¿Para qué realmente están las cárceles?

Las prisiones existen por dos motivos: para mantener a los criminales alejados de la sociedad, y para castigarlos con dicha reclusión por el crimen u ofensa cometidos. Pero, ¿sirven también para rehabilitarlos? ¿Qué ocurre con los reos dentro de las cárceles?

| 31 octubre 2016 08:10 PM | Actualidad | 4.1k Lecturas
¿Para qué realmente están las cárceles?
¿Para qué las cárceles?
Por: Mariana Del Rosal

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Estudios concluyen que las cárceles no ayudan a las personas que cometieron delitos a reincorporarse a la sociedad, al contrario los vuelven aún peor.
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“Acá el choro se vuelve más choro, el asesino más asesino, ¿crees que con un tallercito de teatro vas a cambiar a la gente acá?”. La frase la dice el protagonista de la serie televisiva El Marginal (una producción argentina disponible en Netflix). Esta la historia de un policía que debe entrar encubierto a una prisión, haciéndose pasar por criminal. Allí comprueba que el delito no conoce las diferencias entre el adentro y el afuera de los muros de la cárcel, y que hay criminales de ambos lados de la legalidad.

El problema de la mayoría de los sistemas penitenciarios del mundo, como ocurre en los Estados Unidos, es que en las prisiones el eje no está puesto en la rehabilitación sino en la reclusión. En ese sentido, se podría alegar que, con delincuentes presos por largas condenas, el crimen en la calle debería bajar (ya que muchos de los que estarían cometiéndolos están encerrados). Pero cuando los presos recobran finalmente su libertad, las estadísticas indican que hasta un 70% de los criminales reinciden en un transcurso no mayor al de un año. La cárcel no hace que los presos tengan miedo de volver a ella: por el contrario, los insensibiliza, los llena de rabia contenida y desconfianza hacia los demás.

Entre las razones para reincidir en el crimen sobresale el uso de drogas, que lamentablemente continúa (y hasta empeora) dentro de las cárceles. Otro factor de relevancia es el contexto familiar del preso: aquellos que provienen de familias violentas, o que tienen algún familiar directo en prisión, tienen mayores probabilidades de reincidir.

¿Y qué hace que un preso se redima? Las motivaciones principales suelen ser el tener un trabajo legítimo al salir de la cárcel, así como un lugar donde vivir y, por supuesto, una red de apoyo familiar. Las penas más efectivas para evitar la reincidencia suelen ser las de hacer trabajo social, en contraposición con las reclusiones por períodos breves.

Sistemas penitenciarios como los de Dinamarca y Noruega han demostrado su efectividad con celdas que parecen pequeños departamentos (aportan dignidad a la vida del recluso), el fomento de las visitas familiares y sus importantes programas de rehabilitación. Son clave al respecto los programas de estudio dentro de las cárceles, así como los talleres, terapia, tratamientos para superar las adicciones y un servicio de asistencia social que ayude a los presos a reconectarse con sus familias y a conseguir un medio legítimo de subsistencia cuando terminen de cumplir el tiempo que les toque pasar recluidos.

En ese sentido, si pretendemos que las cárceles funcionen como otra cosa que depósitos de criminales (y peor aún, calderos donde los peores instintos humanos entran en ebullición), el sistema penitenciario debe destinar buena parte de sus recursos a la función de rehabilitar, no solamente a castigar y recluir.

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Fuente: > Mariana Del Rosal
La Primera Digital

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Colaborador 9324 La Primera Digital