Pueblo ya los censuró

(1) La bancada oficialista no recoge el clamor popular de renovar al gabinete de Yehude Simon. (2) Simon y Cabanillas ya están desprestigiados.
Sólo la suspensión de siete nacionalistas impidió alcanzar los 61 votos reglamentarios, pero técnicamente el equipo ministerial ya recibió el repudio popular.
La merma de ocho congresistas del nacionalismo, siete expulsados por la mesa directiva y una, la accesitaria Nena Escalante, cuya incorporación impide la mayoría, inclinó finalmente las matemáticas contra la censura pedida por la oposición. “Técnicamente, el gabinete ha sido censurado”, señaló sin embargo el congresista de Alianza Parlamentaria, Víctor Andrés García Belaunde, al término de la votación, para hacer notar que, con esos votos nacionalistas, la censura hubiera sido un hecho.
Abstenciones y ausencias
Después de tres horas de debate, y cuando se hallaban 102 congresistas presentes en el hemiciclo, las mociones de censura contra Simon y Cabanillas fueron desestimadas al no alcanzar los votos exigidos por el reglamento del Congreso, es decir 61, más de la mitad del número legal de 120 parlamentarios, a pesar de contar con el apoyo de las bancadas nacionalista, Fujimorista, Bloque Popular, Unidad Nacional, Alianza Parlamentaria y algunos no agrupados.
En los resultados jugaron una nota aparte las abstenciones y ausencias de última hora, que restaron votos a la oposición y que fueron criticadas en el curso del debate, tras anunciar su abstención la bancada de Unión por el Perú (UPP), mientras el vocero de Alianza Parlamentaria, David Perry, dejó a los seis integrantes de la bancada en libertad de votar según su conciencia.
El portavoz de UPP, Aldo Estrada Choque, trató de justificar la abstención señalando que no apoyaría la censura para no contribuir a la inestabilidad que vive el país. “Nadie nos compra… la dignidad, el honor, no se venden”, exclamó cuando todavía nadie le había pedido explicaciones de su decisión.
Isaac Serna, miembro de su misma bancada, señaló que tal decisión no era un acuerdo de su partido, lamentó la actitud de Estrada y, hablando en nombre de la militancia, anunció que votaría por la censura.
Bajo la mesa
También el congresista Rolando Sousa, del Grupo Parlamentario Fujimorista, llamó la atención sobre la posición de retroceso de Estrada y señaló que esta actitud demuestra la incapacidad de cierta oposición. “Quien se excusa, se acusa”, expresó.
Su colega de bancada, Carlos Raffo, también calificó como una actitud poco valiente, además de las abstenciones, la posición de algunos parlamentarios que se declararon ausentes sorpresivamente por enfermedades u otros motivos, dejando de participar en la votación reglamentaria.
Fue el vocero nacionalista, Fredy Otárola, quien luego de señalar que para ganar votos, el partido de gobierno no sólo ha impedido a la accesitaria Nena Escalante ocupar su curul (por el suspendido José Anaya) y ha expulsado en una medida antidemocrática a siete congresistas nacionalistas, sino que también ha establecido arreglos con los grupos parlamentarios que a última hora no respaldaron la censura.
“¿Qué ha pasado entre el pleno anterior y hoy día para que cambien de opinión?”, dijo, refiriéndose a UPP y Acuerdo Nacional que anunciaron la abstención. Otárola sostuvo que estas agrupaciones tienen que explicarle al pueblo por qué cambiaron de parecer si ayer estaban convencidos de la censura y las emplazó a aclarar si habían llegado a acuerdos bajo la mesa con el aprismo.
Presencia moral
La moción contra Simon fue respaldada por 56 votos a favor, una abrumadora mayoría frente a los 32 votos en contra de la bancada aprista y 11 abstenciones, además de algunas ausencias por licencia oficial o enfermedad.
El pedido de revocatoria de la titular del Interior tuvo similares resultados pues logró 55 votos a favor, 35 en contra y 9 abstenciones.
Entre las abstenciones llamó la atención la del congresista David Waisman, así como la ausencia del aprista César Zumaeta en ambas votaciones.
Durante la votación, las curules de los congresistas nacionalistas expulsados fueron ocupadas por gigantografías con sus respectivas imágenes, como expresión de su presencia moral en el hemiciclo. El presidente del Congreso, Javier Velásquez Quesquén, furioso, ordenó al personal de seguridad retirar las fotografías, recibiendo el rechazo de los congresistas presentes.
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