Otro fiel de Dios
El músico William Luna confiesa que después de mucho tiempo de dudas es ahora un militante del cristianismo."

—¿Usted es el periodista?
—Así dicen.
Sonríe y me abre la puerta de su departamento en un primer piso de un edifico de cinco. Para esta sala la Navidad aún no ha pasado. Están aún el arbolito vestido y algunos adornos, y hay una rara sensación de soledad. “Disculpa, es que estoy viviendo solo por unos días. Mi esposa es la que lleva las riendas de la casa y todo sigue igual como ella lo dejó. Por eso, almuerzo fuera, compro la cena y todo”, dice. “Siéntate”.
—Gracias —digo y justo cuando quiero lanzarle LA PRIMERA pregunta sueña su Nextel.
—Un ratito —dice.
—Está bien.
“¿Hijo? ¿Dime? Qué bien. Yo también tengo cosas buenas que contarte. Qué bueno, hijo. Te quiero mucho, te quiero mucho, hijo. Está bien, te llamo luego, te quiero mucho. Estoy ahora en una entrevista”.
Mientras habla por Nextel con su hijo, me acercó a una foto que me sorprende desde la pared. Un ex presidente que quiere repetir el plato canta con él. Termina de hablar por el Nextel. “Disculpa, es mi Sebastián. Él está ahora en España, en el ejército de ese país. No sabes cómo lo extraño, hombre; pero siempre nos comunicamos”.
—No se preocupe, ¿y esta foto?
—Con el ex presidente Toledo. Me la tomaron hace mucho tiempo, en Chincheros, durante la campaña, creo. Recuerdo que ese día casi nos electrocutamos. En el escenario había un cable pelado y pudimos morir Toledo, su esposa Eliane y yo. Nos salvamos.
—Uy.
Hay muchas fotos en la pared: William Luna en la Plaza de Armas del Cusco cantándole al viento; William Luna arrullando a una guitarra; arrullando a su familia; abrazando a Alejandrina Acurio, su abuelita de 102 años de edad (bueno es la abuelita de su esposa); William Luna mirando como poeta; pensado como poeta; William Luna como mirando al cielo, como si estuviese arrepentido, como si pidiera perdón.
—Mira, este es mi hijo Sebastián. Está grande. Te cuento que era mi segunda guitarra y cantaba conmigo con su dejo español. Ha crecido allá. En algunos conciertos, me gritaban: suegro.
—¿Valia es su mamá?
—No. Sebastián es el resultado bello de un compromiso anterior. Ah, te cuento que con Valia esperamos a Nazarena, mi hijita que está a punto de nacer, y tenemos, claro, a Valentín y Galileo —dice y me señala una foto y veo en sus ojos de este hombre una felicidad del tamaño de la catedral del Cusco.
De espía a cordero
Desde que entré en esta sala, me pareció raro ver una Biblia en la mesa; ahora veo otra en un estante, y creo que hay otra más allá. Entonces pienso que aquello es verdad, que William Luna, después tanto tiempo de hacer de agnóstico militante, de espía incrédulo que ingresaba sin ser llamado a las iglesias cristianas a veces para sólo para burlarse de los creyentes, después de tanta duda sobre tantas cosas celestiales, al fin, parece, ha sido vencido por aquel poder infinito del Dios del que hablan. Digamos, que Dios lo ha llamado a su grupo, como ha hecho con tantos famosos como él, como el bolerista Iván Cruz, al baladista José Luis Rodríguez “El Puma”, los salseros Bobby Cruz, Richie Rey y Willy Rivera; los futbolistas César Cueto y Eugenio La Rosa; también a la bella Gisela Valcárcel, a los exitosos empresarios hermanos Añaños y tantos otros más, que por dudar de la existencia de Dios han terminado creyendo profundamente en él. Gabriel García Márquez aconseja: “Si no crees en Dios, al menos, cree en las supersticiones”.
Dios en la vida de William Luna o William Luna en la vida de Dios es muy comprensible; pues este músico admirable, desde muy pequeño, estuvo muy cerca al cristianismo. Antes que lo pasarán al Colegio Nacional de Ciencias del Cusco después de la separación de sus padres, estudió en unos tremendos colegios particulares administrados por sacerdotes salesianos y franciscanos. Tuvo suerte, no pasó hambre. Siempre estuvo cerca de Dios, incluso cuando con pantalones cortos corría tras el balón con el sueño de convertirse en el mejor diez que haya tenido el club de sus amores: Cienciano del Cusco. Pero hay que decirlo todo y mejor es que él mismo lo diga: “Es verdad, yo renegaba mucho de Dios y, a veces, no creía en él como cuando era niño, y es verdad también que entraba como espía a las iglesias donde supuestamente estaban los creyentes con el sólo hecho de refutarles para que no creyeran en Dios, sino que dudaran de él como yo lo hacía; pero eso acabó, hace cuatro meses, soy otro; estoy entregado al Señor y mi vida desde entonces cambió para siempre, terminaron para mí esas depresiones espantosas que me postraban en la cama, terminaron para mí las preocupaciones y hasta el miedo terrible de viajar en avión. No te miento, yo le tenía un miedo terrible a viajar en avión y por mi trabajo debía hacerlo. Cierto día, cuando regresaba de Toronto, nos dijeron que el sistema eléctrico estaba fallando. No te miento, hermano, me puse a llorar y pensé en Valia y en Sebastián, en Valentín y Galileo, pensé que iba a morirme. Ahora no, estoy tranquilo, porque sé que Dios cuida a mi familia. Hasta se ha acabado mi terrible miedo a la muerte, porque tengo la esperanza de que hay otra vida más que ésta”, dice.
Como para molestarlo le recuerdo que en una entrevista él enfatizó que la vida es una sola y que es ésta. “Eso fue antes, hermano”, dice. Se queda callado y siento que tiene todas las respuestas. Lo veo contento, con ganas de seguir contándome su descubrimiento de Dios, pero dice: Gracias.
—¿Por qué?
—Porque no me has preguntado lo mismo que todos me preguntan: ¿En quién se inspiró para escribir Niñachay?
—Es que aún no termina la entrevista (Sonríe) Supongo que en Valia, ¿no?
—No. Niñachay (“niña mía” o como me dijeron hace poco “niña tú”) es un amor de niño (warma cuyay). La escribí en Chile en el 2000. Es la historia de ese primer amor que te sigue siempre y para todos lados. Ese amor precioso que lo guardamos en no sé dónde. Te cuento que una vez en un programa de radio, cuando estaba al aire, ella llamó para felicitarme por la canción sin saber que ella la había inspirado. Fue genial.
Perdón, Tongo
—Bueno, ¿es verdad que usted en el Cusco aprendió el inglés a los once años de edad y antes que el quechua?
—A mí me prohibían hablar el quechua. Yo nací y crecí en el Cusco de los señorones que le decían a sus hijos: no hables quechua, que te van a decir que eres cholo. Es una pena porque me perdí el aprender de niño ese idioma precioso. El quechua suena bello y más bello aún cuando lo hablan los niños. Yo crecí en ese Cusco cosmopolita donde los cusqueños económicamente acomodados quieren parecerse a los turistas gringos que llegaban por montones.
—Ya, pero ese mundo te permitió nutrirte, por ejemplo, de una serie de géneros de Música como la balada, el pop, el jazz.
—Yo escuchaba todo. Creo que la Música es una sola. Hay belleza musical en todos los géneros, en todos.
—¿Hasta en lo que hace Tongo?
—No me gustaría hablar mal de él. Ahora lo respeto mucho por lo que ha logrado con sus hijos. Es una maravilla que tenga hijos tan bien encaminados y que sean muy sobresalientes y en universidades públicas. Yo antes me burlé de él, y ahora quisiera pedirle perdón. Ahora lo respeto.
Tiene su jale
—Hice una pequeña encuesta entre amigas que no necesariamente siguen la Música andina. La pregunta fue simple: ¿Te gusta William Luna? Las respuestas coincidieron.
—¿Qué dijeron?
—Hay tres canciones tuyas que les gusta mucho: “Linda mi Cholita”, “Niñachay” y “Vienes y te vas”. Esto es normal, digamos. Pero lo curioso es que cuando una chica oye tu nombre suspira y dice: “William Luna es lindo…” y otras cosas que no dicen, por ejemplo, ni de Christian Meier.
—(Sonríe y se sonroja un poco). Sólo puedo decir que siempre he tenido mucha empatía con las chicas. El respeto y el bueno trato son las bases. Ellas son mi público, digamos. No puedo quejarme. Siento que mi Música crece con el tiempo. Agradezco por eso a esa gente maravillosa que me sigue incondicionalmente y me motiva para seguir creando”.
Este músico, del signo Sagitario, que gusta cada día más y que saca del cuadro a los estudios de la Música andina porque no saben dónde ubicarlo, tiene la virtud de la paciencia; es decir, no escribe todo lo que se le ocurre ni graba todo lo que canta. Espera con paciencia de monje y ya nos sorprenderá con algo tan bueno como Niñachay.
Una carrera incesante
De adolescente integró “Palestra”, grupo de ayuda social católica-cristiana. A los 15 años de edad cantó en la Iglesia de los Jesuitas. Quiso ser sacerdote, vocación que dejó cuando ingresó a la Universidad San Antonio de Abad para estudiar Agronomía, Zootecnia y Biología. Dejó estas carreras para dedicarse a tiempo completo a la Escuela Superior de Música Leandro Alviña Miranda de Cusco. Desde entonces integró como vocalista los grupos “Flash” (a los 14 años), “Foxscream” (a los 17 años), “Los amigos de Francisco” (a los 18), “Los Vagos” (a los 20), “La Vieja Banda” (a los 21), “La Nueva Banda” (a los 23). Desde los 25, continúa su carrera como solista. En 1999, viajó a Santiago de Chile para forjarse como baladista; tuvo éxito con Niñachay y Vienes y te vas. Lo llamó su tierra para regalarle su aplauso. Tiene decenas de canciones: Nuestra promesa, Qosqollay, El vuelo del Kilincho, Garúa, Mantaro, Milagro, Puno querido, Full Mercedes Benz, El gato gris.
Ya no escucho radio
—Lo escuché cantar “Salvapantallas” de Jorge Drexler, en “Sonidos del Mundo” de Mabela Martínez.
—Jorge es inmenso. Ya quisiera ser tan bueno como él.
—¿Por qué cree que esa Música no es difundida en la radio?
—Es que todo es dinero ahora, y las radios nos hacen escuchar a los que pagan, pensando siempre en el dinero y en cuanta cerveza puede hacer vender con una canción. No piensan en la Música, en el arte. Por eso, ya no escucho radio y casi no veo televisión. No nos dejan elegir. No es justo, subimos a una combi y nos hacen escuchar una canción que no necesariamente nos gusta a todos. La combi o el ómnibus deben viajar en silencio.
—Me contaron que prepara un súper concierto “Influencias y Composiciones”
—Quiero hacer en mayo uno distinto a los que ya hice. Me gusta hacer cosas nuevas. Supongo que el arte es eso. Creo que yo fui el primero de los cantantes que hacemos Música andina, digamos, que tocó y grabó con la Orquesta Sinfónica. Ahora quiero hacer un concierto donde pueda cantar una balada, un rock, un bolero. Todos los géneros. Ya veremos.
Paco Moreno
Redacción
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Tags: dios, musica, william, ahora, luna, cusco, todo, mucho, siempre, dice,
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