Crece en Lima el tráfico de terrenos

A la señora Antonieta Jiménez, el Juez del Cono Norte ya la sentenció: deberá dejar la casa en la que nació y creció, herencia de sus padres, cuya venta fue fraguada de mala fe, como fue probado ante tribunales penales, pero que la justicia civil no ha querido tomar en cuenta, reduciendo el caso a una supuesta ocupación precaria, para lo que se prepara un inminente desalojo.

| 10 agosto 2011 12:08 AM | Actualidad | 4.2k Lecturas
Crece en Lima el tráfico de terrenos
Falsificación de propiedades van en aumento y se apoderan ilegalmente de propiedades.
Mafias que se apoderan de viviendas y propiedades mediante métodos dolosos, se expanden en la ciudad y despojan a familias humildes.
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¿Pueden ocurrir cosas como éstas? Claro que sí. El Perú es hoy un territorio en el que con un poco de dinero, influencia judicial y mucha prepotencia, se pueden acumular centenares y miles de metros cuadrados urbanizables en Lima, Callao y provincias.

La señora Jiménez Castillo es solo una víctima más de un sistema perverso de falsificación de la propiedad. Con la peculiaridad de que en muchos de estos casos, y en este también, los nombres de los traficantes se repiten y las argucias son calcadas. Pero los jueces hacen como si no se dieran cuenta.

Hace unos días, en las oficinas de LA PRIMERA, ya no sólo estaba la señora Jiménez cuyo caso fue tratado en una nota anterior, sino una delegación de la Asociación de Pobladores del Programa de Vivienda Desarrollo 2000, de Ventanilla, con un padrón de 350 afiliados. Ellos son víctimas del mismo grupo “depredador urbano” cuyo rostro es el de unas señoras de La Punta, tras los cuales actúa una organización de abogados y extorsionadores.

Un caso modelo
Veamos el caso Ventanilla: se trata es de una adjudicación antigua (año 1937) de 200 hectáreas, a favor de Pedro Zunino Simoncelli, con fines de actividad agrícola, en las pampas de Ventanilla. En 1974, en pleno proceso de Reforma Agraria se estableció que sólo 35 hectáreas habían sido orientadas a la finalidad original y se ordenó la reversión de ciento cuarenta y cinco hectáreas al Estado para su readjudicación. Este es el comienzo de la Asociación que agrupa a las familias que ocuparon las tierras abandonadas por los Zunino y crearon un conjunto de vivienda de familias pobres.

Muchos años después apareció la Sucesión Zunino, volvieron para reclamar la tierra de sus ancestros obviando los nuevos derechos adquiridos por los ocupantes que construyeron una forma de vida sobre tierras adjudicadas por el Estado. Pero no lo hicieron como agricultores sino como traficantes de propiedad inmobiliaria.

Y así como le ocurrió a la señora Jiménez, se han valido otra vez de jueces para fingir una sucesión de cambios de titularidad entre la familia y sus empresas que además se dio el lujo de intentar “vender” sus propia tierras a los adjudicatarios y cobrarles la cuota inicial y las primeras primas, para luego colocarlos al borde del desalojo, sin reconocer el dinero abonado. Alguien tiene que poner coto al tráfico de terrenos y a la corrupción judicial.


Román Paredes


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