendo un final ajeno al deseo de los cineastas.


Por: Claudio Cordero


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