Corrida maldita

La pelea de canes es una salvajada mayúscula y, por eso, ciertos “animales” la fomentan de manera clandestina. La pelea de perros (seres entrañables que mejoran la vida de las personas) es una forma auspiciar la barbarie y jalarnos a lo más bajo de la crueldad. Algo de esto puede verse en la película “Amores Perros” o “Amores Brutos” (2000), de ese bravo del cine latinoamericano que es el mexicano González Iñárritu.

| 07 noviembre 2009 12:11 AM | Cajón desastre | 1.1k Lecturas
Corrida maldita
Si el toro hablara, diría que él es mejor persona que el torero.
Mañana comienza la Feria del Señor de los Milagros con una novillada en la Plaza de Acho. Será la muerte.

Más datos

Las banderillas. Un afilado arpón para desgarrar la piel y engancharle al toro en sus tejidos internos. Sirve para debilitar al toro.

DETALLE

La corrida de toros nació en España en el siglo XII. Actualmente aún se practica en Portugal, sur de Francia y en diversos países de Hispanoamérica, como México, Colombia, el Perú, Venezuela, Ecuador, Panamá y Bolivia. Es también espectáculo de exhibición en China, Filipinas, Estados Unidos y Cuba.
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Hay millones de personas que repudian la pelea de canes y se escandalizan y hacen campañas y envían cartas a los medios y llaman a la Policía cuando ven la brutalidad de enfrentar a dos canes (hermanos de los que te saludan cuando llegas casa). Sin embargo, muchas de estas personas, se visten de hipocresía y van las tardes de fin de semana para ver (disfrutar, dicen ellos) como un valiente vestido de espejos, cual bailarín perverso, mata, en la mayoría de los casos, con alevosía y ventaja a un toro que nada le ha hecho.

Ya, ya. Dirá usted que la corrida de toros es otra cosa y que no es una maldita pelea de perros. Dirá que es una tradición y que no hay un buen fin de año si no existe una buena corrida y seguramente repetirá de paporreta eso que ciertos despistados dicen: “La tauromaquia es un arte. No ves como danza el torero, míralo bien, es un arte, es el arte de la tauromaquia, y de la vestimenta, y el público cómo disfruta. Mira la habilidad de torero para moverse ante la bestia. Mira cómo lo mata y mira cómo muestra las orejas de la bestia como símbolo de victoria”.

El torero peruano Alfonso Simpson, de 22 años de edad, que también estudia medicina, en una entrevista con Gonzalo Pajares en Perú.21, admitió que si llegara a ser padre, no le gustaría que su hijo fuese torero (buen deseo). Simpson, en la entrevista, no supo explicar, sin embargo, si es contradictorio o no que se dedicara a matar toros y que a la vez esté estudiando para salvar vidas.

Debe haber en los toreros una severa confusión entre la vida y la muerte. Es seguro que ninguno de ellos disfruta con la muerte de las personas y ¿cómo entender que levantan las manos de gloria cuando matan a un toro? Pero es un simple toro, dirá usted, y hasta puede lanzarme una broma “embiste, embiste y se convierte en bisté”. Existe una diferencia abismal entre matar a una res en un camal para el plato del día y matar a un toro en una plaza con el apoyo de miles.

¿Qué es eso? ¿Un arte? La confusión entre los toreros está también en diferenciar qué es arte en si y el supuesto arte de matar toros. ¿Cómo sueñan los toreros jóvenes? ¿Acaso de niños dicen: cuando sea grande seré un gran matador de toros? Los toreros jóvenes no dicen “vamos al tono” si no “vamos al Yawar Fiesta”.

Como en todo, hay mucho de ego en esta cruel actividad. Seguramente los toreros se la creen que son mejores, más fuertes, más ágiles, mejor vestidos que los toros, puede ser; pero si los toros hablaran seguramente dirán que son mejores personas que ellos.

Paco Moreno
pmoreno@diariolaprimeraperu.com


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