Diálogo de peso

Contradiciendo aquel dicho de que los chanchos no vuelan, el legislador fujimorista Carlos Raffo quiere volar alto. Según colaboradores eficaces de este diario, el popular Mapache Gordo (Oso Panda no, porque son hermosos) visitó nada menos que al presidente García y en Palacio Gobierno antes de votarse el caso petroaudios en el Congreso.

| 17 enero 2009 12:01 AM | Cajón desastre | 708 Lecturas
Diálogo de peso
El presidente Alan García y el legislador fujimorista Carlos Raffo sí tienen tema de conversación.
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Nadie sabe de qué hablaron, pero la deducción nos ayuda: arreglos y movidas, más movidas y más arreglos; abrazos y encargos. Pero imaginemos qué pasó, apelando a la ficción, hija dilecta de la realidad.

Vemos ahí al fujimorista haciendo venias japonesas al presidente de sonrisa “colgate” que intenta darle la mano. Luego los dos, se dan cuenta de la descoordinación y se ríen.

—¿Te confundiste de presidente? —pregunta García.

—La costumbre mi presidente, la costumbre.

Los dos siguen riéndose y se miran porque han coincidido en el color de terno: azul con rayitas y en pleno verano. Se ríen, sin darse cuenta del esfuerzo que hacen los botones para sostener a los desmesurados inquilinos en los sacos.

Para el fujimorista, trepador impenitente, estar hablando con el Presidente es un gran logro. Nadie puede negar que el bufón (legisladora Rosario Sasieta, dixit) conoce bien su tema, que no es precisamente el de crear leyes y fiscalizar al poder.

Lejos ha quedado aquel Raffo bonachón de los 90 que disfrutaba mucho del rock de los ochenta y que llegó a convertirse en ponedor de discos en Studio 92, donde se divertía a forro y ganaba amistades. Pero volvamos a la conversación imaginaria de los colosos.

—Hay que hablar en clave, Raffo, que nadie está libre del chuponeo, de las grabaciones.

—No se preocupe, mi presidente. Bueno ya todo está arreglado. Mañana (el día de la votación de los informes del caso petroaudios) no creo que haya mayor problema. Todos salvados, todos felices, todos contentos, y el Abugattás triste.

—Qué linda la hiciste, gordo, esa pelea con el Tío George, esa visita al “rata”, eso de indignarte, eso de…

Hay un silencio larguísimo. Raffo no quiere hablar de sus peleas con Jorge del Castillo, quiere hablar sobre sus asuntos, los asuntos que a él le importan realmente. Ocurre que Raffo tiene un juicio pendiente que, con el paso de los días, avanza peligrosamente. En 1999, Raffo recibió de manos de Vladimiro Montesinos dinero de todos los peruanos para la campaña de rereelección de su querido presidente de entonces el chino, chino, chino y él quiere librarse del juicio.

—Presidente, no se olvide de mi asuntito.

—El juicio al ex presidente Fujimori será justo y sin ensañamiento. Le debemos mucho y nosotros somos agradecidos.

—No, presidente. Me refiero a mi asunto, al mío.

—No seas precipitado Raffo, sigamos trabajando, sigamos haciendo méritos. Las cosas caerán por su propio peso.

Raffo piensa, duda un instante. Se ríe. Se arrugan esos anteojos naturales y oscuros alrededor de sus ojos.

—Muchas gracias, presidente.

—Muchas gracias.

—Me despido.

—Buenas noches. Ah, cuidado con la venia; soy García, carajo… No te asustes, no te asustes, así soy yo; yo soy asÑ Chau, chau.

Raffo se da cuenta que García en el fondo tiene las mismas maneras dictatoriales que su anterior jefe, aunque con lecturas. Raffo lo va conociendo. Sale de Palacio y la noche es propicia para el rock. En su carro, piensa y se da cuenta que ya vuela alto.

—Rock de los ochenta, carajo —ordena y el chofer hace caso. Raffo sigue pensando. Piensa en las naranjitas que se le ocurrió como símbolo para los remanentes del fujimorismo en la campaña del 2005; piensa en aquella baladita bien gansa, medio estúpida, que alentaba el regreso del chino desde Japón en la voz de Keiko; piensa en la exitosa campaña de Keiko al Congreso; piensa en la grulla, a lo karate kid, de Santiago Fujimori; piensa en el boicot a la comisión petroaudios. “Soy bueno, carajo, soy bueno”, dice y piensa también en cómo convertirse en el mayordomo permanente de García, ahora que Fujimori está preso.

Paco Moreno
Redacción

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