Los amantes de Vargas Llosa

Siempre me he sentido cómodo en medio de gente que habla, digamos, mal de Mario Vargas Llosa en sus dos facetas más destacables, como político y, claro, como escritor. Sabemos ya su historia política, grandes errores y diminutos aciertos, y la conclusión más acertada es que “es mejor narrador que político”. Nunca debió haber salido de su quehacer literario.

Por Diario La Primera | 09 oct 2010 |    
Los amantes de Vargas Llosa
Ahora con el Nobel sus seguidores aumentarán cada día más, aunque algunos seguirán pensando lo mismo sobre el gigantesco número de sus libros.

Más datos

“Creía que ya no era candidato. La sorpresa ha sido total, tanto que esta mañana pensé que podía ser una broma (…) Me da un poco de vergüenza recibir el Nobel que no llegó a recibir Borges”, dijo Vargas Llosa, a quien en Arequipa le harán un monumento.

MEMORABLE

No hay duda en que Vargas Llosa es grande entre los grandes, y que “Conversación en la catedral” puede ser la cima de su talento; pero no todo lo suyo es memorable y hasta podría decirse, por lo tanto que ha escrito, que la mayoría de sus libros no iguala esa vena poderosa y vital de “Conversación…”.

GARCÍA

No hagamos de esto el festejo oportunista que pretende hacer García, quien le impidió a Vargas Llosa ser presidente de la República, además quien hace poco defendió hasta el final la amnistía encubierta del decreto legislativo 1097 por el cual renunció el escritor al Lugar de la Memoria.
Como narrador ha conseguido a lo largo de décadas lectores-amantes de todos los colores y todos los tamaños, y desde todas las partes del mundo. Su obra tiene pasaporte libre. Aquí sus amantes son la mayoría.

Conozco a una lectora insomne que agradece padecer este mal sólo por el hecho de que le permite leer durante las madrugas la prosa industrial de Vargas Llosa sin ser interrumpida por nadie. Le ha ofrecido cura a esta lectora-insomne; pero ella dijo: alto, me falta esa ruma de libros.

Está aquel lector que se alucina su biógrafo y su amigo del alma que compra todo lo referido a él como si fuese un fan enamorado de una estrella de rock. Cierto día, he visto a este lector lanzarse a la pelea contra alguien que dijo “Mario es un derechista”. Es un lector-guardaespaldas, digamos.

Hay de esos que le escriben cartas después de cada libro leído y de los que lo leen en el apasionado afán de conocer todo, pero que nunca conseguirán porque el escritor es más rápido que el lector y ya ha publicado otra novela y otra que, según los críticos, la novela que está escribiendo ahora será mejor que aquella que acaba de publicarse.

Existe la lectora que nunca lo ha tocado, ni saludado siquiera de lejos; pero que cada vez que viene a Lima siempre está ahí en todas sus presentaciones públicas, en un lugar cerca de una esquina mirándolo enamoradísima y suspirando, qué hombre, qué hombre; mientras acaricia un libro suyo.

Está el que lo lee tanto con la ilusión de escribir como él; pero al final le sale sólo algo parecido a lo que escribe Bayly, a quien deberíamos hacerle un monumento por lo que está haciendo en el proceso electoral que huele a fraude.

He oído a profesores asombrarse por “La ciudad y los perros”, “La casa verde”, “La guerra del fin del mundo”; he leído ensayos, loas, reseñas, proclamas, discursos a su favor; pero no he visto a nadie que haya subrayado un pasaje de su obra, de algún libro, para ir corriendo a mostrarle a un amigo a fin de quitarle un poco la tristeza. “Hay algo solemne y formal en lo suyo: cierto mármol sin pulir que pesa y no brilla”, ha escrito alguien.

El español Francisco Umbral, quien murió sin Nobel, escribió en 1995: “Vargas Llosa, Mario. Perú. Entra en este diccionario porque hoy es español. Faulkneriano en su primera novela, incomprensible en la segunda, realista aburrido y numeroso en las siguientes, lo que tiene Mario Vargas Llosa es una gran pluma de ensayista: ver sus trabajos sobre García Márquez, Flaubert, Joanot Martorell, etc. Gran glosador de la literatura, inteligencia urgente y lúcida. Un ensayista perdido en la novela, en fin, como tantos. No paga impuestos a su rival y vencedor político, Fujimori, es académico de la Española, llega tarde a los almuerzos y gusta mucho a las mujeres”.

Puede ser que algunos de sus últimos libros provoquen grandes bostezos, puede ser que él no sea estilista como el genio Francisco de Quevedo; pero a pura insistencia, disciplina y trabajo se ha convertido en el paladín de la novela de estos tiempos.

Lo que dijo Umbral es casi nada ahora que Vargas Llosa ha entrado a la vitrina de los grandes genios de la Literatura, donde no está Jorge Luis Borges, por ejemplo. No hay ningún ápice de injusticia que el Nobel le pertenezca al hombre de los dientes enormes que hoy tiene al mundo cultural con la atención concentrada en él.

Sin embargo, pese a todas la celebraciones y elogios al escritor hay pocos que dicen con razones no gustarle los libros de Vargas Llosa. “Nunca pondría a Mario Vargas Llosa en la reluciente familia de los estilistas de la prosa; él sería el primo lejano que se aparece en la fiesta del estilo y a quien, cuando empiece a bailar, se le cae la gracia”. Lo dijo el brillante prosista Víctor Hurtado Oviedo, un lector sin treguas, que anda diciendo siempre la verdad.

Ocurre que Hurtado, sin fama pero con prestigio, visita otras comarcas: Valle-Inclán, Eugenio d’Ors, González Ruano, Francisco Umbral, Raúl del Pozo, quienes con una frase pueden explicar toda una teoría mientras que los otros necesitarían cien páginas sólo para la introducción.

Grande
No hay duda en que Vargas Llosa es grande entre los grandes, y que “Conversación en la catedral” puede ser la cima de su talento; pero no todo lo suyo es memorable y hasta podría decirse, por lo tanto que ha escrito, que la mayoría de sus libros no iguala esa vena poderosa y vital de “Conversación…”.

Nada malo, sin embargo, puede traernos el Nobel a Vargas Llosa; al contrario. Pero tampoco hagamos de esto el festejo oportunista, banal y con cálculo político que pretende hacer el presidente García, quien le impidió a Vargas Llosa ser presidente de la República, además quien hace poco defendió hasta el final la amnistía encubierta del decreto legislativo 1097 por el cual renunció el escritor al Lugar de la Memoria.

La fiesta de Mario está abierta a todos y está muy bien asomarse para aplaudir porque era hora ya que premiaran al escritor más consecuente y disciplinado que hayan tenido estas comarcas.

Es posible que Vargas Llosa aún no asimile ganar el Nobel; porque estaba ya acostumbrado a decir que no importa un premio así, a Joyce tampoco le dieron, que a Borges tampoco. Pero le tocó a Vargas Llosa; y está muy bien.

“Creía que ya no era candidato. La sorpresa ha sido total, tanto que esta mañana pensé que podía ser una broma (…) Me da un poco de vergüenza recibir el Nobel que no llegó a recibir Borges”, dijo Vargas Llosa, a quien en Arequipa le harán un monumento.


Paco Moreno
Redacción
pmoreno@diariolaprimeraperu.com

Diario La Primera

Diario La Primera

La Primera Digital
Diario La Primera comparte 119376 artículos. Únete a nosotros y comparte el tuyo.