Días de radio

El segundo gobierno del presidente García es realmente curioso. Es una democracia tan eficaz que, sin garrote ni tanques, ha convertido casi a toda la prensa en mera caja de resonancia de lo que Palacio quiere decir. La gran libertad de prensa que el gobierno pregona es casi ficticia y la prueba es que los medios salen todas las mañanas vestidos a la moda, es decir, casi todos iguales. Miren, ahí, al desubicado, que no se alinea.

| 05 setiembre 2009 12:09 AM | Cajón desastre |  942 
Días de radio
Siempre harán falta las voces de la libertad.
Aún existen voces disonantes que refrescan la frecuencia.

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Glatzer Tuesta, hombre de radio, dice que la libertad de prensa debe defenderse por convicción. “La libertad de prensa se defiende sin importar la línea política del medio comunicación. Los periodistas estamos llamados a ello ”, sostiene.
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Cuando uno prende la radio por las mañanas, la monotonía es la mejor noticia. Casi todas igualitas, los mismos personajes, el mismo tono, el mismo ángulo, el mismo tratamiento de la información; y, si uno fuese más ingenuo, hasta podría creerle al presidente García que siempre insiste en decirnos que vivimos en el país de las maravillas.

No existe ya ni siquiera esa competencia por la primicia que tan bien la practicaban RPP y CPN. Ahora, en cuanto a noticias, nadie sabe en qué compiten estas emisoras. La primera es la radio favorita de García, quien cuando quiere puede llamar a la cabina y decir “don Raúl, cómo es eso, usted está muy rojizo, qué le sucede” o increpar a uno de sus reporteros: “oiga, usted, está haciendo preguntas que sus jefes nunca harían”.

La segunda ha caído a unas manos de metal, de todo tipo, casi de toda la tabla periódica. Sin comentarios. Pero cuando uno escucha esta radio da la sensación de que uno está oyendo entrevistas previamente limadas, es decir, tan complacientes que parece que el entrevistado no sólo responde sino también prepara las preguntas.

Mas la regla tiene sus excepciones. En provincias, por ejemplo, en el sur, en el norte, el centro, hay voces dignas de libertad, programas recomendables, donde la opinión de la gente diversa sí importa; y, en Lima, hay que decirlo, también hay ejemplos. Uno de ellos es radio San Borja, emisora que cobijó a César Hildebrandt por un buen tiempo, que ahora es casa de varios programas expectorados de CPN y nuevo hogar del programa “La primera voz” de los sábados por la mañana.

En esta emisora hay un programa que ya se ha convertido en un clásico de la estación. Se trata de “No hay derecho” que va de lunes a viernes a partir de las siete de la mañana y que ayer cumplió su tercer aniversario de programación diaria. El programa es un caso muy raro en la radiodifusión peruana, por su independencia y pluralidad.

Glatzer Tuesta, el hermano de la viajera Zonalí, y director del espacio, explica: “Ocurre que el programa no tiene intereses empresariales ni políticos, porque es producido por Ideele Radio, del Instituto de Defensa Legal (IDL), una ONG que defiende los derechos humanos”, dice.

Experiencia singular la de “No hay derecho”, que casi siempre está con los temas que sí le interesan a la gente y son importantes para el país. Claro, no es un programa que busca la “pepa” y la lanza, sino que más bien promueve la opinión plural en la agenda del día y aborda temas que los otros dejan pasar, acaso adrede.

Hace poco, Glatzer hizo que el ministro de Justicia, Aurelio Pastor, admitiera, en medio del debate-entrevista, que radio La Voz de Bagua Grande fue clausura porque el gobierno aún cree que esta emisora fue la que incentivó a la violencia en la selva, cuando está claro ya, por ejemplo, que los nativos en la Estación 6, los que asesinaron salvajemente a los policías, se enteraron del desalojo en la Curva del Diablo por las ondas de RPP. “La Voz de Bagua Grande no llega hasta la estación 6”, dice Glatzer. Entonces, Glatzer le dijo a Pastor: “Señor ministro, ¿el gobierno debe cerrar RPP? Pastor quedó en el aire.

Cierto es que el gobierno tiene temor a las radios de provincias y les anda buscando pretextos para clausurarlas sin no se alinean. Ahí está el caso de radio Orión en el sur, de Cutivalú en el norte.

Glatzer señala que el gobierno no puede clausurar un medio de comunicación porque no le gustan los contenidos que publican. “¿Acaso debemos cerrar Correo por tener en sus páginas a un columnista considerado racista y que sus palabras pueden fomentar violencia? No. En una democracia debe haber un respeto irrestricto de la libertad de prensa”, puntualiza.

Paco Moreno
pmoreno@diariolaprimeraperu.com

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