Qué hay detrás del Aseguramiento Universal en Salud

El Aseguramiento Universal en Salud puede consolidar una salud para pobres y otra para gente con recursos; con la proximidad de las elecciones es necesario analizar el lanzamiento de esta semana.

Por Diario La Primera | 18 jul 2010 |    
Qué hay detrás del Aseguramiento Universal en Salud

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Todo el gasto identificable de salud en el Perú es alrededor de unos 9 mil millones de soles al año. El presupuesto total del Minsa asciende para 2010 a unos 2800 millones de soles; el de EsSalud a unos 2700 millones de soles; el resto proviene directamente del bolsillo de la gente, que en su mayoría se destina a la compra de medicamentos. El mercado de medicamentos en el país es de unos 1000 millones de dólares, de los cuales casi el 70% va a las farmacias. El producto que genera mayor ingresos a las farmacias es la leche de fórmula, con unos 80 millones de soles por año.

EL SIS adeuda en la actualidad más de 100 millones de soles a establecimientos de salud de distintas regiones. La sistemática negativa del MEF a destinar recursos para la salud precariza las atenciones. Se calcula que para brindar un paquete de atenciones razonable a todos los pobres del país, se requieren al menos 5 mil millones de soles al año, pero el presupuesto del SIS no es ni la décima parte de ello.

El gobierno ha lanzado nuevamente el Aseguramiento Universal en Salud (AUS). Es oportuno recodar que la ley de AUS se promulgó en abril de 2009, pero su implementación ha sido retrasada por la negativa del Ministerio de Economía (MEF) a destinar los recursos. A pesar de ello el Minsa inició las atenciones del AUS en Huancavelica, Apurímac, Ayacucho y Ventanilla, en el Callao, pero al no contar con el financiamiento lo que ha sucedido es que la deuda del SIS a los establecimientos de salud se ha incrementado. Es decir, los hospitales, por la decisión del Minsa, han comenzado a brindar atenciones del AUS sin respaldo financiero.

Ahora el gobierno ha comprometido 78 millones de soles, que se deberán sumar a los 420 millones que tiene de presupuesto el SIS, para cubrir la nueva demanda generada en Huancavelica, Apurímac, Ayacucho y veinte distritos de Lima. Si se tiene en cuenta que el SIS con esos 420 millones brinda su paquete de atenciones (LPIS) a unos 8 millones de afiliados, y que a éstos se le estarán sumando unos 4 millones, lo que en la práctica se da es un menor financiamiento. Se incrementa la cantidad de afiliados en un 50%, pero el presupuesto sólo en un 18%. Lo que sucede es que se le está echando más agua al caldo.

Más agua al caldo
Si a ello sumamos que ya antes del AUS el financiamiento del SIS resultaba insuficiente, y que las enfermedades de alto costo no pueden ser cubiertas, podemos pensar que detrás de este lanzamiento en Lima existe una intención política para que García incorpore en su último discurso esta bandera. Por otro lado, no se podrá lograr una atención oportuna y de calidad si es que no se atacan las brechas del sistema sanitario: infraestructura insuficiente o en mal estado, falta de personal, financiamiento no sostenible, equipamiento precario, medicamentos no garantizados, deudas atrasadas. El gobierno señala que esas deficiencias se superarán porque EsSalud, las sanidades armadas y policiales y hasta las clínicas privadas brindarán atenciones en el marco del AUS. Lo que olvida decir el Minsa es que esa anhelada integración funcional se viene discutiendo y buscando hace treinta años sin que se haya podido lograr. Nada garantiza que hoy sea así sólo porque García lo afirma; la inercia de la fragmentación sanitaria es más fuerte que cualquier discurso electoral. Por otro lado, los costos de las atenciones en el Minsa no son los mismos que en EsSalud o en los privados, por lo que en lo inmediato es altamente improbable que se pueda optar entre los prestadores de salud.

Otro de los contrasentidos del lanzamiento del AUS, es que el SIS ahora deberá financiar dos paquetes de atenciones. El LPIS para los afiliados al SIS en las zonas sin AUS, y el Plan Esencial de Aseguramiento en Salud (Peas) para los afiliados en las zonas del AUS, lo que le generará complicaciones administrativas. Pero algo más grave: el LPIS brindaba atenciones a necesidades más complejas (insuficiencia renal, trasplante de riñón), mientras que el Peas privilegia la capa simple de atenciones, y en los casos más complejos sólo llega hasta el diagnóstico (cáncer de cuello uterino y de mama). Si se tiene en cuenta que el fondo para enfermedades graves (Fissal) se encuentra desfinanciado y sus funcionarios viven pasando el sombrero a las grandes empresas para obtener donaciones, es claro que no se cuenta con un norte definido.

Comprando salud
Sucede que se consolida una perspectiva limitada de la salud, al fortalecer un seguro para pobres. Ello porque para lograr afiliarse la persona tiene que demostrar ser pobre. Es decir, el Estado no reconoce el derecho a atenciones de salud por la condición de ciudadano, sino por la condición de pobreza; a ello se suma que los paquetes de atención para pobres no cubren la integralidad de la atención sino una mínima parte. Mientras, otros contarán con atenciones integrales (EsSalud en teoría debe brindarlas), y los demás que no cuentan ni con el SIS ni con EsSalud, deberán comprar su salud en el mercado. Por ello es atendible el argumento de que el AUS es un atajo hacia la privatización vía las aseguradoras, que tienen la cancha libre para operar a través de las Instituciones Administradoras de Fondos de Salud (Iafas) que la ley de AUS crea.

Lo que el país requiere es definir el modelo de acceso a salud, y eso pasa por un debate nacional, ya que las implicancias de la salud tienen incidencia en casi todos los demás sectores del país. O vamos hacia la diferenciación entre pobres y no pobres, o utilizamos el sistema de salud para igualar derechos y libertades. El argumento de las escases de recursos para la salud es un mito; el MEF giró un cheque de más de 50 millones de dólares para las vacunas de la AH1N1 en un abrir y cerrar de ojos, porque eso iba a un gran laboratorio; con ese monto se podría sin duda aminorar las 7 mil muertes de niños que no llegan al año de vida o las cientos que el frió cobra cada invierno. Es cuestión de saber hacia dónde conducir el barco y no dejarnos llevar por la inmediatez.

Alexandro Saco

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