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Publicado: Viernes 12 de marzo del 2010 | Hogar | Imprimir | Compartir | 100 Lecturas

El padre ausente

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Actualmente observamos muchas familias con padres presentes, pero uno o ambos padres en realidad no lo están, es decir no pasan tiempo con sus hijos, ya sea por las horas que dedican al trabajo o porque su mente está ocupada con actividades que tienen mayor prioridad que el tiempo que puedan dedicar a sus hijos.

Este tipo de padres pueden transmitir total indiferencia en sus hijos, no muestran interés en los logros del niño. Al no estar, difícilmente sabrán qué ocurre con su hijo; es decir, si su hijo tiene amigos, si va bien en la escuela, qué hace en sus ratos libres, juegos que prefiere, etc. Generalmente los dejan al cuidado de otros, olvidando su rol de padre. Por lo tanto la relación padre-hijo se va deteriorando a nivel comunicativo y afectivo.

Esta actitud, común en muchos padres en la actualidad, acarrea consecuencias en los hijos por la baja implicación emocional pudiendo ser realmente graves. La falta de apoyo emocional perjudica el desarrollo del niño en cuanto a sus habilidades sociales, su capacidad para comprender al otro, para manifestar y entender emociones, y sobre todo los valores que asume como suyos; si no hay nadie quien lo oriente, podrían estar realmente afectados. Estos déficits traen como consecuencia comportamientos desajustados e incluso antisociales, convirtiéndose en un adulto inseguro, con relaciones conflictivas, ejemplo: personalidades dependientes que exigen tiempo y cariño del resto, pueden mostrar desconfianza, suspicacia, esperando traición o abandono de los otros. Sentirnos amados, respetados y cuidados, nos ofrece seguridad y por ende, un adecuado equilibrio emocional.

Por: Paola Peláez
e-mail:
paolapevi@hotmail.com




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