La pildorita tampoco

El Tribunal Constitucional alza la voz y ordena: “está prohibida la entrega de la llamada píldora del día siguiente en los establecimientos estatales de salud”; pero sí permite que las vendan todos los establecimientos particulares, lo cual, es una forma de discriminación contra la mujer pobre. De esta forma se alborotan las sotanas y empieza una curiosa fiesta.

| 24 octubre 2009 12:10 AM | Cajón desastre | 689 Lecturas
La pildorita tampoco
El pleno del Congreso espera el debate sobre la despenalización.
El tribunal entra en el debate sobre la vida y la muerte de los neonatos. Cipriani se alegra, Rey festeja.

Más datos

El Ministerio de Salud dice que la píldora puede usarse si una mujer ha sido violada, si se ha retrasado más de dos semanas en recibir su anticonceptivo inyectable, o si ha tenido un coito sin usar ningún otro método de planificación familiar.

DETALLE

El fallo del tribunal tiene su origen en una acción de amparo planteada ante el Poder Judicial contra el Ministerio de Salud en el 2004, por la ONG Acción de Lucha Anticorrupción “Alas sin componenda”, con el propósito de detener la distribución de la PDS en las postas médicas por considerarla abortiva. El presidente de la ONG es José Luis Garrido-Lecca Portugal.
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Aplaude Juan Luis Cipriani, ante la aprobación de los dignos representantes de la iglesia católica y las otras también. Aparece la sonrisa chueca del ministro Rafael Rey. Hacen pasitos de danza ciertas ONG, muy entrenaditas por la iglesia. Creen, y es su justo derecho, que están ganando su pelea por la defensa de la vida y rezan solemnemente para que el pleno del Congreso mande al archivo la iniciativa de despenalizar el aborto en casos extremos.

Todo indica que los supuestos defensores de la vida no están mirando el bosque y se han quedado atónitos en un arbolito que no quieren soltar de vista. Eso hace daño y lleva a debates bizantinos que finalmente conducen a desacertadas conclusiones.

Cuando se habla de aborto, debe considerarse como tema principal y clave el derecho a la vida digna de la mujer, cuya vida peligra en determinado embarazo. Por ejemplo, los embarazos en que peligran la vida de las madres, los no deseados, los que son consecuencia de una violación.

A ver señores defensores de la vida del neonato, díganle a su sobrina embarazada tras una violación (que puede suceder en esta sociedad sumamente violenta), díganle: usted niña, no puede abortar, está prohibido bajo pena de cárcel; no puede tomar esa píldora maldita, porque el tribunal considera que es abortiva.

Vamos Rey, ¿tú qué le dirías a una jovencita que ha tenido la mala suerte de haberse cruzado con un “malnacido” y ha sido violada?

Está claro. Prohibir el aborto en determinadas circunstancias es atentar contra la vida y la dignidad de la mujer, quien en estos casos es la que importa principalmente. Prohibir el aborto en determinados casos es condenar a la mujer a un martirio físico y psicológico y exponerla a un aborto clandestino, que la muerte mira frotándose las manos.

Que el Congreso mande al archivo la despenalización no significará que millones de mujeres, como ocurre actualmente, dejen de abortar, ni será una de perseguir a las mujeres. Será, sin embargo, no permitir a la mujer decidir por su dignidad. El debate continúa. El pleno del Congreso espera; Cipriani y Rey celebran.

Paco Moreno
pmoreno@diariolaprimeraperu.com


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