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Publicado: Viernes 04 de marzo del 2011 | Gente como uno | Imprimir | Compartir | 778 Lecturas

Los muertos también hablan



El antropólogo forense José Pablo Baraybar sigue esta sentencia: “Hay que endurecer los corazones sin perder la ternura jamás”, y reconstruye la vida a partir de los huesos de hombres y mujeres, víctimas de violadores de derechos humanos.

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Forenses en busca de la verdad. La objetividad es la clave del trabajo.


Es rara profesión la de José Pablo Baraybar. Es antropólogo forense ¿De qué trata eso? A ver. Un médico forense es quien examina un cadáver de carne y hueso, a veces, con ropa y todo, para determinar cómo murió aquel infortunado.

Sin embargo, el antropólogo forense no tiene el privilegio de tener entre sus manos un cadáver. Casi no tiene nada, solo los huesos. A veces solo cuenta con pedazos o astillas de huesos, algunos retazos de su ropa, que el tiempo aún no pudo desaparecerlo. Cuenta con un cráneo o fémur o una costilla, y gracias a los cuales debe determinar cómo pudo haber muerto, cuál es la causa más probable de muerte del que dejó apenas rastros de su vida.

José Pablo Baraybar es también arqueólogo y eso le permite ir más allá. Él no solo determina la causa más probable de muerte mediante el estudio de los huesos sino reconstruye el contexto en el cual vivió ese hombre y cuenta cómo pudo haber sido él en la vida y por qué alguien terminó con sus días.

Su trabajo es saber cómo era el hombre o la mujer en el momento de la desaparición, que vestía, si llevaba o no un diente de oro o un hueso roto, algo. Dar con la edad, sexo, estatura, la raza; si murió de un golpe o un disparo, en fin.

Hay algo más. Baraybar no sigue cualquier caso. Es especialista en desentrañar las causas de la muerte de las víctimas de los violadores de los derechos humanos. Es un hombre sensible que se indigna ante la injusticia, alguien que persigue la verdad sobre todas las cosas, alguien dedicado a su trabajo pericial con una minuciosidad científica admirable.

“Para seguir casos de derechos humanos hay que tener cierta sensibilidad, hay que conmoverse; pero jamás debe perderse, por nada del mundo, la objetividad. Debemos seguir esta sentencia, que no es mía por cierto: ‘Hay que endurecer los corazones sin perder la ternura jamás’”, dice.

—¿Es verdad eso de que de alguna forma los muertos comunican?

—De alguna forma te dicen cosas, también hablan, sus restos te van llevar a la verdad. A veces, siento que ellos me ponen ahí para descubrir la verdad; pero eso solo es una forma de motivarse en el trabajo, que suele ser arduo y debemos hacerlo con la mayor objetividad. La objetividad para nosotros es clave.

Gracias a la tía
Baraybar siempre fue un joven perseguidor de las causas justas, lector precoz. Admirador de la vida, siempre decía la verdad pasara lo que pasara, y acertaba cuando había que elegir algo. Sin embargo, en esa edad para elegir la carrera falló descomunalmente. Entró a estudiar turismo y hotelería; pero por suerte estuvo en eso apenas unos meses.

Fue su tía Beatriz, una honorable profesora de inglés de colegio público, quien lo ayudó a aceptar que su vocación es la Arqueología y que para ser un profesional en ese rubro había que ingresar a San Marcos. Así lo hizo en 1982 y desde entonces tiene una carrera brillante.

Es actualmente director ejecutivo del Equipo Peruano de Antropología Forense (EPAF), el grupo que desentrañó, entre otras cosas, la historia de la matanza de Putis, gracias a lo cual 91 restos de víctimas de esa masacre han sido devueltos a sus familiares.

“Ah, hasta la fecha la Fiscalía no formaliza denuncia contra los supuestos responsables de la masacre de Putis. Hay que recordar que la devolución de los restos a sus familiares es un acto de restitución, de reparación simbólica para los familiares que pueden cerrar así su ciclo de duelo, como para las víctimas a quienes se les restituye su condición de ciudadanos. Esa es la función de nuestro equipo”, dice.

Terminó Arqueología en San Marcos, hizo una maestría en la Universidad de Londres y está por culminar un doctorado en Ciencias en la Universidad de Estrasburgo en Francia.

Por todo el mundo
Baraybar salió de San Marcos y empezó a recorrer el mundo. Estuvo en Guatemala, en Etiopía, Congo, Sierra Leona, Filipinas y Colombia. Trabajó para las Naciones Unidas en 1995 con la Misión Civil Internacional en HaitÑ Luego ingresó como experto forense residente en la fiscalía de los Tribunales Penales Internacionales para Ruanda y la ex-Yugoslavia.

“Ahí tuve el estatus de testigo-experto en el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia participando en innumerables casos. Hace poco, una fiscal me dio la noticia de que mi trabajo sirvió para condenar a un violador de derechos humanos a más de 25 años de cárcel. Eso me parece importante porque el trabajo que hacemos se está tomando en cuenta a fin de castigar a los responsables. Ah, nosotros como equipo no cobramos un centavo a ninguna de las partes, somos muy estrictos en eso. Nuestro trabajo debe ser netamente independiente y científico para que tenga la validez que ya le están dando afuera. Nadie es profeta en su tierra, dicen. En el país no ocurre aún eso y es una pena; pero creemos que estamos abriendo camino. No es fácil ya lo sabemos, pero no podemos quedarnos con los brazos cruzados”, dice.

Retorno
Baraybar luego recorrer diversos países del mundo buscando la verdad, volvió al Perú luego de concluir en abril del 2007 el encargo de dirigir Oficina para Personas Desaparecidas y Ciencias Forenses en el Departamento de Justicia de la Misión de las Naciones Unidas en Kosovo.

Desde aquel año, Baraybar tomó las riendas del Equipo Peruano de Antropología Forense y éste ha contribuido eficazmente en la investigación de casos de desapariciones forzadas y exhumación de fosas comunes en casos como Accomarca, Putis, Cabitos, La Cantuta.

Por esta labor en mayo próximo en San Francisco (Estados Unidos), Baraybar recibirá el premio Judith Lee Stronach , por “su compromiso con los derechos humanos y su labor pionera en antropología forense como herramienta eficaz para la investigación en casos de violaciones a derechos humanos en nuestro país”.

Es un gran premio y no se lo dan a cualquiera. Los ganadores anteriores son la Fundación Myrna Mack de Guatemala, Paul Hoffman, Harold Hongju Koh, y Bureau des Avocats Internationaux, organización de derechos humanos de HaitÑ

“Recibimos el premio como un reconocimiento pero también como un compromiso con las más de 4 mil 600 fosas comunes y más de 15 mil desaparecidos cuyos familiares aún no encuentran y son aún parte de la demanda de verdad y justicia al Estado y a los gobiernos”, dice Baraybar.

La buena racha
No es que le encanta que lo reconozcan; pero Baraybar toma el premio como el inicio de una buena racha. Hace poco, casi pierde la vista por una maldita negligencia médica y enfrenta ahora un engorroso proceso judicial por ese caso; también hace unos meses, fue estafado por un tipo cuando pretendía comprar un departamento para su familia y por lo cual también sigue un juicio junto con varias víctimas como él.

—¿Cree usted que todo eso es casual?

—No quiero pensar mal; pero es muy raro. Hay algo raro en lo que me está pasando. Hace un tiempo robaron en dos ocasiones las oficinas del equipo y solo se llevaron las computadoras. Luego mi departamento y de nuevo solo la computadora.

—¿Seguro alguien quiere asustarlo?

—Supongo, pero nada detendrá que sigamos en la tarea de encontrar la verdad. No es divertido hacerlo; pero usted no puede quedarse con los brazos cruzados.

En busca de la verdad
El Equipo Peruano de Antropología Forense (EPAF), dirigido José Pablo Baraybar, se encarga de la búsqueda de desaparecidos de manera forzada durante el periodo de violencia política interna, entre los años 1,982 y 2,000.

La antropología forense ha tomado un rol protagónico en los casos de violaciones a los derechos humanos, especialmente en casos de violaciones masivas donde este tipo de prueba ha podido demostrar fehacientemente crímenes tales como la tortura y el genocidio. Empieza a desarrollarse particularmente en los Tribunales Penales Internacionales para Ruanda y la ex Yugoslavia. De ellos se derivó toda una “jurisprudencia forense” que fue aplicada en la Corte Interamericana y en el sistema penal peruano, especialmente en el caso Fujimori.


Paco Moreno
Redacción

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Tags: forense, verdad, baraybar, derechos, humanos, trabajo, casos, equipo, solo, antropologia,

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