Cajón desastre

Con mayor fuerza, desde hace dos semanas, los fascistas, los que no creen en los derechos humanos, los racistas, quienes creen en democracia sólo cuando están en el poder, los derechistas que se mueren por el dinero del otro, esa gente de Bánzer, Barrientos (símiles de Pinochet), quieren tumbarse al gobierno democrático de Evo Morales que hace poco fue ratificado por una aplastante mayoría en un referendo. En Pando, Beni, Santa Cruz, Chuquisaca y Tarija la cosa se pone dura. Hay reyertas por las calles, enfrentamientos, muertos, los golpistas avanzan con su bandera invisible de Estados Unidos en sus pechos confundidos mpor el odio y la traición.

Por Diario La Primera | 13 set 2008 |    
Cajón desastre
(1) Sectores de la derecha de Bolivia pretenden interrumpir gestión democrático de presidente Morales. (2) Presidente García y sus silencios. (3) Evo Morales en problemas. (4) Piden apoyar a Evo.

Sin embargo, existe una resistencia tenaz de los humildes que llevaron al poder al indio Morales para que les hiciera justicia y éste lo viene haciendo. Estas personas no permitirán que lo saquen a través de un golpe derechista y dan ahora la pelea. Pelean el obrero consciente, el profesor leído, el empleado trabajador, el joven que ve el futuro con optimismo, los que respetan las leyes y el voto, los demócratas de todos los colores.

Estados Unidos debe estar alegre con la revuelta, a pesar de sus embajadores expulsados. La CIA sabe que es un clima perfecto el que se está armando en Bolivia. Lo sabe y por eso lo fomenta, lo financia. Los secretos de la CIA, a veces, son tan previsibles.

En casa
El presidente Alan García, elocuente hasta la exageración, sabe mantenerse en silencio. Calla demasiado y sólo suelta lo que le conviene. Sobre el conflicto en Bolivia, nada categórico, con esa serenidad para la tribuna dijo que está en contra de toda intención separatista y más nada; mientras que otros presidentes demócratas de la región condenan y rechazan rotundamente el intento del golpe fascista contra Evo Morales. ¿Qué hubiese dicho García si un movimiento de izquierda hubiese intentado derrocar a su amigo Uribe? Nadie lo sabe. Sólo sabemos que García, que es un derechista fraterno, hubiera respaldado a su amigo.

García ha aprendido a callar y calla también cifras reales que pueden ser radiografía de su gobierno y lanza números como piedras que los especialistas, generalmente, lo rectifican.

El 2 de marzo de este año, por ejemplo, escribió en su artículo aparecido en El Comercio “El perro del hortelano contra el pobre”: “El gasto social se ha duplicado en relación al año 2005. ¿Quién dice que no se hace nada contra la pobreza?”. Asimismo, esta semana en su declaración presidencial escribió que se ha reducido la pobreza en 8% durante su gobierno. Según los especialistas, esto no es del todo cierto. El presidente lanza, dicen, cifras para recibir aplausos, que miente, que calla y engaña.

Los ministros siguen a su jefe y creen que de los números en azul vive la gente y los inventan y abruman con tantas cifras que uno le recuerda al molesto profesor de aritmética. ¿Dónde estudió Economía el ministro Valdivieso?

“Los Pulpos”
Callar es una forma de mentir y, con su cálculo político de aprista con experiencia, el presidente García no dice nada aún sobre la venta de su casa de playa en “Los Pulpos” a su amigo y ministro-secretario Antonio Chang, ni sobre la camioneta que llegó a las manos de un personaje de extraños negocios.

No dice nada tampoco sobre ese caso que lo perturba: la matanza de los penales durante su primer gobierno. “Es que ya dijo demasiado”, podrán decir algunos, pero nada ha quedado claro, los ciudadanos no sabemos qué es lo que ha pasado en realidad. El escudo de la prescripción y el tiempo no puede callar las voces que el pueblo exige oír.

Mientras tanto los ministros de García siguen creyendo que hacer política es hacerle ‘cargamontón’ a un ex presidente, descalificar a la oposición sin escucharla, y maltratar a quien se sale del cuadro neoliberal que lanzó por equivocación o con otras intenciones un proyecto de ley que defiende, de algún modo, los intereses del país. Los apristas nos enseñan que no han aprendido nada.

Por Paco Moreno

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