Cuando un menor pierde su inocencia

Hogar | Hay un debate instalado en las redes sociales, en los medios de comunicación y en las familias que se reaviva con cada noticia sobre robos, asesinatos, secuestros u otros delitos graves cometidos por niños o adolescentes.

Cuando un menor pierde su inocencia

| 12 setiembre 2016 | 4.6k Lecturas
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Cuando un menor pierde su inocencia
Por: Mariana Del Rosal

El sistema judicial, ¿debería reformarse para responder acorde? ¿Hasta qué punto los menores de edad deben considerarse libres de responsabilidad por sus actos? ¿Sirve bajar la edad de imputabilidad para frenar el delito? ¿Qué se consigue castigando a los padres de los delincuentes? No hay una única respuesta a estos interrogantes.

Los argumentos oscilan entre aquellos que defienden a ultranza los derechos de los niños y adolescentes (y que abogan porque se los eduque, se les ofrezca la posibilidad de hacer una terapia, se acompañe y proteja a su familia para evitar reincidencia y, en el peor de los casos, se les imponga como pena algún tipo de capacitación o tarea social) y aquellos que directamente condenan al menor como si fuera un adulto (pidiendo penas cada vez mayores, argumentando que los niños que cometen actos delictivos “ya no tienen remedio”). Existen, por supuesto, posturas intermedias.

¿Quién es el responsable?

Partamos de la base de que detrás de los hechos delictivos cometidos por un menor de edad, necesariamente, hay un adulto. A veces es el padre o madre ausente de la crianza que no ha sabido inculcar determinados valores necesarios para vivir en sociedad. Por ejemplo, recientemente en Argentina se supo de una adolescente de quince años que violó las leyes de tránsito y atropelló y mató a un motociclista con la camioneta 4x4 que le había regalado su padre el día anterior (aún cuando a ella le faltan dos años para cumplir la edad legal para conducir).

Otras veces, el adulto funciona como instigador de delitos (caso de niños pequeños a los que sus hermanos mayores u otros adultos del entorno envían a robar, sabiendo que son inimputables). Por supuesto, estos niños siguen delinquiendo (y escalando en los delitos) a medida que crecen, simplemente porque es lo que aprendieron a hacer. Es lo que observan en su entorno. Bajar la edad de imputabilidad serviría, en todo caso, para que lo aprendan desde más temprano.

El rol del Estado

¿A qué edad un niño deja de ser un niño? ¿Es igualmente responsable de sus actos un adolescente de 17, uno de 12, un niño de 8 años? ¿Deberían recibir la pena correspondiente al delito cometido? En principio, el Estado debe velar porque se cumplan las leyes de protección de la infancia antes de que los niños cometan delitos. ¿Está garantizado el acceso a la educación, a la salud, a una buena alimentación, a trabajo digno para los padres? ¿Qué se está haciendo para prevenir la drogadicción entre los jóvenes, especialmente aquellos de sectores vulnerables? Sería peligroso asumir que todos los niños nacen en igualdad de condiciones y que es pura responsabilidad personal el permanecer o no en la legalidad.

Una cuestión que lejos está de ser zanjada.

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Fuente: > Mariana Del Rosal
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