¿FELICES FIESTAS PATRIAS?

Algunas reflexiones sobre las Fiestas Patrias, esa gran borrachera patriotera.

| 28 julio 2015 06:07 PM | Actualidad | 2.8k Lecturas
¿FELICES FIESTAS PATRIAS?
¿FELICES FIESTAS PATRIAS?
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28 de julio de 2015 y una vez más celebramos la “independencia” del país del yugo español. Se me vienen a la cabeza Movistar, Repsol y un servil presidente Humala al lado de Felipe VI, hace algunos días. Veamos. En 1821, el criollo José de San Martín, nacido en lo que hoy es Argentina, se trepó a un balcón limeño y nos declaró independientes “por la voluntad general de los pueblos y por la justicia de su causa que Dios defiende”. Nada más y nada menos. En 1824, en la batalla de Ayacucho, los ejércitos “patriotas” comandados por los criollos nacidos en lo que hoy llamamos Venezuela, José Antonio de Sucre y Simón Bolívar, sellaban la derrota militar definitiva del rey español. Los textos escolares callan que ambos ejércitos, el “realista” y el “patriota” estaban formados por soldados oriundos de las serranías andinas, hermanos que se mataron entre sí para beneficio de otros.

Hace ya años, y con razón, que muchos peruanos cuestionaban la letra del himno nacional. Sobre todo, porque la estrofa “Largo tiempo el peruano oprimido…” relataba como tiempo pasado el sufrimiento que muchos vivíamos cotidianamente, como el pan de cada día. Así que ahora resulta que aquella estrofa no había sido escrita por José de la Torre Ugarte y que, por tanto, gracias a alguna indescifrable decisión castrense, había que reemplazarla por la sexta estrofa, en donde un picante “Dios de Jacob” distorsiona el patriótico cebiche. Más que inclinaciones sionistas, creo que al letrista no se le ocurrió otra cosa que rimase con el “sol” con que culminaba el sexto verso, aunque si hubiese vivido en nuestros tiempos modernos hubiese seguramente escogido más bien la palabra “gol”.

Al lector mal intencionado le digo ahora desde ya que yo amo profundamente mi país y mi gente, el Perú y los peruanos. Pero tonto no soy. Provenimos de una nación gloriosa, que supo eliminar el hambre y domó perfectamente la intrépida geografía andina, pero que fue incapaz de enfrentar los arcabuces y caballos españoles. Somos hijos de la madre indígena violada por el conquistador ibérico. El Perú sigue siendo el país de “todas las sangres” del amauta José María Arguedas, aunque sigue hablando ese castellano plagado de palabras quechuas que nos diferencia de los iberos, sin tomar conciencia de que la mayoría de peruanos son andinos, con una riquísima filosofía y tradición andina, con lenguas como el quechua y el aimara, -entre otros-, además de nuestros hermanos de las zonas selváticas –las rupa-rupa y omagua del gran geógrafo Jorge Pulgar Vidal-, en un inmenso territorio que aún está esperando ser descubierto por las ciencias.

Nuestro problema es que, además de los problemas económico-financieros, sociopolíticos y demográficos –como diría cualquier intelectual de medio pelo- sufrimos de profundas divisiones entre nosotros mismos, los peruanos. Es como si la terrible orografía de nuestro país, surcado por nevados eternos, valles profundos y afiladas quebradas, altiplanos gélidos y desiertos ardientes, se hubiese trasladado al seno de nuestra población, que se halla dividida también por invisibles muros sociales, separándonos en cholos, mestizos, zambos, indios, blancos, negros, etc. El Perú es uno de los países más racistas del mundo, porque la etapa colonial dirigida por la sociedad española más ignorante, racista y oscurantista, nos ha llenado de complejos y prejuicios. No sólo despreciamos la piel más oscura, ni al que es más pobre que nosotros o ha tenido menos educación escolar, sino que aceptamos ser despreciados por las mismas razones. Nos falta creer con Felipe Pinglo Alva en que “mi sangre, aunque plebeya, también tiñe de rojo”.

¿Felices Fiestas Patrias?...El sabio italiano Antonio Raimondi había dicho que el Perú es un mendigo sentado en un banco de oro. Hoy podemos agregar que ese mendigo ha sido atacado hoy en día, además, por multitud de parásitos, microbios y otras alimañas, que viven de su sangre. Son nuestros gobernantes, presidentes, “primeras damas”, hijas de expresidentes, exministros con pasaporte estadounidense, parlamentarios, alcaldes, concejales, etc., cada uno de estos con su respectiva “corte”, todos ansiosos de vivir chupándole la sangre al Perú. Esta gentuza ha sido lo suficientemente hábil para acaparar los medios de comunicación –prensa, radio, TV- y el sistema escolar, de tal manera que han logrado envenenar la mente de la gran mayoría de peruanos. Además, cuentan con la formidable estructura militar de las fuerzas armadas, que son el principal sostén del patrioterismo más primitivo y cavernario, y cuya única función es la de combatir y masacrar a su propio pueblo, sirviendo de modernos “felipillos” a la soldadesca yanqui instalada en nuestro país –para vergüenza de todos los peruanos ante los demás hermanos latinoamericanos- so pretexto de luchar contra el narcotráfico. Claro, y yo me chupo el dedo. Ya decía con razón el periodista Hildebrandt que han aumentado los índices de embrutecimiento entre los peruanos. Así se entiende que notorios genocidas, criminales, corruptos, desfalcadores, extranjeros y traidores a la patria como Keiko Fujimori, Alan García, Alejandro Toledo, Pedro Pablo Kuczynski, etc. tengan adeptos entre las capas más humildes de peruanos. Los reclutas andinos que en el siglo XIX se masacraban entre ellos defendiendo los intereses del rey de España o de los criollos de Buenos Aires y Caracas, son los votantes de hoy en día defendiendo los bolsillos de los parásitos modernos.

¡Felices Fiestas Patrias!...¡Sí!..¿Por qué no?...Pero no olvidemos, peruanos, que ni somos libres ni somos independientes y que el “dios de Jacob” no tiene por qué meter su cuchara en este plato. Pensemos en unirnos como pueblo y como nación, aprendiendo nuestras lenguas, amando nuestras tradiciones -nuestras comidas, danzas y costumbres-, dejando de fijarnos en el color de nuestra piel y buscando el calor de nuestros corazones. Tenemos que prepararnos para cambiar nuestra situación, nosotros mismos. Esto no será posible en unas elecciones en donde haya que escoger entre excrementos, estiércol y guano. No. Los peruanos tenemos que encontrar nuestro propio camino y lo haremos, porque nuestra paciencia ya ha llegado a su fin.

¡Felices Fiestas Patrias!


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Fuente: > Artículo original
José Juan Pacheco Ramos

José Juan Pacheco Ramos

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