Lima vibró por Cristo Morado

Así como reza el proverbio “la fe mueve montañas”, ayer en el rostro de los miles de devotos del Señor de los Milagros, en su salida inaugural, además de ese fervor, estuvieron presentes la esperanza y la emoción en cada lágrima que se veía caer y en cada rezo y cántico que se escuchaba.

Por Diario La Primera | 07 oct 2012 |    
Lima vibró por Cristo Morado
Imagen del Cristo Morado tuvo su primer recorrido ayer.
La devoción de un pueblo estuvo presente ayer en el centro de la capital, en la primera salida del Señor de los Milagros.

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SEGURIDAD EN SALUD

La doctora Shirley Monzón, responsable de la operatividad de emergencias del Ministerio de Salud (Minsa), informó a LA PRIMERA que ayer fueron atendidas 24 urgencias de hipertensión, cefaleas y deshidratación, aunque no hubo hechos que lamentar.

Hombres y mujeres, mayores, jóvenes y niños siguieron a pie o con la mirada a la imagen, y muchos buscaron tocarlo como garantía de que un milagro anhelado ya empieza a hacerse realidad.

No hay obstáculos ni excusas para dejar de acompañar al Cristo Morado, expresó Angélica Cirineo Arredondo, una fiel devota que desde hace 25 años acompaña la procesión con sus muletas.

“Yo no pido dinero, solo quiero que el Señor me siga dando fuerza para continuar viniendo a verlo”, señaló Cirineo, para luego confesar que su Cristo de Pachacamilla la hizo volver a caminar, cuando ya estaba sentenciada a ser paralítica después de un accidente y le dio 13 años de vida más a su madre, después que la ciencia médica la desahució por un infarto cerebral.

La actividad religiosa comenzó con la salida de la imagen desde la Iglesia de Las Nazarenas sobre los hombros de los miembros de la Hermandad del Señor de los Milagros, quienes avanzaron al lado de efectivos policiales y secundados por ambulancias, y rodeados de miles de rostros, la mayoría compungidos y algunos con lágrimas.

Además de los aplausos de los devotos y el grito de los vendedores de estampitas del Cristo Morado, durante el recorrido se sumó la entonación del Himno Nacional, con una fuerza similar a la fe presente. En cada esquina el recibimiento era sorprendente, al ritmo de mariachis y música criolla.

Al llegar a la avenida Emancipación, los corredores viales del Metropolitano se convirtieron en vías exclusivas del recorrido de la procesión. La estación Tacna había sido “tomada” por el fervor de adultos mayores y personas con discapacidad. “Tal vez hemos perdido algunas facultades físicas pero nuestra fe no tiene límites”, dijeron.


Carmen López
Redacción


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