“El Cóndor” con nuevo rostro

El edificio El Cóndor era sinónimo de violencia y guarida de peligrosos delincuentes como el conocido “negro Canebo”. Ubicado en el corazón de La Victoria, al lado del parque El Porvenir, este edificio ha sido escenario de muchas y muy antiguas crónicas policiales. Pero esa imagen está quedando en el pasado. El tiempo de las balaceras, las persecuciones y las puertas derribadas ha quedado atrás y ahora sus habitantes pueden llevar una vida normal y hasta salir por las noches paseando con sus hijos, sin temor. Los vecinos permitieron el ingreso de LA PRIMERA para mostrar la transformación, para que se sepa que allí vive gente de bien, peruanos que trabajan para salir adelante.

| 29 julio 2012 12:07 AM | Actualidad | 6.4k Lecturas
Una nueva vida para el vecindario.

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EL CÓNDOR

El Cóndor está ubicado entre las avenidas Parinacochas, Hipólito Unanue, Lucanas y el pasaje Alfonso Ugarte, donde se ha construido un pequeño boulevard. Los más antiguos habitantes sostienen que tiene ese apelativo porque tras su construcción un ave semejante a un Cóndor se paró en el reloj ubicado en la azotea. Otros afirman que la constructora se llamaba así.
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Una de la tarde del viernes. Avanzamos con una de las unidades móviles del diario por la avenida Parinacochas hasta el cruce con el jirón Hipólito Unánue. La señora Elsa nos acompaña, no porque sea peligroso, nos dice, sino porque los vecinos están cansados de que los medios consideren a su edificio como si siguiera siendo el escondite de delincuentes en La Victoria, y, por ello, son poco afectos a visitas de la prensa.

Cuando llegamos notamos que El Cóndor es el único edificio de seis pisos pintado de color rosado, a diferencia de los demás que rodean el parque El Porvenir. Subimos por las estrechas escaleras de cemento y, aunque vemos un par de largos pasajes oscuros, lo que observamos en general es totalmente opuesto a lo que se conocía.

Las paredes están pintadas, hay luz en la mayoría de las áreas y los vecinos son amables. Solo nos piden que digamos la verdad, que el vecindario está cambiando y que no es peligroso.

La señora Jésica Flores, sus hijas, la señora Mirtha y otros vecinos nos reciben en sus departamentos del quinto piso para contarnos cómo fue posible el cambio. “Cambiamos la cara de ´El Cóndor´ por nuestros hijos, porque queremos algo mejor para ellos. Hace unos años no podíamos salir después de las seis de la tarde porque te robaban y en el día nos podía caer una bala perdida. Era muy peligroso, la Policía subía y rompía la puerta de cualquiera buscando a los ‘choros”, afirma.

Aunque hubo amenazas, lo primero que hicieron fue tapiar los pasadizos que permitían a los ladrones y “fumones” escapar hacia cualquier calle. Esto los ahuyentó y dejaron de usar al edificio como escondrijo.

Luego comenzó la vigilancia de las entradas y la cooperación con la Policía, denunciando a quienes robaban. Asimismo, mejoraron las instalaciones eléctricas, de agua y desagüe gracias a las actividades que hicieron entre los moradores del edificio.

“Eran actividades pro-fondos. La municipalidad nos dijo que si no reparábamos el sexto piso iban a declarar inhabitable el edificio, así que empezamos a refaccionar todo. Al principio nos dijeron que nos iban a apoyar pero no lo hicieron”, afirma doña Jésica.

Primero decidieron pintar el edificio y con otras actividades de recaudación de fondos reforzaron las rejas de acceso para seguir mejorando otras áreas.

“Falta colocar los fluorescentes en parte del quinto piso y resanar algunas paredes. En el sexto piso la directiva se encarga”, afirma doña Mirtha.

CUCARACHA Y CANEBO
Las historias de feroces delincuentes son harto conocidas en El Cóndor pero quién mejor que quienes las vivieron de cerca para contarnos sobre algunos personajes como “Canebo” quien, aunque parezca mentira, tiene aún algunos defensores.

“Acá había peligrosos delincuentes como ‘Cucaracha’, quien mataba y robaba como si nada. Era un negro de más de un metro ochenta que inspiraba temor. Tuvo tres ingresos al penal. Nosotros no podíamos decirle ni hacer nada. Por varios años se enfrentó a la policía a puño limpio o a balazos. La última vez que salió de Lurigancho tenía uno de los pulmones roto y estaba demasiado flaco. Hace años se mudó”, nos cuenta don Pedro, quien vive frente al edificio y es uno de los fundadores del barrio.

Doña Jesica Flores y doña Mirtha defienden al temido Juan Aguilar Chacón, más conocido como “Canebo”.

“Era buen muchacho pero las malas juntas lo llevaron por el mal camino. El vivía en Unanue y siempre venía. Se escondía acá pero era como un Robin Hood, como un Tatán. Robaba pero siempre ayudaba a los más pobres, yo lo conocí desde que tenía ocho años, es una lástima que terminara así.”


Alejandro Arteaga
Redacción

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