Un Chato enorme

(1) Barraza se lucirá este sábado 27 en el Circolo Sportivo Italiano. Lucía de la Cruz lo acompañará. Será un encuentro de humor, guitarra y cajón. (2) Vestido del “Flaco” con su amigo el “Gordo Casareto”, que hace del “Gordo”. Con su hijo, quien también tiene sus chispa.
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Habla el hombre chiste. Recuerda a su padre, a su bisabuela negra y a sus amigos. Abrirá una sanguchería llamada “sanguchato”. "
—¿Una entrevista?
—Una conversación entre usted y yo, don Miguelito…
—Perfecto, bajen el volumen, por favor. ¡silencio!
El diligente mozo de la pizzería baja el volumen de manera discreta. Los otros clientes no se quejan, siguen en los suyo. Será porque en ninguna parte del mundo la comida sabe mejor con el fondo de una Música estridente. Es posible que el silencio combine mejor con los sabores; pero volvamos a Barraza.
Miguelito se cuadra como “Cuy Lee” para responder las preguntas suaves que este escriba no ha preparado. La idea es que se luzca con las damas. Su hija y las otras guapas señoritas lo miran admiradas porque Miguelito está respondiendo preguntas de la prensa cautivando la atención de los comensales. Bravo.
—¿A qué persona jamás le haría una broma?, ¿de quien jamás se reiría?
Me mira con sus ojos pequeños, como midiéndome. Mira arriba buscando la respuesta adecuada para quedar bien con las chicas y para que una chica de la mesa de al lado le clave sus ojos grandotes y bellos.
—Creo que a todos le haría una broma, un chiste; porque hacerlo es parte de mi vida y, además, yo nunca ofendo a nadie. Jamás tuve el temor de chocar con nadie porque mi razón de vivir es el humor.
Su auditorio femenino lo aplaude. Se escucha un “bravo papi, eres lo máximo”. La chica de la mesa de lado sonríe y lo mira casi con devoción y no le hace caso a un tipo que le dice que coma ya y que quien invita es él.
—¿Es verdad eso de fue preparada la escena de una entrevista con Jaime Bayly en la que usted casi lo moja tirándole agua con la boca haciendo el chiste de la pileta de Roma?
Hay un silencio un poquito largo. La bella de la mesa de lado está inmóvil. Sólo crecen sus ojos.
—Debo decirlo hidalgamente que él me dijo que le tirara el agua y se la tiré. Estaba arreglado.
La chica de la mesa de lado levanta las cejas y se entristece.
—Es televisión y ahí, a veces, la cosa sale mejor si está preparada —agrega con sinceridad y la hermosura de la mesa de al lado, tranquila y sonriente, vuelve a su plato.
El poeta
Barraza es un devorador de libros de literatura, de filosofía y, a veces, lee esos libros de autoayuda que andan dando vueltas por ahÑ Cuando saltó de la primaria a la secundaría, sus compañeros de clase y sus profesores le reconocían aptitudes para las letras. “Miguelito es trome”, decían. Algunos amigos suyos aseguraban que iba a convertirse en un gran escritor. Digamos que no defraudó. Obviamente no es grande de tamaño, pero se convirtió en un gran lector y, en la medida que iba leyendo más y más, saltó al escalón de la escritura.
Escribió algunos versos y canciones, algunas frases que él llama filosóficas, de esas que, según él, hacen pensar. Sin embargo, el tiempo hizo que Barraza no se dedicara a hacer pensar a la gente, sino a hacerla reir.
Hay un dato escondido. Barraza estudió casi todo el año 1968 en la Escuela de Periodismo de la Universidad Católica, algo de lo que no quiere hablar más. Ingresó en el noveno puesto pero, como ya dijimos, optó por el camino de hacer reír a través de todos los medios posibles.
—Me han contado que quiere publicar sus poemas, ¿Cómo se llamaría su poemario?
—Muy simple. “Poemas de Miguelito Barraza”. Tengo todo listo para lanzarme como escritor; por ahora estoy en espera de un editor generoso que se interese por mis escritos.
No se rinde. Para demostrarnos sus dotes de declamador y poeta intenta recordar algún verso escondido en su memoria. Hace el esfuerzo; pero de pronto dice: “Ya lo leerán en mi libro”. Está bien, cambio de hoja; pero no de libro.
Cocinero
“Mi madre hacía un cebiche de caracol con pulpo (Lo interrumpen. “¿Por favor, no ves que estoy en una entrevista?”, llama la atención). En qué estábamos. Qué rico cebiche el que hacía mi madre. Recuerdo que mi padre, cuando ella estaba cocinando, se acercaba a picar con un tenedor, a dar el veredicto y el veredicto siempre ha sido positivo. Para qué te cuento cómo salía ese cebiche de caracol, de conchas negras. Se me hace agua la boca. Mi gusto por la comida y la cocina lo llevo en la sangre, creo. Gracias a Dios, me va muy bien con mi cebichería en Lince y próximamente abriré una sanguchería que se llamará ‘Sanguchato’ que tendrá como padrino al Brad Pizza, a quien le doy de comer con mis presentaciones en Rústica. En lugar de estar gastándose la plata en mujeres que la gaste en mÑ (Ríe y envía un saludo para Brad Pizza).
El mozo de la pizzería ha llenado la mesa. Hay de todo, no falta nada; salvo comerlo. La noche está a punto de terminar y saltar a la madrugada del jueves.
—Don Miguelito lo dejamos. A comeeer, que usted mismo es.
Cuy Lee, el inolvidable
Hay un personaje inlolvidable. Barraza, que de chino no tiene nada, haciendo ademanes de capo de artes marciales, y haciendo que su rostro se acomode a su capricho, de tanto ver las películas del mito Bruce Lee y con la ayuda de sus amigos Efraín Aguilar y Guillermo “Guille”, hizo famoso a ese personaje chatito que podía sacarle la mugre a los enemigos tontos.
“Yo soy muy admirador de la vida de leyenda de Bruce Lee, era su seguidor, he visto todas sus películas porque siempre quise ser como él. Yo sé sobre su vida y sobre su muerte, porque Bruce Lee era la muerte. Cierto día me miré en el espejo, hice algunos gestos y salió y hasta ahora ‘Cuy Lee’ es un personaje querido, recordado y pedido”, dice.
—¿A quien debe agradecerle por su vena humorística?
—Primero a Dios, quien hizo a todos los que amo. La vena artística mía viene de mi padre y de mi abuelo que tenía una chispa fuera de serie, yo me moría de la risa con las cosas que él hacía. Ay, mi papi Carlos que ya está arriba. No sabes cuánto lo recuerdo cantando un tango mientras mi madrecita Julia tocaba el piano. Mi padre cantaba muy lindo y la prueba de eso es la herencia que le dejó a mi hermanita Cecilia. Te cuento que yo tenía una bisabuela llena de ritmo, sabor y vida, negra y hermosa, con un cuerpazo que seguramente volvió loco a mi bisabuelo y esa locura se la pasó a mi papá y mi papá me la pasó a mÑ
—¿Qué recuerdos de su padre le vienen ahora?
—Todos los recuerdos del mundo. Mi padre era lo máximo. Nos enseñó, a mí y mis hermanos, el amor al prójimo, el amor a la verdad como elemento fundamental en la vida. Los padres siempre te dejan ejemplos, siempre te dan algo. Te dejan lo que tú dejarás a tus hijos. Por eso a mis hijos he tratado y trato de ensañarles lo mejor de mÑ No soy bueno, ni malo, pero tengo que decir que mi vida está llena de amistades. Eso se lo debo a las enseñanzas de mis padres. Mi padrecito está arriba ya y debe estar escuchándonos ahora y por eso le mando un enorme cariño por todas las cosas lindas que nos ha enseñado.
Barraza quiere seguir en la nostalgia y eso no está bien porque nadie quiere ver a un humorista triste. Sus seguidores lo quieren siempre feliz, digamos. Así que pasemos a otro tema.
Paco Moreno
Redacción
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- Chica de mi barrio (642 lecturas)Tags: barraza, quiere, siempre, miguelito, hablar, arriba, cebiche, haciendo, personaje, pizzeria,
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