Independencia, crónica de una masacre violenta

El último viernes por la noche, nuestra capital se vio aterrorizada por un hecho sin precedentes. Un individuo totalmente desequilibrado y armado con pistolas nueve milímetros ingresó a un centro comercial del distrito y abrió fuego contra trabajadores y pasantes dejando un total de cinco fallecidos y nueve heridos.

| 24 febrero 2017 12:02 AM | Actualidad | 2.6k Lecturas
Independencia, crónica de una masacre violenta
Independencia, crónica de una masacre violenta
Por: Alan Cachay
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El preludio de la matanza

Los días que precedieron la noche del tiroteo estuvieron llenos de detalles que vistos en retrospectiva ya anunciaban la desgracia. Eduardo Romero Naupay, quien se ganaba la vida trabajando como vendedor ambulante de salchipapas en los exteriores del Centro Empresarial y Financiero de Independencia, tuvo problemas con representantes fiscales de la comuna la noche del día jueves cuando, ante la petición de los efectivos, se negó a retirarse de las inmediaciones. El incidente se tornó ciertamente álgido cuando los representantes del municipio lo amenazaron con quitarle su carro sanguchero si no abandonaba la zona. Finalmente, Romero Naupay, accedió reticentemente a irse del lugar. Testigos del hecho declararon más tarde a las autoridades policiales que la expresión del vendedor era de ira contra los fiscalizadores, resentimiento y cierto aire de locura en la mirada.

El camino de la demencia.

En algún momento de la madrugada de ese mismo jueves Romero Naupay perdió la cordura y premeditó la sanguinaria venganza que perpetraría al cabo de unas horas. La noche del día viernes, Romero Naupay cogió las armas de fuego que poseía y que guardaba en casa, una pistola Bersa de nueve milímetros y otra Pietro Beretta del mismo calibre, y se dirigió hacia el Centro Empresarial y Financiero de Independencia.

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Romero Naupay llegó al lugar de los hechos al promediar las 21:30 horas. Declarantes afirman que el individuo se detuvo un momento a mirar a su alrededor antes de sacar una de las armas, rastrillar e iniciar el tiroteo. Su primera víctima fue Martín Moreno, Gerente del Área de Fiscalización de la Municipalidad de Los Olivos. El trabajador edil recibió tres disparos: uno en la pierna, uno más en el abdomen y otro en el rostro. Moreno cayó herido de gravedad. El pánico producido por las balas provocó una turba que fue aprovechada por el criminal para perderse en medio de la multitud y huir de la escena.

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No habiendo saciado su sed de venganza y siendo todavía preso de la demencia, el asesino volvió a atacar una hora más tarde. Esta vez, en la discoteca Di Luna, abrió fuego contra el personal que no lo dejó ingresar, resultando Susan Juárez, trabajadora que se desempeñaba como agente de seguridad del centro nocturno, la primera víctima mortal de Romero Naupay luego de recibir sendos disparos en el hombro y el cuello.

El recorrido asesino de Romero Naupay no se detuvo. El sujeto se dirigió a la discoteca Zeven, otro centro nocturno ubicado a lado del primero. Esta vez los balazos cegaron la vida de César Arellano, trabajador del local que falleció tratando de proteger a una de sus compañeras. Habiendo vencido la resistencia de la seguridad del establecimiento, Romero Naupay ingresó a la discoteca y prosiguió con los disparos a diestra y siniestra dejando varios heridos en este escenario. La pistola Bersa consumió todas sus municiones y el homicida tuvo que cambiar de arma. Entonces desenfundó su Beretta y continuó con la balecera. En ese momento decidió ir al restaurante Rústica donde, con paso calmado según testimonios, tiró a matar contra Gloria Mostacero, clienta de la franquicia, quien se convirtió en la tercera víctima mortal del criminal.

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Luego de salir allí se encaminó hacia la primera planta del Centro Financiero y Empresarial donde se topó con un puesto de comida rápida que deshizo a punta de balazos. Seguidamente ingresó a una agencia de cajeros automáticos donde se encontró con Nicole Muñoz, una estudiante de administración de empresas que se escondía del psicópata. No pudo huir de él y cayó muerta acribillada. Era la cuarta víctima.

Fue tras esta última ejecución que Lorenzo Machaca, miembro de la Policía Nacional que estaba de franco y que disfrutaba de su tiempo libre en uno de los establecimientos del Centro Comercial, se percató de la matanza que Romero Naupay estaba perpetrando y lo enfrentó liquidándolo rápidamente. De este modo acabó con la amenaza, salvando la vida de otros pasantes que podrían haber sido víctimas del homicida si el valiente policía no lo hubiese abatido.

Con la muerte del Romero Naupay, el sanguinario recorrido llegó a su final. Las autoridades llegaron a los escenarios de los homicidios y el panorama que hallaron era desolador: un pánico indescriptible inundaba las inmediaciones y el terror en los rostros de los testigos era indescriptible. El número de víctimas mortales era cinco: Nicole Muñoz, Susan Juárez, César Arellano, Gloria Mostacero y el propio Eduardo Romero Naupay. Y la suma de heridos era nueve, siendo los casos de Franz Randolf, Fernanda Valverde, Octavia Morales, Noemi Huamanta, Mary Gavilán, Esperanza López y Gloria Valdés los de mayor gravedad; mientras que las condiciones de Silvia Sánchez y Edeth Evangelista son de menor riesgo.

La oscuridad de una mente perturbada

Tras la lamentable tragedia, las investigaciones realizadas por especialistas en psiquiatría concluyeron, con tan sólo analizar de manera somera las redes sociales de Romero Naupay, que el homicida tenía un perfil psicológico socopático y narcisista, un nivel de autoestima muy bajo y una necesidad enfermiza de reconocimiento. Las fotografías de su perfil de Facebook mostraban al asesino posando con las armas de fuego que utilizó para perpetrar su masacre como si se tratase de un pistolero a sueldo y llamándolas “sus bebés”.

El nivel de demencia de este trágico incidente ha puesto en primer plano el tema de la salud mental en el Perú. Entendidos sostienen que una evaluación sencilla habría podido detectar a tiempo la naturaleza violenta y la patología psicopática de Romero Naupay. Del mismo modo, califican de abandonado este sector de la medicina en por parte del Estado y consideran que este descuido del sistema de salud es un riesgo permanente pues recientes estudios estiman que un porcentaje significativo de la población padece algún tipo de trastorno mental y no lo trata de la manera adecuada.

Alan Cachay


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Fuente: > Alan Cachay
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Colaborador 9324 La Primera Digital