Peligro, oleoducto
La petrolera Perenco planea construir un oleoducto, sin tomar en cuenta los efectos nocivos en esta zona de excepcional riqueza de fauna y flora, e ignora a nativos no contactados.

(1) Huellas que revelan la existencia de nativos en aislamiento voluntario. (2) El oleoducto atraviesa Pucacuro, señalado en amarillo en el mapa.
La transnacional anglo-francesa Perenco sigue adelante, lógicamente con la venia del gobierno, con su proyecto de construir un oleoducto para transportar el crudo del lote 67, atravesando los territorios de varias comunidades nativas de las provincias de Maynas, Loreto y Datem del Marañón de la región Loreto, donde también han sido detectados miembros de la etnia -en aislamiento voluntario- cacataibo, y el Área Reservada Pucacuro.
El oleoducto recorrerá de la ribera norte del río Curaray hasta la estación de Andoas de Perenco, con una extensión aproximada de 207 kilómetros hasta Andoas y de 31 kilómetros para el tramo Jibarito–Huayuri, según el Estudio de Impacto Ambiental de Perenco, al cual LA PRIMERA tuvo acceso.
La construcción del gasoducto de Perenco incluye la deforestación (en este caso toma el nombre de desbosque) e ingresará en la Zona Reservada Pucacuro, la cual “ha sido identificada como una de las áreas más importantes para la conservación de la biodiversidad a nivel mundial por su excepcional riqueza de especies y endemismo”.
Además de servir de hábitat a raras especies de mamíferos, aves y reptiles, en Pucacuro han sido hallados dos especies nuevas de anfibios endémicos.
Esta zona también alberga a varias especies en peligro de extinción y otras en situación vulnerable.
Todo esto será puesto en peligro con la construcción del gasoducto. En su EIA, Perenco se compromete a reducir la dimensión del área de trabajo de 25 m a 20 m, y que al momento de tirar abajo el bosque primario de Pucacuro hará “el rescate de material florístico (...) con el fin de recuperar plántulas y semillas de especies importantes” para luego utilizarlas en la rehabilitación y restauración del ecosistema.
Un elemento que no ha sido tomado en cuenta por Perenco es la presencia en la región de nativos de etnias que viven en aislamiento voluntario.
En el EIA, Perenco reconoce a 10 asentamientos de nativos en la zona de construcción del oleoducto, sin informar de las etnias a las que pertenecen y omite mencionar a la etnia cacataibo, nativos que han decidido no tener ningún tipo de contacto con la civilización, cuya existencia ha sido reconocida por entidades como Barret Resources -empresa que trabajó en esta región antes que Perenco-, Repsol-YPF, el gobierno del Ecuador, Indexa, los ministerios de energía y Minas y salud, Inrena, la Defensoría del Pueblo, Amazon Watch y Chicago Field Museum, entre otras, como informa David Hill, de Survival.
Susana Grados Díaz
Redaccón
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