Una huelga sucia

Muy doloroso es vivirla, tanto como comentarla. Nos referimos al nuevo capítulo de la huelga médica, que demuestra en primer término, la pérdida absoluta de la consagración al sacerdocio de la medicina, dentro de una sociedad consumista, donde el mercado es el director omnímodo de la vida social.

| 05 junio 2014 10:06 PM | Actualidad | 1.2k Lecturas
Una huelga sucia
Una huelga insalubre
Por: Álvaro Balarezo Vallebuona
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Derechos fundamentales como la Salud y la Educación son comerciables de acuerdo a nuestra Carta Constitucional y a la pregonada y defendida “economía social de mercado” con total ausencia de control estatal, mezcla de términos antagónicos que podría compararse a una teofilia con ateísmo, honradez con asalto a mano armada, fiscalización judicial con archivamientos y veracidad con promesas electorales.

Anualmente, debe resignarse, la gran mayoría de peruanos – si, la gran mayoría – a soportar las crisis relacionadas con la falta de atención médica pública por paralizaciones, grado superior a lo acostumbrado, consistente en la falta de medicinas, turnos oportunos, cirugías postergadas al infinito, ausencia de equipos y escasez de establecimientos sanitarios, amén del desastre asistencial del medio rural.

Evidentemente, el gremio médico, mismo sindicato obrero sin ánimo peyorativo de los segundos, está en su derecho de reclamar mejores salarios, condiciones de trabajo y directa participación en todo ese infundio de la Reforma de Salud que nadie conoce ni olfatea.

Es justa su protesta por la maliciosa tercerización de servicios, que resultan más onerosos que construir hospital, postas y adquirir equipos como tomógrafos, dializadores y derivar pacientes asegurados a clínicas privadas o al SISOL, carente de acreditación. Ejemplos de esta sospechosa sistemática están regados por la república.

Es más, tenemos novísimas aseguranzas como el SIS y el Universal de Salud, creado por el anterior gobierno, sin bases matemático – actuariales, que nunca serán efectivas por sus orígenes anti técnicos y anti económicos. Estamos volando cometas dentro de una casa.

De la controversia laboral entre médicos y el gobierno, los verdaderos damnificados son los millones de peruanos que viven en real pobreza.

Las clínicas privadas, absorbidas en mayoría por las empresas aseguradoras, nos indican que la salud es un bien comercial, solo al alcance de un minúsculo grupo de la población nacional; y allí, los descuentos porcentuales ofrecidos a los asegurados, se hacen curiosamente, incrementando el valor real de las atenciones y medicinas.

Los derechos a la salud y educación tienen que ser tratados fuera de la pantomima de la economía social de mercado, si es que queremos llegar a la “gran transformación” y a gobernar inclusivamente. Todo lo demás, son cuentos chinos, alemanes o peruanos que no merecen existir.

Álvaro Balarezo Vallebuona


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Colaborador 9324 La Primera Digital

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