Iván se liberó de su cruz
El cantante Iván Cruz anuncia nueva boda con la madre de sus hijos, a quien hizo sufrir tanto. Está escribiendo una novela sobre su vida al lado de Dios y el Diablo. No saben lo feliz que está porque cantará junto al bolerista, roquero y baladista José Feliciano.

Iván Cruz vive en el Monte de Dios, un edificio de siete pisos en la cuadra 29 de la avenida Colonial en el Callao. El cantante aquí es el hombre orquesta. Hace de todo y lo primero que te dice antes de que le preguntes nada es que vive más feliz que nunca por todo lo que, según él, Cristo Jesús le está otorgando como premio por su amor y fidelidad a la palabra del Señor. Gloria a Dios.
Monte de Dios es también el futuro nombre de la empresa de Iván Cruz, que pronto ingresará a ese mundo de moda que es del restaurante turístico con el nombre extraño de “El Rey de la Hueveras del Callao”. Monte de Dios ha sido construido por Iván Cruz como agradecimiento a Dios por haberlo salvado. Es además una casa de oración para los hermanos espirituales del cantante, es un palacio divino donde él, cuando está a punto de recaer en el mal, se arrodilla y dice: Te pido, Dios, que no me falte la luz, aquella luz que ilumina, que me permite en la vida seguir siendo Iván Cruz, tu hijo que no quiere alejarse de ti jamás, tu hijo que quiere estar siempre en tu camino. Gloria Dios.
Me sujeto a él
Iván Cruz tiene miedo de recaer en ese mundo infernal del que salió el 8 de enero de 2008, el punto de quiebre de este músico admirable. “Tengo miedo de recaer y por eso me aferro cada día más en Cristo Jesús. Los cristianos evangélicos rezamos a veces con la mano arriba. ¿Nos han visto? No es por gusto, nos estamos sujetando de la mano de Dios para no recaer, para no caer en las tinieblas”, explica y me mira a los ojos como queriendo transmitirme su fe, como queriendo que le crea.
Le creo porque este Iván Cruz es otro, no es el mismo que llegaba de madrugada a su casa borracho, desnudo y perdido; no es el mismo que se perdía días enteros en la droga y el alcohol con amigos que más parecían ser sus enemigos; no es el mismo que cierto año propició que su hijo menor de 11 años de edad permaneciera despierto como tres días seguidos preocupado por el paradero incierto de su padre alcoholizado; no es el mismo que hacía llorar a su esposa y a sus hijos; no es el mismo que se perdía con mujeres malas creyendo que estaba haciendo el bien; no es el mismo que celebraba delante de su familia que una bailarina dijera en un diario a toda página: Yo sé que es casado, pero igual lo amo; no es el mismo Iván Cruz que lloraba solo su desgracia y que caminaba buscando ayuda para cambiar. No es ese a quien la gente lo miraba con desprecio por lo mal como toma la vida.
Quise cambiar
“Te imaginas todo el daño que le hice a la madre de mis hijos y a mis hijos. Yo empecé a tenerlos a los 16 años de edad. Cierta fecha mi esposa y mis hijos encontraron en casa las fotografías de mis amantes desnudas. ¿Te imaginas el daño? Un alcohólico es un enfermo que enferma a toda su familia y por más que tenga fama, poder y dinero como yo lo tuve, siempre cae en desgracia. Yo fui, aunque no lo creas, poderoso desde que, a partir de 1975, mis canciones sonaban por todos lados. Lo tuve todo, y todo lo perdí por mi enfermedad. Perdí mi casa en Miami, mi Mercedes Benz, mis terrenos en Asia, todo; pero lo que más me dolía es haber perdido a mi familia. Créeme, yo era un maldito, me creía un incomprendido. Luego comprendí que yo apenas era un desgraciado, sin vida, sin paz, sin felicidad. Nunca fui a una reunión de padres de familia de ninguno de mis hijos. Quería morirme y pedía que Dios me recogiera y Dios me recogió. Mató a Iván Cruz maldito y creó a Iván Cruz bendecido. Gloria Dios”.
Ahí empezó todo
El 11 de septiembre de 1998, Iván Cruz fue atropellado por un vehículo. Quedó postrado, con la voz apagada. Pasó 10 meses sin cantar en público. Cayó en desagracia. Entonces pidió ayuda a amigos abogados, empresarios, ingenieros, doctores, a todos los que le seguían cuando tenía plata. “Nadie me dio la mano. Bueno, no digamos nadie; pero hay que cuidarse de esos de que te aplauden sólo cuando estás arriba”, dice.
“Para curarse, primero hay que saber que estamos enfermos. Yo lo supe después de mucho tiempo de haber estado en las tinieblas. Acudí a Alcohólicos Anónimos, centros de rehabilitación, por mi cuenta me internaba, iba donde chamanes, brujos, iba a las iglesias católicas y nada. Pero cierto día un adventista, quien, a veces, tomaba conmigo me dijo que debía acercarme a Dios. Lo recuerdo claramente. Fue en un bar, la noche del 7 de enero de 2000, porque yo estaba llorando por mi familia. Vivía solo y sin nada en el primer piso de mi casa, solo, solo, solo. El día siguiente, el 8 de enero, me pasó algo extraordinario. Salí en bicicleta a buscar a un amigo que era catequista en una iglesia católica y si no lo encontraba a él iba a ir donde mi amigo adventista; pero cuando estaba yendo donde el catequista, a la bicicleta se le rompió el piñón justo en la puerta de una pequeña y humilde casa de oración de unos cristianos evangélicos en la avenida Angélica Gamarra. Ahí empieza mi nueva vida, Paco”.
Soy pastor
Asistió por seis meses a la pequeña iglesia de Angélica Gamarra, y luego se abrió paso y llegó hasta aquí, a la avenida Colonial. “Este lugar no era Monte de Dios. Era cualquier cosa; pero con el trabajo y el esfuerzo pude hacerle un edificio a Dios. Dios me puso a trabajar. Me convirtió en bolerista pastor. Me llevó por todo el mundo. Fue hermoso. Viajé a Europa y empecé a amontonar los dólares para hacer este edificio”, recuerda y sentencia: “Hay que tener fe y creer y las cosas salen”.
“No se crea que yo dejé de cantar mis viejas canciones al convertirme en cristiano. En mis giras cantaba ‘Me dices que te vas’, ‘Mozo deme otra copa’, ‘Dime la verdad’, ‘Sé que me engañaste un día’, ‘Ficha Marcada’, ‘Vagabundo soy’, ‘Ajena’, ‘Yo le doy gracias a Dios”; esta última canción la escribí para Dios. Cantaba todas esa canciones y luego del espectáculo le contaba al público mi transformación y era un éxito; aunque hay gente incrédula que hasta no cree que he cambiado. Mis seguidores me gritaban: no te apartes de Dios, Iván; sigue con Dios, Iván. Yo preguntaba: ¿ustedes quieren que sea el Iván Cruz de antes? No, no, no, gritaba la gente. Me decía que yo no debía terminar como Héctor Lavoe, Julio Jaramillo, Javier Solís, Frankie Ruiz”.
Tengo ventaja
En transmitir la palabra de Dios, Iván Cruz les ha sacado ventaja a otros pastores. Iván Cruz puede entrar con su Música a lugares como una discoteca y regalar su mensaje de cambio. “Creo que Dios me ha dado esta tarea. Visitar los lugares donde supuestamente hay más gente que necesita de la palabra. Los otros pastores me dicen que Dios me eligió para hacer llegar su palabra a todo tipo de público”, dice.
Nací cantando
De madre cusqueña y padre ayacuchano, Iván Cruz nació en la Maternidad de Lima. Tuvo una niñez infausta, aunque cubierta de Música. Hasta los 6 años de edad vivió en un callejón del Cercado de Lima; hasta los 11 en el barrio Primero de Mayo en la margen izquierda del río Rímac; hasta los 16 en el Rímac y luego en el Callao. Se hizo en la esquina y en los bares. Su influencia principal es el bolero centroamericano, no el de salón del gran José Cheo Feliciano, sino del otro, José Feliciano, el del bolero pendejo de maldades, engaños, traiciones, el cebollero. Tiene una virtud. Sus canciones no pasan de moda y crece su legión de jóvenes fanáticos, aunque sus canciones apenas se escuchen ahora mientras la mayoría duerme.
“Yo nací cantando. Mi padre fue guitarrista, charanguista, violinista y cantante. Mi abuela, de parte de papá, que me crió, era cantante de yaravíes. Todos los domingos en casa, mi padre hacía llorar a la guitarra y mi abuela cantaba. Yo crecí en medio de eso, pero después en el Callao me cautivó todo lo que venía de CentroAmérica”, cuenta.
La boda como cierre
Iván Cruz está escribiendo una novela sobre su vida. Tiene ya como 200 páginas y se plantó hace unos días porque no sabía cuál debía ser el final del libro. Ahora lo sabe y será la fiesta de bodas con la mujer de su vida y la madre de sus hijos Julia Yolanda Flores. No sabe aún dónde será exactamente la boda; pero quiere que sea en una plaza gigante para que todos puedan ver que la mujer a quien hizo sufrir tanto finalmente lo ha perdonado después de nueve años de ruego. “Ella me dice loquillo y nadie sabe por qué. La boda es antes de fin de año y todos están invitados. Eso va a ser tremendo. Es posible que la novela que estoy escribiendo sea llevada también al cine. Seguramente los que vayan a ver la película saldrán llorando”, dice y canta: Yo le doy gracias a Dios, porque me hizo del pueblo, por regalarme la voz, porque me hizo cantor y ser la voz del bolero.
La despedida
Iván Cruz nos toma de la mano a la fotógrafa y a mí y dice con los ojos cerrados con una fe que conmueve: “Ante todo, te pido disculpas porque antes de iniciar esta conversación debí pedirte permiso, Dios mío. Dales sabiduría, Padre; bendícelos, Padre, así como me bendices a mÑ Gloria a Dios”.
Paco Moreno
Redacción
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Tags: dios, cruz, ivan, todo, hijos, casa, vida, solo, padre, todos,
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