Tranquilos nomás

Acorralado por una creciente protesta en varios puntos del país, presionado por los ojos del mundo y jaqueado por un paro nacional de tres días, el gobierno tuvo que retroceder y derogar, al fin, los decretos legislativos 1090 y 1064, que nacieron en las entrañas de Palacio de Gobierno sin consulta previa y que atentaban contra los intereses nacionales.

Por Diario La Primera | 20 junio 2009 |  1.2k 
Tranquilos nomás
Simon atinó a conversar en serio con nativos y proponer la derogatoria sólo después de ver muertos.
No hay por qué celebrar, los muertos no resucitan ante un retroceso engañoso.
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Luego de la derogatoria tardía y obligada, no hay por qué celebrar; pues la tragedia de aquel infausto viernes cinco de junio, las muertes de policías y civiles, el llanto de las madres y los desconsuelo de los hijos, la desesperación de familiares de los desaparecidos, no se alivian con un retroceso obligado y un mensaje engañoso del presidente Alan García.

Hay un grave problema estructural en la conducción del gobierno, que la gente sabe pero como que no quiere darse por enterada. Un presidente que rehúye su responsabilidad e insiste en culpar de la tragedia a otros: los violentistas, los extremistas; gente foránea, los ignorantes, la desinformación.

Un primer ministro que atina a conversar en serio con los dirigentes nativos y proponer la derogatoria de los decretos sólo después de ver muertos y gente en las calles dispuesta a todo; un jefe del gabinete que tampoco tiene la culpa de nada y que ahora, quizá piensa, que debe quedarse en el cargo porque fue él quien anunció la derogatoria de las normas en Chanchamayo.

Una ministra del Interior, fuerte con los débiles, que, con cinismo, dice no tener responsabilidad alguna de los enfrentamientos fraticidas en Bagua, que con ella no es, que con el presidente de la República, tampoco; que los responsables deben ser los mandos policiales o quizás otros, pero que ella tiene la frente en alto y que si hablan de responsabilidades que a ella ni la miren. Una ministra de Comercio Exterior, cuyo pensamiento vaga en el exterior de la realidad del país, que defendió y defiende los decretos legislativos sabiendo que fueron hechos saltándose la “pequeña cosita” de la falta de consulta.

Ni que hablar de nuestro ministro de Defensa, Ántero Flores Aráoz, el que no ayudó a los policías en la Estación 6 del Oleoducto de Petroperú que murieron de una manera brutal; ministro al que lo ampayaron hace unos años lanzando declaraciones racistas contra unos pobladores andinos.

Ah, los otros ministros, más de lo mismo. Hay un grave problema estructural en la conducción del gobierno, hay un grave problema en el gabinete, que la decencia debe obligar a que se aparte del gobierno.

La derogatoria de los decretos legislativos apacigua en todo el país el ánimo beligerante de los ciudadanos ante un presidente García que escucha a los ricos y obvia a los que votaron por él. La derogatoria baja las tensiones, pero no soluciona los problemas pendientes, no calla el hambre. Hay otros decretos más, hay promesas incumplidas, hay compromisos pendientes, grita Andahuaylas; hablan los profesores, las enfermeras, los empleados, los estudiantes. Vienen más problemas, que otro gabinete debe enfrentarlos o ¿nos quedamos con Simon?

Paco Moreno
pmoreno@diariolaprimeraperu.com

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