Frío y pobreza en la capital

“Ticlio Chico”, en Villa María del Triunfo, es el lugar más frío de Lima, donde por la condición de pobreza de sus pobladores, los niños se enferman continuamente de males respiratorios.

Por Diario La Primera | 25 jul 2010 |    
Frío y pobreza en la capital
Los menores son los principales afectados por el inclemente frío en la zona alta de Villa María del Triunfo.

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“Ellos trabajan en construcción civil, carpintería o seguridad. Trabajan en lo que hay”, explica Jacky Marchena, joven chimbotana de 23 años cuya pareja, por ahora, trabaja de carpintero pero está enfermo. “El sufre de gastritis y no puede comer varias cosas, pero aún así esta yendo a trabajar. Jan (su hijo de un año y cinco meses) ha estado con fiebre estos días y tengo que estar comprándole sus medicinas”, contó Jacky mientras cargaba a su pequeño cuyo rostro lloroso evidenciaba los síntomas de una enfermedad respiratoria.

Gruesas chompas y largas chalinas ayudan a soportar el inclemente invierno que este año nos ha “regalado” el registro de temperatura más bajo en la historia de la capital. Según un reporte del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi) el miércoles pasado toleramos una temperatura de 8.8º C en la zona este de Lima, frío que alarmó a los limeños, pero que se sintió con mayor crudeza en el asentamiento humano “Ciudad de Gossen”, zona del distrito de Villa María del Triunfo más conocida como “Ticlio Chico”.

LA PRIMERA llego hasta ese lugar y comprobó por qué la denominación de “Ticlio Chico”: los más de cinco mil habitantes de la zona no sólo deben soportar hasta seis grados de temperatura sino que las continúas lluvias y la extrema humedad convierten a sus precarias viviendas en “congeladoras”. Andrea, de tan solo dos años de edad, corretea, a pesar del frío, abrigada por un buzo polar por las callejuelas de las partes más altas del sector de Comité 15 de la Ciudad de Gossen y su madre, Haydé Santoyo (32), comenta que el frío es terrible.

La expresión serena de Haydé cambia cuando le preguntamos sobre la salud de su hija, ya que nos dice con preocupación que todos los días tiene que abrigar bien a la pequeña, pues de lo contrario se resfría y le da fiebre, “en estas condiciones es imposible que un menor no esté enfermo”.

La humedad también es compañera del clima friolento de ciudad de Gossen. Zabina Laguna se frota las manos y dice extrañar su tierra. “En La Libertad no hay este frío. Acá todo está nublado, la mañana parece tarde y la tarde noche. La ropa se seca hasta después de un mes y algunas veces tenemos que mandar a nuestros hijos al colegio con la ropa húmeda” declara Zabina mientras María Isabel, su pequeña de cinco años, da vueltas a su alrededor.

Mientras que Haydé volvía a su precaria casa a “protegerse” del frío, Juana Ylla (25) salió corriendo de su pequeña tienda, pues Iván, su hijo de un año y tres meses, se había escapado de su vista. “Este es el riesgo de todos los días. Los niños corren de un lado a otro y las piedras y el lodo hacen que los niños se caigan y se resbalen. Como verá, no hay un muro de contención que al menos aguante sus caídas. Hay varios niños que se han caído, se han roto hasta los huesos”, mencionó Ylla.

Los olvidados
Haydé, Juana y Zabina deploran la indeferencia total de las autoridades que “vienen acá cuando las lluvias traen abajo las casas o cuando la neumonía llega a esta zona, y lo gracioso es que los candidatos se acuerdan de Ciudad de Gossen sólo en la época electoral. Llevamos más de 13 años sin luz ni agua y no sabemos hasta cuándo estaremos asÑ Tenemos que pedirles a nuestros vecinos de abajo que nos vendan agua en baldes y que nos alquilen la luz a través de cables hasta pelados”.

El agua potable y la electrificación llegaron hasta cierta parte del Comité 15, suerte que los “privilegiados” aprovechan para cobrar a los “de arriba”, 25 soles mensuales por luz si es que la casa tiene un solo foco y 50 soles, si tiene adicionalmente una refrigeradora. Los baldes de agua se venden entre uno o dos soles, dependiendo del tamaño del recipiente. Estas mujeres reniegan de su suerte, pues para ellas estos costos son exorbitantes frente a los 200 ó 500 soles mensuales que ganan sus convivientes, quienes muchas veces trabajan de mil oficios.

Yossy Honorio
Redacción

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