Tiempo de AH1N1

De mirada pícara, Juanita, de 10 años, gordita de trenzas enormes, está feliz porque se han adelantado sus vacaciones de medio año; Pedro, coetáneo de Juanita, amable devorador de libros de cuentos y flojo para los deportes, indica que está chévere lo de las vacaciones adelantadas porque detesta a la profesora de Educación Física; Manuel, el aplicado de la clase, de antejos grandes de carey, un poquito mayor que los dos, no está tan contento. “Pero está bien el cierre de los colegios en peligro, porque la prevención es buena siempre”, dice.

Por Diario La Primera | 11 jul 2009 |    
Tiempo de AH1N1
La enfermedad de sigla curiosa cunde sin freno. Algunos se alegran.
Niños felices por el cierre de colegios. Sólo falta que García diga que el cambio de gabinete debe esperar para prevenir la propagación de la influenza en Palacio.

Los niños se quedarán en el barrio en espera de indicaciones. Ha cundido el miedo por el avance de la gripe de códigos raros; esa gripe que va dejando muertos, borrando noticias, creando especiales de páginas enteras, y, como dicen los escribanos de deportes, se perfila como brava competencia de la abenciamanía.

Ha cundido tanto la influenza (cerca de 1500 casos) que los entendidos luchan para influir y se cierren hasta los estadios, lo cual estaría bien porque la prevención es mucho mejor que un Alianza-U dominical frío, sin brillo.

Juanita se ríe por el odio de Pedro a su profesora de Educación Física. “El odio de Pedro no es porque no le gusta hacer deportes sino porque está enamorado de la profesora y sabe que ella jamás le hará caso porque tiene un novio deportista, alto y bonito”, dice. Pedro quiere vengarse y la mira como un toro y ella se escapa y Pedro le grita: “La gripe porcina te alcanzará”. “¿Porcina?, porcino tú”, exclama Juanita desde lejos.

Manuel no entra en el juego, está preocupado y lanza una apurada reflexión: “En realidad, deben cerrar todos los colegios ya. Debe tomarse medidas radicales, porque no debemos permitir que haya un muerto más. Hay que seguir lo que hizo México, por ejemplo. Pero no sólo debe prevenirse la propagación de esta gripe sino de otras enfermedades. En el sur hay también peligro de muerte por el frío”. Pedro escucha y calla, asiente con la cabeza. La niña de las trenzas largas regresa al grupo y pide perdón a Pedro y dice que Manuel tiene razón.

Anoche ha llovido y las veredas están aún mojadas. Los niños están abrigados de manera excesiva; chalinas largas, grandes gorras de lana, guantes gruesos. Veo que del bolsillo de Pedro se escapa el hilo de una mascarilla; y de pronto empiezo a toser y sigo tosiendo, y por el temor al estornudo ante los niños me cubro la nariz con mis brazos.

“Pedro, ponte tu mascarilla que el señor puede tener la influenza”, dice Juana y sigue jugando con sus trenzas. Pedro no le hace caso. Manuel se ríe. “Sí, Pedro, ponte la mascarilla”, digo. Se la pone y Juanita dice: “Quédate así, que te ves mucho mejor”. “Muchos mejor te verás tú después de un puñete”, se defiende Pedro.

Manuel otra vez no entra en el juego y lanza un comentario: “El nuevo ministro de Salud la tendrá difícil. Veremos qué pasa”. Manuel no está enterado que quizá el ministro Óscar Ugarte quiere quedarse como sea, aunque su compañero Simon se vaya. Lo que Manuel sí sabe es que una gripe no puede ponernos en jaque. “Alguien tiene que hacer algo urgente”, dice.

A estas horas de la mañana el frío endurece y los niños con vacaciones adelantadas deben ir a sus casas. “Saludos a Alan”, me dice Juana, quien por lo dicho parece se ha enredado con sus trenzas. Vaya, “saludos a Alan”. Sólo espero que el presidente García no diga que el cambio de gabinete debe esperar para prevenir la propagación de la influenza en Palacio.

Paco Moreno
pmoreno@diariolaprimeraperu.com
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